Irán enfrenta en 2026 una profunda crisis económica y política, inflación récord, colapso del rial, sanciones internacionales y protestas sociales.
Irán enfrenta en 2026 una profunda crisis económica y política, inflación récord, colapso del rial, sanciones internacionales y protestas sociales.

Depresión económica y colapso de la moneda

Irán atraviesa en 2026 una depresión económica profunda y prolongada, considerada una de las más severas de su historia reciente. La economía se encuentra sometida a un conjunto de tensiones estructurales que se han agudizado en los últimos años.

Por un lado, se registra una inflación persistentemente elevada, que hacia finales de 2025 superó el 40–50 % anual. Aumentos particularmente intensos en los precios de los alimentos, que en algunos casos superaron el 70 %. Por otro lado, se produjo una depreciación drástica del rial. Alcanzó niveles récord —por encima de 1,4–1,5 millones de riales por dólar—, erosionando de manera acelerada el poder adquisitivo de los hogares y trasladando presiones inflacionarias adicionales a los precios internos.

Este contexto ha deteriorado fuertemente los ingresos reales de amplios sectores de la población, reduciendo el salario real y elevando el costo de vida de manera insostenible. En un país caracterizado por fuertes subsidios y estructuras de precios rígidas, estas dinámicas generan una presión significativa sobre la estabilidad social y política.

Sanciones y restricción externa

Las sanciones internacionales, especialmente las impuestas por Estados Unidos, han restringido severamente las exportaciones de petróleo, históricamente la principal fuente de ingresos fiscales y de divisas del país. Esta situación ha tenido efectos macroeconómicos directos:

  • Reducción de la oferta de moneda extranjera.
  • Limitación de la capacidad del Estado para financiar el gasto público.
  • Profundización de déficits fiscales y externos persistentes.

En conjunto, estos factores configuran una restricción externa severa, que reduce drásticamente el margen de maniobra de la política económica y condiciona cualquier estrategia de estabilización o desarrollo.

Desajustes macroeconómicos y políticas públicas insuficientes

Frente al deterioro económico, el gobierno ha intentado implementar medidas paliativas, como transferencias y subsidios directos. Sin embargo, estos instrumentos han resultado insuficientes en términos reales y no han logrado compensar la pérdida del poder adquisitivo ni corregir los desequilibrios estructurales de la economía iraní. La respuesta estatal aparece fragmentada y limitada frente a la magnitud de la crisis.

Impacto social y condiciones de vida

La combinación de inflación elevada, caída del salario real y deterioro del mercado laboral ha tenido un impacto social profundo, especialmente sobre los sectores populares. Entre los principales efectos se destacan:

  • Aumento de la pobreza y de la inseguridad alimentaria.
  • Pérdida sostenida del salario real frente a los precios de bienes básicos.
  • Crecimiento de la desigualdad social, con un sector privilegiado vinculado al aparato estatal y amplias capas de la población en franco deterioro.

Si bien estos fenómenos no son inusuales en economías sometidas a sanciones y con estructuras productivas cerradas, su magnitud reciente amplifica los efectos sociales y políticos. La inseguridad económica no solo es material, sino también simbólica y psicológica, alimentando el desgaste de la legitimidad institucional.

Protestas sociales y contestación política

La crisis económica ha tenido un correlato social inmediato. Desde fines de diciembre de 2025 y durante enero de 2026, Irán experimentó una amplia oleada de protestas, las más significativas desde 2022.

Las movilizaciones tuvieron como epicentro inicial el Gran Bazar de Teherán, un espacio históricamente relevante tanto en términos económicos como políticos, y luego se extendieron a múltiples ciudades y sectores sociales. Lo que comenzó como un reclamo por las condiciones de vida rápidamente adquirió un carácter político más amplio. Aparecían consignas que cuestionan el liderazgo clerical y la conducción del régimen.

La respuesta estatal ha sido predominantemente represiva, con despliegue de fuerzas de seguridad, detenciones masivas y un número significativo de víctimas fatales. Organismos de derechos humanos reportan decenas de muertos y más de mil personas arrestadas. Aunque el gobierno ha intentado abrir canales de diálogo y anunciar nuevas medidas de alivio, estas han sido percibidas como insuficientes frente a una frustración social que excede lo meramente económico.

Crisis estructural y desafío al régimen político

Desde una perspectiva de Economía Política, la situación iraní puede interpretarse como un nexo entre una crisis estructural del modelo económico y un desafío creciente a la legitimidad del régimen político.

La economía iraní arrastra problemas de larga data:

  • restricción externa crónica
  • dependencia de los hidrocarburos sin diversificación productiva significativa
  • inflación persistente
  • depreciación monetaria y desajustes fiscales, agravados por la falta de acceso al financiamiento internacional.

Estos elementos configuran una crisis que no es cíclica, sino estructural.

El deterioro de las condiciones materiales de vida se traduce en tensiones sociales acumuladas y en un cuestionamiento cada vez más abierto a la capacidad del Estado para garantizar reproducción social, estabilidad y redistribución. En este marco, la política exterior de Irán —marcada por confrontaciones regionales y la persistencia de sanciones— refuerza el cerrojo externo y limita aún más las posibilidades de implementar políticas autónomas de crecimiento y bienestar.

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