El interés de Donald Trump por Groenlandia responde a razones estratégicas que van más allá de una excentricidad política: recursos naturales clave, control del Ártico y competencia geopolítica con China y Rusia explican por qué Trump quiere Groenlandia.
El interés de Donald Trump por Groenlandia responde a razones estratégicas que van más allá de una excentricidad política: recursos naturales clave, control del Ártico y competencia geopolítica con China y Rusia explican por qué Trump quiere Groenlandia.

Desde que regresó a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a poner sobre la mesa su polémica idea de que Washington debe controlar Groenlandia, la isla más grande del mundo. Lo que en apariencia podría parecer una excentricidad ha encendido alarmas diplomáticas y geopolíticas en Dinamarca, Europa y la propia Groenlandia, que ha rechazado firmemente cualquier transferencia de soberanía.

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🇬🇱🇺🇸|Primer Ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen: Groenlandia no será propiedad de Estados Unidos. Groenlandia no será gobernada por Estados Unidos. Groenlandia no formará parte de Estados Unidos. #Groenlandia #Trump

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Una posición estratégica en el Ártico

Groenlandia, a pesar de sus apenas 56.000 habitantes y su gran capa de hielo, ocupa un lugar central en la geografía del Ártico. Su localización entre el océano Atlántico Norte y el Ártico la convierte en un punto clave para la vigilancia militar y el control de rutas marítimas que podrían cambiar el comercio global.
Estados Unidos mantiene desde 1951 una presencia militar en la isla a través del Pituffik Space Base, la instalación militar más septentrional del país, que sirve para advertencia de misiles y vigilancia espacial, funciones esenciales en la seguridad continental norteamericana.

Trump ha argumentado que poseer Groenlandia reforzaría la seguridad nacional, en parte al permitir un mejor control sobre amenazas provenientes del norte y garantizar un dominio efectivo de corredores estratégicos del Ártico, especialmente frente a potencias como Rusia y China.

Riqueza de recursos y la lucha por minerales críticos

Bajo su superficie helada, Groenlandia alberga ricos depósitos naturales que son cada vez más accesibles debido al calentamiento global y al retroceso de sus hielos. Entre ellos se encuentran tierras raras, grafito, cobre, hierro, zinc y potenciales reservas de petróleo y gas natural, que son altamente codiciados para industrias tecnológicas y energéticas.

Los elementos de tierras raras, esenciales en la fabricación de teléfonos, baterías, imanes para turbinas eólicas y tecnologías militares, son especialmente críticos para reducir la dependencia de China, que actualmente domina gran parte del mercado global de procesamiento de estos minerales.

Además, según datos recientes, Groenlandia contiene 25 de los 34 minerales críticos incluidos en la lista de la Unión Europea, lo que subraya su importancia estratégica no solo para Estados Unidos, sino también para Europa.

Cambio climático: un catalizador geopolítico

El calentamiento global está transformando el Ártico: el hielo retrocede, abriendo nuevas rutas marítimas que podrían reducir significativamente los tiempos de transporte entre América, Europa y Asia si se explotan comercialmente. Estas rutas emergentes elevan la plusvalía estratégica del Ártico y de Groenlandia como nodo de transporte y vigilancia naval.

Historia de intereses estadounidenses

Trump no es el primero en mirar a Groenlandia con interés. Durante más de un siglo, diversas administraciones estadounidenses han considerado su adquisición o control como una pieza estratégica. En 1946, el presidente Harry Truman incluso ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en oro por la isla debido a su valor militar en la Guerra Fría, aunque la oferta fue rechazada.

Reacciones internacionales y rechazo groenlandés

La respuesta a las recientes declaraciones de Trump ha sido firme. Dinamarca y Groenlandia han reafirmado la soberanía del territorio y su alianza dentro de la OTAN, rechazando cualquier transferencia unilateral. Las autoridades groenlandesas han declarado que “seleccionan a Dinamarca, la OTAN y la UE”, subrayando su rechazo a la anexión por parte de Estados Unidos.

Encuestas recientes muestran que solo un pequeño porcentaje de groenlandeses apoyaría un cambio de soberanía a Estados Unidos, lo que complica cualquier estrategia de Washington y refuerza la importancia del respeto a la autodeterminación de los residentes de la isla.

Un tira y afloja diplomático con impacto global

El renovado interés de Trump por Groenlandia ha generado tensiones dentro de la OTAN y ha provocado advertencias de líderes europeos sobre los peligros de una acción unilateral que pudiera fracturar la alianza occidental. Además, una postura agresiva podría tener repercusiones diplomáticas graves, dado que Dinamarca es miembro estable de la OTAN y la Unión Europea.

A nivel global, la disputa por Groenlandia refleja las nuevas fronteras de la geopolítica del siglo XXI, donde el control de minerales críticos, el acceso al Ártico y la rivalidad entre potencias, principalmente Estados Unidos, China y Rusia, se entrelazan en un tablero estratégico cada vez más disputado.

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