El radicalismo jujeño atraviesa una profunda crisis interna marcada por el doble comando entre el gobernador Carlos Sadir y el exmandatario Gerardo Morales. La disputa por el liderazgo, las diferencias en la estrategia electoral y los debates sobre gestión y renovación partidaria exponen tensiones que pueden definir el futuro del partido en la provincia de cara a 2027.
El radicalismo jujeño atraviesa una profunda crisis interna marcada por el doble comando entre el gobernador Carlos Sadir y el exmandatario Gerardo Morales. La disputa por el liderazgo, las diferencias en la estrategia electoral y los debates sobre gestión y renovación partidaria exponen tensiones que pueden definir el futuro del partido en la provincia de cara a 2027.

Opinión

El radicalismo jujeño atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Una decisión clave puede definir su futuro político en la provincia. El partido centenario enfrenta una encrucijada interna que combina liderazgo, poder real y lectura social.
El escenario se divide entre romper el doble comando, aceptar un copamiento o sostener una frágil unidad.

El problema del doble comando

Carlos Sadir ya cumplió dos años como gobernador de Jujuy. Se diferencia de su antecesor por su perfil bajo, su capacidad de diálogo con distintos sectores y la concepción de la eficiencia estatal. El gobernador logró bajar el nivel de exposición política del Ejecutivo provincial. Esa estrategia contrastó con el protagonismo nacional que tuvo Gerardo Morales en los últimos años.

La sociedad jujeña mostró signos de cansancio frente a la sobreexposición política de Morales.
Sadir apareció como una figura que devolvió calma y previsibilidad a la gestión. Sin embargo, Morales aún conserva liderazgo dentro de un sector del radicalismo y también mantiene una de las imágenes negativas más altas en la provincia.

Varios funcionarios responden políticamente a Morales y no solo al gobernador actual. Otros sectores intentan responder a ambos líderes, lo que genera ambigüedad interna. Esta situación complica la gobernabilidad y debilita la estrategia política de Sadir. El doble comando afecta decisiones de gestión y también el armado electoral.

Miradas contrapuestas

En las elecciones provinciales de mayo, el oficialismo apostó a la renovación. La estrategia incluyó perfiles jóvenes y menos ligados a la política tradicional. Adriano Morone, Gisel Bravo y Omar Gutiérrez representaron ese recambio. El resultado fue positivo y permitió ganar la elección provincial.

En contraste, la reaparición de Gerardo Morales para las elecciones de Octubre, tuvo un impacto negativo. Su acompañamiento a María Inés Zigarán y María Pizarro no generó adhesión social. La estrategia para diputados nacionales fracasó. Sumado al contexto de polarización nacional. Javier Milei y el kirchnerismo concentraron la atención del electorado.

Morales diseñó gran parte de esa estrategia electoral de Octubre. Los resultados indicaron una desconexión con la demanda ciudadana actual. Sadir, en cambio, planteó rápidamente la necesidad de oxigenar el gabinete. La discusión sobre recambios comenzó a tomar fuerza dentro del gobierno.

Cambios de gabinete y tensiones internas

En las últimas semanas circularon versiones sobre el cambio de nombres en varios ministerios. Educación y Salud aparecen como las áreas con mayores posibilidades de recambio. Hasta el momento no se concretaron cambios oficiales. La incógnita pasa por la magnitud del ajuste y los nombres que ingresen.

El debate sobre CANNAVA también expuso la interna radical. Desde el sector “Sadirista” impulsan una revisión del modelo de la empresa e intentar que pase a manos privadas o bien en una sociedad mixta. El gobernador habría señalado que la empresa gasta más de lo que genera. La propuesta busca priorizar recursos y mejorar la eficiencia del Estado. El sector cercano a Morales rechaza una privatización, pero podrían aceptar un esquema mixto. La discusión volvió a mostrar dos visiones opuestas dentro del radicalismo.

El acto por los diez años de gestión radical dejó señales claras de tensión. El sector de Sadir consideró innecesaria la realización del evento. El gobernador llegó tarde y el acto no pareció planificado para su presencia. El protagonismo estuvo centrado en la figura de Gerardo Morales y de mostrar algunas figuras jovenes. El presentador destacó la gestión del exgobernador y omitió a Sadir. Incluso confundió su nombre con el de Adriano Morone. La escena reflejó la falta de coordinación política interna. También expuso la disputa por el liderazgo real del partido.

Una decisión clave

El radicalismo jujeño enfrenta tres caminos posibles. El primero implica romper el doble comando y consolidar a Sadir como líder del radicalismo. Aunque seria el camino natural, esa opción puede profundizar el conflicto con el sector gerardista, por lo que se debería mediar. Pero también podría ordenar la gestión y el rumbo político.

La segunda alternativa consiste en permitir el copamiento del gobierno. Morales buscaría rearmar poder desde su propia visión política. Esa opción podría generar resistencias internas y rechazo social. Las últimas elecciones mostraron un claro límite a ese liderazgo.

La tercera vía apuesta a sostener la unidad y el equilibrio interno. El objetivo sería evitar la pérdida del poder provincial.

Cualquiera sea la decisión, algunos cambios resultan inevitables. El radicalismo necesita renovar nombres y liderazgos. El partido debe abrir espacio a cuadros jóvenes y nuevas miradas. También necesita comprender la demanda de la sociedad actual.

Sin decisiones firmes, el radicalismo corre riesgo de fin de ciclo en 2027. La pérdida de la gobernación y municipios aparece como una posibilidad real. El tiempo político se agota y la interna se vuelve difícil de ocultar. Las decisiones deben pasar del discurso a los hechos.

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