El Consejo de la Paz (mencionado en algunos medios como Board of Peace o Peace Council) es una iniciativa internacional promovida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentada formalmente en el Foro Económico Mundial de Davos 2026 como un nuevo organismo orientado a la mediación en conflictos internacionales, la promoción de la estabilidad política y la construcción de procesos de “paz duradera” en regiones atravesadas por crisis estructurales y bélicas.
La iniciativa fue formalizada mediante la firma de una carta fundacional por parte de cerca de una veintena de países, que manifestaron su adhesión política al proyecto. Según su diseño institucional preliminar, el Consejo busca funcionar como un mecanismo complementario —y en algunos aspectos alternativo— al sistema multilateral tradicional encabezado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En esta arquitectura, Estados Unidos ocupa un rol central en la conducción política y estratégica, con Trump proyectado como presidente inaugural del organismo y con amplias facultades de coordinación diplomática, convocatoria y definición de prioridades geopolíticas.
Desde una perspectiva de economía política internacional, esta configuración sugiere un desplazamiento parcial del multilateralismo clásico hacia un esquema de gobernanza más concentrado, donde la capacidad de iniciativa y arbitraje se articula en torno a una potencia central y a un núcleo selectivo de Estados aliados.
¿Cuáles son los motivos de su creación?
Según los argumentos oficiales de la Casa Blanca y los documentos presentados en Davos, la creación del Consejo de la Paz se estructura en torno a tres ejes principales:
Respuesta a conflictos globales persistentes
Trump y su equipo diplomático sostienen que el Consejo nace como una herramienta para intervenir en escenarios donde los mecanismos tradicionales de resolución de conflictos han mostrado limitaciones operativas o bloqueos políticos, en particular:
- La búsqueda de una “paz duradera” en territorios en guerra o bajo inestabilidad crónica, con énfasis inicial en la Franja de Gaza y el conflicto entre Israel y Hamas.
- La supervisión de esquemas de reconstrucción institucional, gobernanza transitoria y estabilización política en regiones posconflicto.
- La articulación de cooperación internacional para atraer inversión y asistencia económica orientada al desarrollo socioeconómico como componente de la pacificación.
Desde una lectura estructural, este enfoque vincula seguridad y desarrollo bajo una misma lógica: la estabilidad política es presentada como condición para la integración económica y la inserción en los flujos globales de capital y comercio.
Visión alternativa al sistema multilateral tradicional
El Consejo se presenta como una respuesta “más ágil y eficaz” frente a lo que Trump y su entorno caracterizan como una burocratización del sistema de Naciones Unidas.
El preámbulo de la carta fundacional sostiene que los organismos multilaterales existentes tienden a “administrar los conflictos” en lugar de resolverlos, y plantea la necesidad de una estructura con:
- Mayor capacidad de intervención directa y coordinación política de alto nivel.
- Menores restricciones institucionales para la toma de decisiones estratégicas.
- Un diseño menos dependiente de consensos amplios y más orientado a coaliciones de países afines.
Desde el plano de la economía política internacional, esto puede interpretarse como un intento de reconfigurar las reglas de la gobernanza global, desplazando el énfasis desde un multilateralismo normativo hacia un esquema de liderazgo jerárquico y alianzas selectivas.
Reconfiguración del liderazgo global
Trump ha enmarcado al Consejo de la Paz dentro de una estrategia más amplia de reposicionamiento geopolítico de Estados Unidos:
- Busca consolidar a Washington como actor central en la arquitectura de seguridad internacional, no solo como potencia militar sino como árbitro político en procesos de pacificación.
- Intenta proyectar una institucionalidad que trascienda los ciclos electorales, otorgándole a Estados Unidos una capacidad de influencia estructural en la gobernanza global.
Desde una perspectiva estructuralista, esta iniciativa puede leerse como un esfuerzo por redefinir la división internacional del poder político, en un contexto de transición hacia un orden mundial más fragmentado y multipolar, donde Estados Unidos compite con otros polos —como China y bloques regionales— por la capacidad de fijar reglas, normas y marcos institucionales.
Discursos y argumentos de Donald Trump
En su intervención en Davos 2026, Trump presentó el Consejo de la Paz como una extensión de su narrativa de liderazgo global estadounidense.
“El mundo está más pacífico que hace un año”
Trump afirmó que la creación del organismo se inscribe en lo que describió como un proceso de reducción de conflictos internacionales, mencionando avances en Gaza, en la contención de grupos armados y en la estabilidad en Medio Oriente.
El discurso asocia la paz con la capacidad de acción directa de Estados Unidos, reforzando una visión donde la estabilidad internacional depende de la iniciativa de una potencia central.
El rol de Estados Unidos como garante de orden
El mandatario sostuvo que el Consejo funcionará como una plataforma para:
- Coordinar esfuerzos diplomáticos entre líderes aliados.
- Canalizar recursos para reconstrucción e inversión en territorios afectados por guerras.
- Diseñar esquemas de gobernanza transitoria bajo supervisión internacional.
Desde el enfoque de economía política, este planteo vincula seguridad, financiamiento e inserción en el sistema económico global como dimensiones de un mismo proceso de ordenamiento geopolítico.
Relación con la ONU y el sistema multilateral
Aunque Trump afirmó que el Consejo puede “trabajar en conjunto con Naciones Unidas”, su formulación institucional apunta a una estructura paralela con mayor margen de autonomía y liderazgo estadounidense.
Esto introduce una tensión central en la gobernanza global contemporánea:
la coexistencia entre un sistema multilateral basado en normas universales y un esquema de instituciones impulsadas por grandes potencias con capacidad de definir agendas, prioridades y mecanismos de intervención.




