Irán atraviesa una crisis compleja que combina colapso económico, protestas masivas, represión estatal y fuertes tensiones políticas internas y externas. El malestar social actual, iniciado a fines de diciembre de 2025, se ha convertido en el movimiento de protesta más amplio desde 2022 —e impulsado principalmente por la crisis económica, aunque con crecientes demandas políticas antigubernamentales.
Eje económico: colapso, inflación y descontento social
- Crisis económica estructural: La economía iraní se encuentra en su peor momento en décadas con una combinación de sanciones internacionales, mala gestión y devaluación de la moneda. El rial ha caído a niveles históricos (más de 1,4 millones por dólar) y la inflación alcanzó cifras superiores al 40–50 % al cierre de 2025, erosionando profundamente el poder de compra y las condiciones de vida.
- Crisis de ingresos y pobreza: Entre un 27 % y un 50 % de la población vive bajo la línea de pobreza, con alzas muy fuertes en alimentos y bienes básicos. El acceso a divisas se ha restringido enormemente por las sanciones y la caída de exportaciones petroleras, que históricamente han sido la principal fuente de ingresos del Estado.
- Mercados y protestas económicas: Las protestas estallaron inicialmente en Grand Bazaar de Teherán, extendiéndose rápidamente por distintas ciudades e involucrando tanto comerciantes como estudiantes y trabajadores. El detonante fue la indignación por la inflación, el desplome de la moneda y las dificultades para sostener negocios y empleo.
Movilización social y demandas ciudadanas
- Las protestas comenzaron a fines de diciembre de 2025 y se extendieron, convirtiéndose en las más grandes en años, con consignas que exigen no solo alivio económico sino cambios políticos más amplios e incluso cuestionamientos al régimen clerical.
- Aunque gran parte del descontento fue inicialmente económico, rápidamente se incorporaron eslóganes políticos contra la élite gobernante e incluso propuestas más amplias de transformación del sistema.
Respuesta del liderazgo iraní
- El Líder Supremo, Ayatollah Ali Khamenei, ha denunciado las protestas como obra de “vandals” (vándalos) y los ha tildado de influenciados por enemigos extranjeros, reafirmando que no se rendirá ante las exigencias de los manifestantes.
- Khamenei ha preparado un discurso nacionalista para reforzar su autoridad y ha advertido que las fuerzas de seguridad responderán con dureza a lo que califican de “acciones terroristas”, mezclando la narrativa de seguridad con la de amenaza externa.
- El presidente Masoud Pezeshkian (cuyo poder real es limitado frente a Khamenei) ha reconocido públicamente algunos problemas de gobernanza y ha promovido medidas paliativas como subsidios mensuales de muy bajo impacto para aliviar compras, aunque los economistas ven estas medidas como insuficientes frente a desequilibrios estructurales.
Posición de Estados Unidos
- El presidente Donald Trump ha condenado el uso de violencia letal contra los manifestantes y emitió advertencias claras a las autoridades iraníes, amenazando con represalias “si matan más manifestantes” y subrayando que EE. UU. observa de cerca la situación.
- El secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió la economía iraní como “muy precaria” y subrayó el impacto de las sanciones occidentales en la crisis económica y social, asociándolas directamente al deterioro de las condiciones de vida internas.
Crítica y presión internacional:
- Washington ha combinado sus advertencias con demandas de que Irán no utilice fuerza excesiva, al tiempo que condena la represión de derechos humanos.
- La administración Trump también ha mantenido presión sobre Irán en temas nucleares, aunque ha rechazado comprometer tropas en apoyo directo a los manifestantes.
Alianza estratégica con Irán:
- Irán y Rusia firmaron en enero de 2025 un Tratado de Asociación Estratégica Integral destinado a fortalecer la cooperación económica, de seguridad y regional por 20 años, con la intención explícita de mitigar el impacto de sanciones occidentales.
Rusia como socio político y militar:
- Moscú ha mantenido apoyo político a Teherán en foros internacionales y se opone a la imposición de sanciones adicionales impulsadas por Occidente, señalando que tales medidas carecen de legitimidad.
Si bien Rusia no apoya explícitamente la represión de protestas, su discurso diplomático suele centrarse en la soberanía nacional y el rechazo a intervenciones externas en los asuntos internos de países soberanos, lo que de facto alinea su discurso con el de Teherán frente a sanciones.
Posición de China
Vínculos económicos y geopolíticos:
- China sigue siendo uno de los principales compradores de petróleo iraní y uno de los pocos grandes mercados donde Irán puede exportar energéticos bajo sanciones, manteniendo el comercio bilateral pese a la presión internacional.
Apoyo diplomático frente a sanciones:
- Pekín ha criticado fuertemente el uso de mecanismos de “snapback” de sanciones de la ONU y ha defendido que las sanciones occidentales carecen de base legal, alineándose con Moscú y Teherán en foros multilaterales.
- Esto forma parte de un eje estratégico más amplio entre Irán, China y Rusia que busca contrarrestar el liderazgo occidental y ampliar cooperación en energía, infraestructura y comercio.
Escalada de represión:
- Las fuerzas de seguridad han respondido con violencia letal y arrestos masivos, incluidas ejecuciones de manifestantes violentos y amenazas de pena de muerte, lo que ha generado condenas de organizaciones internacionales de derechos humanos.
Fracaso de políticas económicas paliativas:
- Las medidas de emergencia del gobierno han sido insuficientes frente a la escala de la crisis, con subsidios extremadamente bajos y sin medidas estructurales para abordar inflación profunda o escasez de divisas.
Profundización de polarización interno:
- Las protestas muestran un rechazo amplio no solo a la crisis económica, sino también al modelo político teocrático, con algunos grupos gritando consignas antigubernamentales comparables a las de la gran ola de protestas de 2022.
En síntesis
- La crisis iraní no es solo un choque coyuntural, sino el resultado de décadas de restricción externa, dependencia energética y una estructura productiva incapaz de absorber choque de sanciones y desbalances fiscales.
- La combinación de sanciones, mala gestión interna, y prioridades geopolíticas expansivas ha profundizado el deterioro económico real y generado una brecha entre la élite gobernante y vastos sectores sociales.
- La represión social y el discurso oficial reflejan un régimen que busca cerrar filas frente a amenazas externas al tiempo que niega reformas profundas, generando un ciclo de represión, aislamiento y fragmentación social.




