Para febrero de 2026, el esquema de bandas cambiarias continuará ajustándose en función del índice de inflación de diciembre de 2025, que se ubicó en torno al 2,8 % según estimaciones oficiales y relevamientos de mercado. En términos operativos, esto implica un corrimiento al alza tanto del piso como del techo de la banda en proporciones similares, ampliando el rango dentro del cual el tipo de cambio oficial puede fluctuar sin intervención directa del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Desde una perspectiva macroeconómica, este mecanismo busca alinear la dinámica del tipo de cambio nominal con la evolución de los precios internos, reduciendo el riesgo de atraso cambiario real. En contraste con regímenes previos —donde el tipo de cambio se ajustaba por debajo de la inflación—, el esquema actual apunta a preservar la competitividad externa y ofrecer mayor previsibilidad a exportadores, importadores y formadores de precios.
Evolución esperada del tipo de cambio en febrero
Proyecciones privadas y reportes de entidades financieras coinciden en que, bajo el actual marco de política cambiaria, el dólar oficial (tanto en su segmento mayorista como minorista) tendería a mantenerse dentro de la banda sin registrar saltos discretos.
- Se espera una trayectoria lateral o con un sesgo moderadamente alcista, consistente con la inflación mensual que define el ajuste de los límites del régimen.
- Algunos bancos y consultoras señalan que, en un contexto de inflación desacelerándose y oferta de divisas relativamente estable, el tipo de cambio podría moverse incluso por debajo del centro de la banda, reflejando una estrategia oficial orientada a consolidar expectativas de estabilidad nominal.
Este comportamiento es consistente con la intención del BCRA de administrar la dinámica cambiaria de manera gradual, evitando trasladar presiones al nivel general de precios y sosteniendo el rol del tipo de cambio como ancla complementaria en el proceso de desinflación.
Discursos oficiales y marco político de la política cambiaria
Desde el Ministerio de Economía y el BCRA, las autoridades han defendido públicamente el esquema de bandas como un instrumento de previsibilidad macroeconómica. En presentaciones institucionales y comunicados oficiales se remarca que:
- El régimen no está diseñado para inducir devaluaciones, sino para permitir una flotación administrada compatible con la trayectoria inflacionaria.
- Las bandas funcionan como un “amortiguador” frente a shocks externos, evitando picos de volatilidad en contextos de tensiones financieras o políticas.
- La acumulación de reservas se realiza de manera compatible con el objetivo de estabilidad de precios, sin generar una expansión monetaria desordenada.
El BCRA ha enmarcado esta estrategia dentro de una “fase de ordenamiento macroeconómico”, en la que la estabilidad cambiaria, la disciplina fiscal y la desaceleración inflacionaria conforman un trípode de política económica.
Críticas y posiciones opositoras
Se señala que, aun con estabilidad en el dólar oficial, la brecha con los dólares paralelos y financieros (blue, MEP y CCL) puede seguir reflejando expectativas de depreciación futura. Esto incide en decisiones de cobertura, dolarización de portafolios y formación de precios en sectores con insumos importados.
- Indexación del tipo de cambio a la inflación
Críticos advierten que atar el ajuste de las bandas al IPC puede generar un mecanismo de retroalimentación: si la inflación se acelera, el techo de la banda se amplía automáticamente, habilitando mayores movimientos del tipo de cambio sin una señal explícita de política. Desde esta óptica, el esquema podría funcionar como un “ancla frágil” en contextos de inestabilidad nominal.
- Sostenibilidad externa
Se cuestiona si la economía argentina puede sostener una acumulación de reservas basada en flujos genuinos de divisas —exportaciones, inversión extranjera directa— o si seguirá dependiendo de financiamiento y mecanismos transitorios. Un deterioro en la balanza comercial o una salida neta de capitales podría reintroducir tensiones cambiarias.
Escenario central para febrero
- El dólar oficial se movería dentro de las bandas sin saltos discretos, con una trayectoria alineada con la inflación mensual.
- El ajuste automático de los límites reduce la necesidad de intervenciones directas del BCRA en el mercado de cambios.
- La continuidad en la acumulación de reservas podría seguir funcionando como factor de anclaje de expectativas.
Riesgos a monitorear
- Publicación de los datos de inflación de enero, que definirán el ajuste de bandas de marzo.
- Evolución de la brecha entre el oficial y los dólares financieros.
- Dinámica del comercio exterior y la demanda de divisas para importaciones, turismo y pagos de deuda.




