El Consejo de la Paz, lanzado por el presidente estadounidense Donald Trump en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, fue presentado como una nueva instancia internacional orientada a la estabilización y reconstrucción de la Franja de Gaza, con la posibilidad de ampliar su alcance hacia otros escenarios de conflicto global. La iniciativa se formalizó mediante la firma de una carta fundacional, que establece los principios políticos generales del organismo, aunque sin un estatuto jurídico plenamente desarrollado.
Desde una perspectiva de economía política internacional, el Consejo aparece como un intento de reconfigurar los mecanismos de gobernanza global de la seguridad y la reconstrucción, desplazando parcialmente el eje desde las instituciones multilaterales tradicionales (como la ONU) hacia un formato más selectivo, liderado por Estados Unidos y sostenido por alianzas político-financieras.
Lista oficial de integrantes que firmaron la carta fundacional
Según la nómina difundida en los días posteriores al lanzamiento, los países que confirmaron su participación en la ceremonia de Davos o su adhesión institucional son:
- Estados Unidos (promotor y presidente inaugural)
- Argentina
- Armenia
- Azerbaiyán
- Baréin
- Bielorrusia
- Egipto
- Hungría
- Kazajistán
- Kosovo
- Marruecos
- Pakistán
- Qatar (Catar)
- Arabia Saudita
- Turquía
- Indonesia
- Jordania
- Emiratos Árabes Unidos
- Uzbekistán
- Vietnam
- Paraguay
- Israel
En total, el bloque alcanza 22 países.
Esta composición refleja una configuración geopolítica no convencional respecto de los organismos multilaterales clásicos: predominan Estados de Medio Oriente, Asia Central, Europa del Este y América del Sur, con ausencia de las principales potencias de Europa Occidental. Desde una lectura estructural, esto sugiere la formación de un espacio de gobernanza internacional más permeable a alianzas bilaterales, flujos de financiamiento y alineamientos estratégicos con Washington, que a consensos amplios de tipo multilateral.
Países que rechazaron o suspendieron su adhesión
Varias potencias europeas optaron por no integrarse o expresar reservas formales, argumentando que el Consejo podría entrar en tensión con la arquitectura institucional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y con los compromisos multilaterales existentes.
Entre los países que manifestaron que no se sumarán, al menos en el corto plazo, se encuentran:
- Francia
- Noruega
- Suecia
- Eslovenia
- Reino Unido
Otros gobiernos europeos señalaron que cualquier decisión requerirá aprobación parlamentaria previa o una evaluación jurídica sobre la compatibilidad del Consejo con el derecho internacional y los tratados vigentes.
El núcleo de las críticas se concentra en tres ejes:
- Competencia institucional con la ONU, especialmente en materia de mediación y reconstrucción postconflicto.
- Legitimidad política del esquema de membresía, dada la presencia de gobiernos con regímenes políticos heterogéneos.
- Condicionalidades financieras y geopolíticas como criterio de acceso al organismo.
Requisitos y estructura emergente del Consejo
Aunque no se ha publicado aún un tratado constitutivo con fuerza jurídica plena, de los comunicados oficiales y declaraciones presidenciales surgen algunos rasgos centrales:
Contribución económica como criterio de membresía
Trump ha señalado que el acceso a la categoría de miembro permanente podría implicar una contribución del orden de los 1.000 millones de dólares, destinada a financiar tareas de reconstrucción, estabilización institucional e inversión en infraestructura en zonas de conflicto, particularmente Gaza.
Desde una óptica de economía política, este esquema introduce un principio de “membresía financiera”, que tiende a transformar la participación en gobernanza global en una función de capacidad de aporte de capital, más que de representación política universal.
Mandato inicial
El Consejo fue concebido para:
- Apoyar y supervisar procesos de alto el fuego.
- Coordinar planes de reconstrucción económica e institucional.
- Facilitar inversión internacional en regiones postconflicto.
Su carta fundacional deja abierta la posibilidad de expandir su acción a otros conflictos, aunque el alcance legal y operativo queda sujeto a futuras decisiones de los Estados miembros.
Relación con la ONU
Trump ha afirmado que el Consejo trabajará “en coordinación con las Naciones Unidas”. Sin embargo, analistas y diplomáticos europeos advierten que su diseño podría implicar un desplazamiento funcional de la ONU en ciertas áreas, especialmente en la administración de fondos de reconstrucción y en la mediación política de alto nivel.
Discursos de presidentes y mandatarios relevantes
Donald Trump (Estados Unidos)
Como promotor y presidente inaugural, Trump presentó el Consejo como:
- Un instrumento “más ágil y efectivo” que los mecanismos multilaterales tradicionales.
- Una plataforma para coordinar paz, reconstrucción y desarrollo económico en regiones devastadas por conflictos.
- Una herramienta para reposicionar a Estados Unidos como eje central de la arquitectura global de seguridad y estabilización.
Su narrativa combina pragmatismo operativo con una lógica de liderazgo hegemónico renovado, donde la paz y la reconstrucción aparecen vinculadas a flujos de inversión, alineamientos estratégicos y cooperación bajo liderazgo estadounidense.
Javier Milei (Argentina)
El presidente argentino firmó la adhesión en Davos, alineándose políticamente con la iniciativa. Si bien no emitió discursos extensos sobre el Consejo, su participación fue interpretada como un respaldo a una estrategia de reincorporación de Argentina a los ejes geopolíticos liderados por Estados Unidos, privilegiando la cooperación política y la inserción internacional a través de alianzas estratégicas.
Viktor Orbán (Hungría)
Hungría estuvo representada en la firma fundacional, lo que refuerza su perfil de política exterior crítica del multilateralismo liberal europeo tradicional y abierta a esquemas alternativos de gobernanza internacional impulsados por potencias extra-UE.
Santiago Peña (Paraguay)
El presidente paraguayo acompañó la iniciativa como parte de una estrategia regional de alineamiento diplomático con Washington, buscando posicionamiento internacional y acceso potencial a circuitos de cooperación y financiamiento vinculados a la reconstrucción y seguridad global.
Otros líderes
Representantes de Arabia Saudita, Qatar, Jordania, Turquía, Kazajistán e Indonesia expresaron su respaldo en términos generales, enfatizando la necesidad de soluciones políticas y económicas integrales a conflictos prolongados, aunque sin definiciones públicas detalladas sobre el diseño institucional del Consejo.
Requisitos políticos y diplomáticos para integrarse
De la información disponible surgen tres condiciones centrales:
- Firma de la carta fundacional, como acto formal de adhesión política.
- Respaldo explícito del liderazgo nacional, que legitime la participación en el esquema propuesto por EE. UU.
- Contribución financiera potencial, especialmente para acceder a posiciones permanentes dentro del Consejo.




