La inflación de diciembre en Argentina marcó un 2,8 % mensual y cerró 2025 con un 31,5 % interanual, el nivel más bajo desde 2017. Aunque el Gobierno destaca la desaceleración, persisten presiones en precios clave, efectos desiguales sobre los sectores productivos y tensiones sociales por la lenta recuperación del poder adquisitivo.
La inflación de diciembre en Argentina marcó un 2,8 % mensual y cerró 2025 con un 31,5 % interanual, el nivel más bajo desde 2017. Aunque el Gobierno destaca la desaceleración, persisten presiones en precios clave, efectos desiguales sobre los sectores productivos y tensiones sociales por la lenta recuperación del poder adquisitivo.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de diciembre de 2025 fue de 2,8 % mensual, lo que llevó a que la inflación acumulada del año cerrara en 31,5 % interanual, el registro más bajo desde 2017. Este dato consolida el proceso de desaceleración inflacionaria observado a lo largo de 2025, aunque con señales persistentes de rigidez en precios clave.

Según el desglose oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC):

  • Transporte lideró los aumentos con 4,0 %, reflejando subas de combustibles y tarifas asociadas.
  • Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó 3,4 %, mostrando el peso de los precios regulados.
  • Alimentos y bebidas no alcohólicas tuvo una incidencia significativa, especialmente en productos básicos.
  • Los menores aumentos se registraron en Prendas de vestir y calzado y Educación.

En conjunto, los datos confirman una desaceleración general del nivel de precios, pero también revelan persistencias inflacionarias estructurales en rubros sensibles para el consumo popular.

Impacto macroeconómico

  • Desaceleración inflacionaria y discurso oficial

Cerrar 2025 con una inflación del 31,5 % implica una caída abrupta frente a 2024, cuando el IPC superó el 117 % interanual. El gobierno nacional presentó este resultado como uno de los principales logros de su programa económico.

El presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo destacaron públicamente que se trata de “la inflación más baja desde 2017”, atribuyéndola al ajuste fiscal, la contracción monetaria, la liberalización de precios y la apertura económica. En el discurso oficial, la desaceleración inflacionaria aparece como condición necesaria para recuperar previsibilidad macroeconómica y atraer inversiones.

  • Persistencia de presiones mensuales

Sin embargo, el dato mensual de diciembre —por encima del 2 %— indica que el proceso de desinflación no está plenamente consolidado. Los aumentos en tarifas, transporte y alimentos muestran que ciertos precios tienen una dinámica propia, menos sensible a la restricción monetaria y más ligada a estructuras de costos, regulación y expectativas.

Impacto en los sectores productivos

  • Alimentos y bebidas

Los alimentos, en particular carnes y productos esenciales, continuaron creciendo por encima del promedio general. Esto impacta de manera regresiva sobre los hogares de menores ingresos y presiona a pequeños y medianos productores, que trasladan a precios finales el aumento de insumos, logística y energía.

  • Transporte y energía

El incremento del rubro Transporte y de Vivienda-energía refleja el efecto combinado de ajustes tarifarios y mayores costos operativos. Para sectores manufactureros intensivos en energía y para las cadenas logísticas, esto erosiona competitividad y limita la recuperación productiva.

  • Servicios y precios regulados

Servicios como alquileres, educación privada y salud privada siguen aportando a la inflación, aunque a un ritmo menor que los bienes básicos. Esto confirma que la desaceleración inflacionaria no es homogénea y que persisten núcleos duros de inflación en la economía.

Efectos sobre la economía real

  • Salarios y poder adquisitivo

La baja de la inflación no implica automáticamente una mejora del ingreso real. En muchos sectores, los salarios y jubilaciones aún no compensan la pérdida acumulada de poder adquisitivo de los últimos años, lo que restringe el consumo y prolonga la fragilidad social.

  • Inversión y actividad

Una inflación menor contribuye a un entorno macroeconómico más previsible, pero la persistencia de registros mensuales elevados y la incertidumbre sobre la trayectoria futura de precios generan cautela en la inversión productiva, especialmente de largo plazo.

  • Expectativas para 2026

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA proyecta una inflación todavía superior al 2 % mensual a comienzos de 2026, con una desaceleración gradual hacia valores cercanos al 1,5 % a mitad de año. No obstante, el riesgo de rebrotes inflacionarios sigue presente.

Clima político y social

  • Gobierno

El oficialismo presenta la desaceleración inflacionaria como evidencia del éxito del programa económico y como base para una etapa de mayor estabilidad y crecimiento. En su narrativa, el orden macroeconómico precede necesariamente a la mejora social.

  • Oposición y miradas críticas

Desde sectores opositores y analistas críticos se señala que, pese a la baja interanual, la inflación mensual sigue siendo elevada y que el costo de vida continúa presionando sobre los sectores populares. La inflación en alimentos y servicios esenciales limita la percepción social de mejora y tensiona la legitimidad política del ajuste.

  • Percepción social

En la sociedad predomina una sensación ambivalente: reconocimiento de la desaceleración, pero persistente malestar por precios altos, tarifas, alquileres y dificultades para recomponer ingresos reales.

  • Desinflación relativa con rigideces estructurales: el descenso interanual es significativo, pero convive con núcleos de precios rígidos.
  • Efectos distributivos desiguales: la baja de la inflación no beneficia de igual manera a todos los sectores sociales y productivos.
  • Tensión entre estabilidad macro y legitimidad social: sin mejora tangible del empleo y los ingresos reales, la estabilidad pierde apoyo político.
  • Riesgo estructural: la sostenibilidad del proceso requiere transformaciones productivas y distributivas, no solo disciplina fiscal y monetaria.

La inflación de diciembre de 2025 (2,8 % mensual y 31,5 % anual) marca una desaceleración histórica según datos oficiales del INDEC. El gobierno la presenta como un hito de su política económica, pero el cuadro general muestra matices relevantes: persistencia de aumentos mensuales elevados, impactos sectoriales desiguales y una mejora limitada del bienestar social.

Desde una mirada de economía política, el desafío para 2026 no es solo consolidar la baja de la inflación, sino convertir la estabilidad macroeconómica en mejoras reales de empleo, ingresos y cohesión social, condición clave para la sustentabilidad política del programa económico.

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