Rusia afirmó públicamente que sabe quiénes habrían traicionado al ex presidente venezolano Nicolás Maduro, facilitando su captura por parte de fuerzas estadounidenses durante la operación militar de principios de enero. Las declaraciones, hechas por el embajador ruso en Caracas, se dieron en medio de una creciente tensión diplomática entre Moscú y Washington por el desenlace político y militar en Venezuela.
La captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, ocurrió el 3 de enero de 2026 en el complejo militar de Fuerte Tiuna, en Caracas, durante lo que Estados Unidos denominó Operación Resolución Absoluta. Tras la acción, ambos fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales relacionados con narcotráfico.
Acusación de traición interna
El embajador ruso en Venezuela, Serguéi Melik-Bagdasárov, afirmó en una entrevista con el canal estatal Rossiya-24 que la captura no fue únicamente resultado de la fuerza militar estadounidense, sino que también se vio facilitada por fallas internas y una supuesta colaboración de miembros de las fuerzas de seguridad y de la élite política venezolana con los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
“Muchos agentes del orden locales no hicieron todo lo que podían”, dijo el diplomático, y añadió que si las acciones previas a la operación “pueden llamarse traición, naturalmente lo fueron”. Según Melik-Bagdasárov, Moscú conoce los nombres de esos “traidores” que huyeron de Venezuela y habrían trabajado sistemáticamente para la inteligencia estadounidense.
Pese a estas afirmaciones, no se han divulgado nombres específicos ni evidencia documental que respalde públicamente las acusaciones, y las declaraciones corresponden a la postura política de Rusia en el contexto del conflicto.
Posiciones contrapuestas
Desde Moscú, las declaraciones forman parte de una narrativa más amplia que denuncia la operación estadounidense como una violación del derecho internacional y una agresión contra la soberanía venezolana, alineándose con otros actores que criticaron la intervención. Aunque Rusia mantiene vínculos estratégicos con Venezuela desde hace años, la captura de Maduro puso a prueba esas alianzas, generando cuestionamientos públicos sobre la cohesión del liderazgo chavista tras el operativo.
Por su parte, Estados Unidos defendió el operativo como una acción para desarticular una estructura criminal perseverante en el poder, mientras que distintos países han ofrecido interpretaciones divergentes sobre la legitimidad y consecuencias de la intervención.
Tras la detención de Maduro, Delcy Rodríguez asumió como jefa del nuevo gobierno chavista y reorganizó estructuras de seguridad y mando regional, nombrando a oficiales superiores para liderar zonas operativas de defensa en diferentes estados. Estas decisiones reflejan el intento de estabilizar el aparato estatal frente a la fractura del liderazgo tras la captura.
El debate sobre la supuesta traición interna, tal como lo plantea Rusia, se enmarca en un clima de profundas divisiones dentro de Venezuela y múltiples versiones sobre las causas y circunstancias de la operación estadounidense. Incluso la versión que más circula es la de una posible traición de parte de Delcy Rodríguez.




