Las autoridades chinas ejecutaron esta semana a once personas condenadas por liderar una extensa red de crimen organizado internacional, principalmente dedicada a estafas telefónicas y en línea, así como a otros delitos violentos desde bases operativas en la región fronteriza de Kokang, en el norte de Myanmar. Las ejecuciones fueron autorizadas tras la ratificación de las condenas por el Tribunal Popular Supremo de China y llevadas a cabo por la corte intermedia de Wenzhou, en la provincia de Zhejiang.
Un “imperio” criminal en la región fronteriza
El grupo ejecutado formaba parte de lo que los medios y las autoridades han descrito como uno de los sindicatos criminales más influyentes operando desde la zona de Kokang, conocidos como el Clan de la Familia Ming, con una ubicación estratégica entre China y Myanmar que históricamente ha sido refugio de redes ilícitas.
Según las investigaciones oficiales, la organización transformó localidades como Laukkaing en centros de operaciones donde se combinaron actividades de:
- Estafas de telecomunicaciones y fraudes en línea dirigidos a víctimas en China y en el extranjero.
- Operaciones de casino y juegos ilegales.
- Detenciones ilegales y violencia organizada contra internos y trabajadores.
Las autoridades estimaron que las ganancias ilícitas acumuladas por la red desde al menos 2015 superaban los 10 000 millones de yuanes (aproximadamente 1 400 millones de dólares), provenientes de estafas, prisiones ilegales y apuestas clandestinas.

Crímenes y responsabilidades penalizadas
Los once ejecutados fueron hallados culpables de numerosos delitos graves, entre ellos:
- Homicidio intencional
- Lesiones graves
- Detención ilegal
- Fraude masivo
- Operación de casinos y juegos de azar ilegales
China atribuyó a la red también la muerte de al menos 14 ciudadanos chinos y múltiples heridos, muchos de ellos vinculados a intentos de escapar de los centros de estafa o por resistirse a las órdenes de la organización criminal.
Antes de las ejecuciones, los condenados pudieron reunirse con sus familias, conforme a lo señalado por el Tribunal Supremo Popular, que aseguró que los procedimientos judiciales seguidos cumplían con los requisitos legales para sentencias de este tipo.
Caída de la red criminal
El declive de este “imperio de las estafas” comenzó en 2023, tras la intensificación de los enfrentamientos armados en la región de Kokang y la intervención de milicias locales que, tras tomar control de zonas como Laukkaing, capturaron a líderes del grupo y los entregaron a las autoridades chinas para su procesamiento.
El patriarca Ming Xuechang (69) de la familia vinculada al grupo, identificado en varios informes como una figura clave del clan, murió por suicidio poco después de su captura en 2023, antes de ser juzgado.
La lucha contra el crimen transnacional
La ejecución de estos 11 individuos se produce en el marco de una campaña más amplia del gobierno chino para desmantelar centros de estafas y crimen organizado transfronterizo que han proliferado en varios países del sudeste asiático, no sólo en Myanmar, sino también en zonas de Laos y Camboya.
Estados Unidos y organismos internacionales también han presionado por una respuesta coordinada ante estas redes, que, según estimaciones globales, podrían mover decenas de miles de millones de dólares anualmente en fraudes digitales y telecomunicaciones.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a través de sus portavoces, afirmó que las ejecuciones envían un “mensaje firme” contra las redes de engaños internacionales y reafirmó su compromiso con la cooperación regional para combatir el crimen transnacional.
Analistas señalan que, además de la dimensión judicial, estas operaciones reflejan una creciente presión de Pekín sobre grupos que representan una amenaza tanto para la seguridad de sus ciudadanos como para la estabilidad económica en la región.




