Groenlandia, es la isla más grande del mundo y territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. En estos dias, volvió a ocupar un lugar central en la agenda geopolítica internacional. Con apenas 57.000 habitantes, su relevancia no radica en su peso demográfico ni económico inmediato, sino en su posición estratégica, su valor militar y su dotación de recursos naturales críticos, en un contexto de reconfiguración del poder global.
Un territorio clave en el nuevo tablero del Ártico
El interés creciente por Groenlandia se explica por una combinación de factores estructurales:
- Ubicación estratégica: la isla se encuentra en un punto neurálgico entre Norteamérica y Europa. Con control potencial sobre rutas marítimas árticas que comienzan a abrirse como consecuencia del cambio climático y el deshielo.
- Infraestructura militar: Estados Unidos opera desde hace décadas la base de Pituffik (ex Thule), esencial para sistemas de alerta temprana, vigilancia satelital y defensa antimisiles en el hemisferio norte.
- Recursos naturales críticos: Groenlandia posee importantes reservas de tierras raras, grafito, zinc, oro y otros minerales estratégicos, insumos clave para la industria tecnológica, energética y de defensa, hoy en el centro de la competencia global.
Esta combinación explica que el interés estadounidense trascienda lo discursivo y se inscriba en una lógica de largo plazo vinculada a seguridad, tecnología y control de insumos estratégicos.
Estados Unidos: seguridad nacional y lógica de gran potencia
Entre 2025 y 2026, la administración de Donald Trump volvió a plantear abiertamente la posibilidad de adquirir Groenlandia, bajo el argumento de que se trata de un territorio clave para la “seguridad nacional” estadounidense.
Desde Washington se sostuvo que:
- Estados Unidos “necesita Groenlandia” para contrarrestar la presencia de Rusia y China en el Ártico.
- Todas las opciones están “sobre la mesa” para garantizar su control estratégico, incluso en términos de presión política o militar.
- Se iniciaron contactos diplomáticos con Dinamarca para discutir el futuro del territorio.
Este posicionamiento responde a una lógica clásica de poder: control territorial, dominio de rutas estratégicas y aseguramiento de recursos críticos frente a competidores sistémicos. Sin embargo, existen matices internos relevantes:
- No hay, hasta el momento, un proceso formal de anexión ni medidas jurídicas concretas.
- Sectores del Congreso estadounidense han advertido sobre la necesidad de respetar el derecho internacional y la soberanía danesa y groenlandesa.
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Europa y Dinamarca: soberanía, OTAN y límites al unilateralismo
La reacción europea fue rápida y coordinada. Diversos gobiernos —Francia, Alemania, España, Italia, Reino Unido y países nórdicos— coincidieron en que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir el futuro del territorio.
Desde Europa se subrayó que:
- La soberanía y la integridad territorial son principios universales.
- Cualquier intento de apropiación unilateral dentro de la OTAN podría provocar una crisis inédita en la alianza.
- La seguridad en el Ártico debe gestionarse de forma colectiva, respetando la Carta de la ONU.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, rechazó de manera categórica cualquier insinuación de transferencia de soberanía, reafirmando la capacidad de Dinamarca para defender el territorio y el derecho de autodeterminación de su población.
Groenlandia: autodeterminación y rechazo a la enajenación
Los propios groenlandeses han sido claros: la isla no está en venta. Autoridades locales y encuestas de opinión muestran un rechazo mayoritario a cualquier forma de anexión o transferencia de soberanía.
La cuestión de Groenlandia se conecta además con debates internos sobre:
- Autonomía política.
- Modelo de desarrollo.
- Explotación de recursos naturales versus preservación ambiental.
Claves geopolíticas del conflicto
- Competencia en el Ártico: Groenlandia es una pieza central en la disputa estratégica entre Estados Unidos, Rusia y China.
- Tensión dentro de la OTAN: el caso expone límites y contradicciones de una alianza basada en seguridad colectiva, pero atravesada por intereses nacionales divergentes.
- Minerales críticos y economía política global: el acceso a recursos estratégicos refuerza el carácter económico del conflicto, más allá del discurso de seguridad.
- Europa como actor político: la defensa de Groenlandia muestra una Unión Europea más consciente de su rol geopolítico y de la necesidad de marcar límites incluso a su principal aliado.
Síntesis desde la Economía Política
Desde una perspectiva de economía política —y particularmente desde una lectura estructural— el caso Groenlandia revela cómo territorios periféricos, con baja densidad poblacional pero alta dotación estratégica, se convierten en espacios de disputa entre grandes potencias en momentos de reconfiguración del orden mundial.
El conflicto no gira únicamente en torno a la seguridad, sino a la apropiación y control de recursos estratégicos, a la redefinición de esferas de influencia y al debilitamiento de consensos multilaterales. Groenlandia aparece así como un símbolo del nuevo ciclo de competencia global, donde soberanía, recursos y poder vuelven a articularse de manera explícita, incluso entre aliados históricos.




