La suspensión de Carolina Moisés y más de 300 afiliados reavivó la interna del PJ en Jujuy. La senadora denunció disciplinamiento político y cuestionó el control de la conducción nacional y de La Cámpora sobre el partido.
La suspensión de Carolina Moisés y más de 300 afiliados reavivó la interna del PJ en Jujuy. La senadora denunció disciplinamiento político y cuestionó el control de la conducción nacional y de La Cámpora sobre el partido.

La crisis interna del Partido Justicialista (PJ) en la provincia de Jujuy sumó a fines de enero de 2026 un nuevo capítulo de alta intensidad política. Los interventores designados por la conducción nacional del partido (Aníbal Fernández y Gustavo Menéndez, en representación del sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner) resolvieron la suspensión provisoria de la afiliación de la senadora Carolina Moisés y de más de 300 afiliados jujeños, invocando “grave inconducta partidaria” y razones de orden institucional.

La decisión no solo impactó sobre dirigentes y bases militantes, sino que también congeló el proceso de elecciones internas del PJ provincial, originalmente previsto para febrero y reprogramado tentativamente para abril. En términos políticos, la medida reconfigura el tablero interno: suspende la competencia formal por la conducción partidaria y refuerza el control de la estructura nacional sobre el armado territorial en una provincia clave del norte argentino.

La respuesta de Moisés

Tras conocerse la resolución, Carolina Moisés salió públicamente a cuestionar la intervención nacional, denunciando que la sanción constituye una “herramienta de disciplinamiento interno” más que un procedimiento institucional orientado a fortalecer la vida democrática del partido.

En su narrativa, el conflicto excede su situación personal y se inscribe en una disputa más amplia sobre el modelo de organización del peronismo:

  • Democracia interna vs. control vertical
    Moisés sostuvo que el peronismo “se construye con afiliados participando, no con sanciones impuestas desde Buenos Aires”, planteando una crítica directa al esquema de conducción centralizada del PJ nacional.
  • Disidencia como problema político
    Señaló que la suspensión de afiliaciones busca “callar voces que no se alinean con la línea dominante”, en un contexto donde la diversidad interna es tratada como una amenaza más que como un activo político.
  • Lectura histórica y disputa simbólica
    En una comparación implícita con el liderazgo de Néstor Kirchner, sugirió que el peronismo de aquella etapa no recurría a mecanismos de exclusión interna, marcando una crítica política y orgánica al estilo de conducción actual vinculado al kirchnerismo.

Desde esta perspectiva, la senadora plantea que la intervención no es neutral ni meramente administrativa, sino parte de una estrategia de reordenamiento del poder interno orientada a preservar la hegemonía de la conducción nacional sobre las estructuras provinciales.

El trasfondo político

La sanción también se conecta con decisiones legislativas recientes que profundizaron la fractura. Moisés votó a favor del Presupuesto 2026 y acompañó tramos del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), incluyendo artículos que implicaron recortes en áreas sensibles como educación, ciencia y tecnología.

Para los sectores kirchneristas del PJ, esos votos representaron una ruptura de la disciplina partidaria en un momento en que el peronismo nacional debate su estrategia frente al gobierno de Javier Milei: oposición frontal versus negociación táctica en el Congreso.

Desde la óptica de Moisés, en cambio, esas decisiones forman parte de una lógica de autonomía política y pragmatismo institucional, orientada a preservar capacidad de incidencia legislativa en un escenario donde el oficialismo nacional ha reconfigurado las relaciones de poder en ambas cámaras.

Clima interno

La senadora también incorporó a su discurso una dimensión personal y simbólica del enfrentamiento, al relatar que tras sus votos y posicionamientos recibió ataques en redes sociales y mensajes dirigidos a su entorno familiar. Sin acusar formalmente a la conducción nacional o a La Cámpora, presentó estos episodios como expresión de un clima de intolerancia política dentro del espacio peronista.

En su relato, el conflicto no se dirime en el plano del debate programático, sino en el terreno del señalamiento y la estigmatización interna, lo que refuerza su tesis de que el partido atraviesa una crisis de pluralismo político.

La Cámpora y la disputa por el control territorial

Un eje central de la crítica de Moisés apunta al rol de La Cámpora como actor interno que, en su visión, busca hegemonizar las estructuras provinciales del PJ sin acuerdos amplios ni liderazgos compartidos. Según esta lectura, la alianza entre la conducción nacional y el armado camporista habría bloqueado intentos de unidad que reconocieran la diversidad de corrientes dentro del peronismo jujeño.

Este señalamiento se inscribe en una disputa más amplia que atraviesa al PJ a nivel nacional: la tensión entre un peronismo territorial y federal, apoyado en gobernadores, legisladores provinciales y estructuras locales, y un peronismo centralizado, articulado desde el conurbano bonaerense y la conducción partidaria nacional.

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