Durante enero de 2026, el turismo en el norte argentino mostró un comportamiento heterogéneo, con Jujuy y Salta atravesando la temporada alta bajo un mismo contexto macroeconómico (marcado por inflación moderada, reconfiguración del tipo de cambio y competencia creciente del turismo emisivo) pero con resultados diferenciados en términos de ocupación, percepción empresarial y posicionamiento institucional.
Evolución de la actividad y datos oficiales
Según relevamientos provinciales y reportes oficiales, Jujuy sostuvo un nivel de afluencia relativamente estable, apoyado en una oferta turística consolidada y en la ampliación de su conectividad aérea y hotelera. El Ministerio de Cultura y Turismo jujeño destacó que la provincia venía de cerrar 2025 con más de 1,5 millones de visitantes, un dato que funciona como base de comparación para evaluar el desempeño del verano 2026, que, si bien no mostró picos extraordinarios, se mantuvo dentro de los márgenes esperados para la temporada.
En contraste, Salta exhibió señales más débiles en términos de ocupación hotelera. El Relevamiento Hotelero Diario provincial informó para los primeros veinte días de enero un promedio cercano al 49 % de ocupación, con una brecha territorial marcada: la ciudad de Salta por debajo del promedio y localidades turísticas del interior (como Cachi y circuitos de los Valles Calchaquíes) con picos más altos, especialmente durante fines de semana y eventos festivos. Desde el sector privado, sin embargo, cámaras hoteleras y gastronómicas señalaron que en la primera quincena la ocupación real rondó entre 35 % y 40 %, lo que ubicó la temporada por debajo de los registros históricos para un mes tradicionalmente fuerte.
Este contraste entre datos oficiales y percepción empresarial revela una tensión estructural en la medición y distribución territorial del turismo: mientras los promedios provinciales muestran cierta estabilidad, los centros urbanos y parte del entramado pyme turístico experimentan una demanda más débil y fragmentada.
Discursos oficiales y lecturas políticas
Desde ambos gobiernos provinciales, el discurso oficial apuntó a resaltar la resiliencia del turismo regional frente a un contexto nacional e internacional más competitivo.
En Jujuy, el Ministerio de Cultura y Turismo enfatizó la estrategia de posicionamiento internacional, la participación en ferias como FITUR y la ampliación de rutas aéreas como herramientas para sostener la llegada de visitantes y diversificar mercados. El eje del discurso estuvo puesto en la consolidación de un “modelo de desarrollo turístico sostenible”, con impacto en empleo local, economías regionales y cadenas de valor vinculadas a la hotelería, la gastronomía y el transporte.
En Salta, la ministra de Turismo y Deportes defendió la política de promoción provincial y relativizó los informes sectoriales más críticos, señalando que los relevamientos oficiales ofrecen una visión más integral del desempeño turístico. Desde el Ejecutivo salteño se subrayó la importancia de los eventos culturales y fiestas populares como instrumentos para sostener la demanda y dinamizar economías locales del interior provincial.
Voces del sector privado y referentes turísticos
Los actores empresariales en ambas provincias coincidieron en un diagnóstico más prudente. En Jujuy, referentes del sector gastronómico y hotelero advirtieron que, si bien la provincia mantiene visibilidad como destino, la afluencia en algunos corredores (como San Salvador de Jujuy y tramos de la Quebrada) fue inferior a la esperada, con niveles de ocupación moderados en determinados períodos.
En Salta, la Cámara Hotelera y Gastronómica fue más explícita en su preocupación: la baja ocupación de la capital provincial y la competencia con destinos internacionales (favorecidos por el tipo de cambio y la apertura de viajes al exterior) estarían erosionando la demanda interna. Desde este sector se remarcó la presión sobre costos, tarifas y rentabilidad, en un contexto de consumo turístico más selectivo y estadías más cortas.
Lugares más visitados
En ambas provincias, la concentración del flujo turístico se mantiene en circuitos emblemáticos, lo que refuerza la idea de una geografía del turismo desigual:
- Jujuy
- Quebrada de Humahuaca (Patrimonio Mundial), con Purmamarca, Tilcara y Humahuaca como núcleos centrales.
- Cerro de los Siete Colores, uno de los principales íconos visuales del norte argentino.
- Salinas Grandes, como atractivo natural de alta demanda.
- Yungas jujeñas y Parque Nacional Calilegua, con un perfil creciente de turismo de naturaleza.
- San Salvador de Jujuy, como base logística, cultural y gastronómica.
- Salta
- Ciudad de Salta, con su casco histórico, museos y circuitos culturales.
- Valles Calchaquíes, especialmente Cachi, Cafayate y Molinos, vinculados al turismo paisajístico y enológico.
- Tren a las Nubes, como producto turístico emblemático.
- Parque Nacional Los Cardones y rutas escénicas de la Puna salteña.
Estos polos concentran la mayor parte del gasto turístico, mientras que zonas periféricas enfrentan mayores dificultades para integrarse plenamente a la cadena de valor del sector.
Fortalezas comunes
- Diversidad paisajística y cultural, con fuerte atractivo para el turismo de naturaleza y patrimonial.
- Integración creciente a circuitos nacionales e internacionales.
- Capacidad de generar encadenamientos productivos en hotelería, gastronomía, transporte y comercio regional.
Desafíos compartidos
- Alta dependencia del turismo interno en un contexto de restricción del ingreso real y competencia del turismo emisivo.
- Concentración territorial de la demanda, que deja a amplias zonas con bajo impacto económico.
- Presión de costos e incertidumbre macroeconómica que afecta la inversión privada en infraestructura y servicios.
- Necesidad de fortalecer la articulación entre promoción pública y rentabilidad empresarial para sostener empleo y calidad de oferta.
Ambas provincias reflejan un mismo dilema: el turismo como motor de desarrollo regional sigue siendo clave para la generación de divisas, empleo y actividad local, pero su sostenibilidad depende cada vez más de variables macroeconómicas nacionales (tipo de cambio, ingresos reales y competitividad externa) que exceden el margen de acción de las políticas provinciales.




