Davos 2026 funcionó como un espacio donde se expresaron las jerarquías del poder económico global. Los discursos de líderes como Javier Milei y Donald Trump revelaron una convergencia entre liberalización económica y nacionalismo estratégico, reeditando el dilema centro–periferia. Desde la economía política, el Foro mostró cómo apertura, tecnología y geopolítica conviven con asimetrías estructurales que condicionan las posibilidades de desarrollo de las economías periféricas.
Davos 2026 funcionó como un espacio donde se expresaron las jerarquías del poder económico global. Los discursos de líderes como Javier Milei y Donald Trump revelaron una convergencia entre liberalización económica y nacionalismo estratégico, reeditando el dilema centro–periferia. Desde la economía política, el Foro mostró cómo apertura, tecnología y geopolítica conviven con asimetrías estructurales que condicionan las posibilidades de desarrollo de las economías periféricas.

La 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos (2026) volvió a funcionar como un espacio privilegiado de encuentro entre élites políticas, empresariales y financieras del sistema internacional. Más allá de su retórica de “diálogo”, el foro opera como una arena donde se expresan y negocian las jerarquías del poder económico global.

En este escenario, los discursos del presidente argentino Javier Milei, del presidente estadounidense Donald Trump y de otros mandatarios y referentes de derecha adquieren una relevancia particular, al articular una visión de la orden internacional basada en la liberalización económica, el nacionalismo económico y la primacía de la seguridad geopolítica.

Desde la economía política, esta convergencia discursiva puede leerse como una reformulación contemporánea del histórico dilema centro–periferia, donde las promesas de apertura, inversión y liderazgo global conviven con el riesgo de reproducir patrones de dependencia productiva, tecnológica y financiera.

Davos como escenario de poder y jerarquía internacional

Se advierte que el sistema económico internacional no es neutral ni horizontal, sino estratificado. Davos, en este sentido, puede interpretarse como un nodo donde se articulan los intereses de los Estados centrales, grandes corporaciones transnacionales y organismos financieros.

La presencia de líderes que reivindican tanto el libre mercado como el uso de herramientas de poder nacional (aranceles, sanciones, control tecnológico o territorial) muestra una tensión central del orden global actual: globalización económica con soberanías estratégicas reforzadas en el centro del sistema.

Javier Milei: liberalización y promesa de integración al “mundo desarrollado”

El discurso de Milei en Davos se apoyó en tres ejes principales:

  • Defensa del libre mercado como motor exclusivo del crecimiento.
  • Crítica al intervencionismo estatal y a los modelos “colectivistas”.
  • Presentación de Argentina como un territorio abierto y seguro para la inversión global.

Desde una lectura de la economía politica, el punto crítico no es la apertura en sí, sino la estructura productiva heterogénea de la economía argentina. La historia regional muestra que la liberalización sin políticas activas de transformación productiva tiende a reforzar:

  • La especialización en sectores primarios o de bajo valor agregado.
  • La dependencia tecnológica y financiera.
  • La vulnerabilidad externa ante shocks internacionales.

El discurso de Milei, al enfatizar la atracción de capitales sin una estrategia explícita de desarrollo industrial y tecnológico, puede interpretarse como una apuesta por una integración subordinada a las cadenas globales de valor, donde el país se posiciona más como receptor de inversiones que como generador de capacidades productivas propias.

Donald Trump: nacionalismo económico y geopolítica del poder

Trump utilizó Davos como plataforma para reafirmar una visión de liderazgo estadounidense basada en:

  • La primacía de la seguridad nacional sobre las reglas multilaterales.
  • El uso de aranceles y sanciones como instrumentos de presión política.
  • La reivindicación del control de territorios y recursos estratégicos (como el Ártico y Groenlandia).

Desde la economía política, esta postura refleja una estrategia del centro para preservar su posición dominante en un contexto de competencia con otras potencias, especialmente China.

Mientras Milei promueve la apertura como vía de inserción en el sistema global, Trump propone una lógica distinta pero complementaria desde el punto de vista estructural: el centro del sistema se reserva el derecho de proteger, condicionar o disciplinar a otros actores mediante instrumentos económicos y geopolíticos.

Esta asimetría es clave: los países periféricos compiten por inversiones y mercados en un marco de reglas que los países centrales pueden modificar unilateralmente cuando consideran que su posición estratégica está en riesgo.

Otros líderes de derecha

En Davos también se escucharon voces de mandatarios y referentes de derecha de distintos países que, con matices, compartieron una agenda común:

  • Defensa de la soberanía nacional frente a organismos multilaterales.
  • Crítica a regulaciones ambientales, laborales o tecnológicas consideradas “excesivas”.
  • Promoción de políticas pro-empresa y reducción de impuestos para atraer capital.

Algunos líderes europeos conservadores, por ejemplo, combinaron un discurso de defensa del mercado con llamados a proteger industrias estratégicas frente a la competencia externa, especialmente en sectores como energía, tecnología y defensa.

Esta postura revela una paradoja: incluso quienes defienden la liberalización reconocen, implícitamente, que el desarrollo del centro histórico se apoyó en políticas activas de protección y promoción de sectores clave.

Libre mercado y asimetrías

Un punto de convergencia entre Milei, Trump y otros líderes de derecha es la narrativa de la competencia global. Sin embargo, en la economía sabemos  los países no compiten en igualdad de condiciones.

Las economías centrales:

  • Controlan tecnologías críticas (IA, semiconductores, plataformas digitales).
  • Tienen mayor capacidad financiera y monetaria.
  • Influyen en la definición de estándares regulatorios internacionales.

Las economías periféricas, en cambio, suelen insertarse como:

  • Proveedoras de recursos naturales.
  • Espacios de localización de actividades de bajo valor agregado.
  • Mercados de consumo para bienes y tecnologías desarrolladas en el centro.

En este marco, la apertura sin una estrategia de desarrollo endógeno puede reforzar una división internacional del trabajo que limita las posibilidades de ascenso estructural.

Tecnología e inteligencia artificial

Tanto Trump como Milei destacaron el rol de la tecnología y la inteligencia artificial como motores del futuro económico. Desde una mirada estructural, la cuestión central es quién controla esas tecnologías.

Si los países periféricos se limitan a adoptar plataformas y sistemas desarrollados en el centro, el resultado puede ser una transferencia estructural de rentas tecnológicas hacia el exterior, profundizando una forma digital del patrón centro–periferia.

El desafío para economías como la argentina no es solo atraer empresas tecnológicas, sino desarrollar:

  • Capacidades locales de innovación.
  • Sistemas científicos y tecnológicos propios.
  • Integración regional para escalar mercados y proyectos.

Implicancias políticas y económicas para América Latina

La convergencia discursiva entre líderes de derecha en Davos plantea un escenario ambivalente para la región:

Oportunidades

  • Mayor visibilidad internacional.
  • Posible atracción de inversiones en sectores estratégicos.

Riesgos estructurales

  • Reprimarización de las economías.
  • Dependencia tecnológica y financiera.
  • Reducción del margen de maniobra de la política económica nacional.

La clave no es rechazar la inserción internacional, sino definir las condiciones de esa inserción: con qué sectores, con qué grado de autonomía tecnológica y con qué articulación regional.

Alineamiento y autonomía

Los discursos de Milei, Trump y otros mandatarios de derecha en Davos 2026 revelan dos lógicas que coexisten:

  • Para el centro del sistema, una estrategia de protección y proyección de poder.
  • Para la periferia, una invitación a integrarse mediante apertura, competitividad y atracción de capital.

Desde la economía política, el interrogante central es si esta dinámica permite a países como Argentina romper con su posición periférica o si, por el contrario, consolida una forma renovada de dependencia, ahora mediada por flujos financieros, tecnológicos y geopolíticos más complejos.

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