El Estrecho de Ormuz sigue operando con restricciones pese a la tregua. El tránsito de petróleo se volvió selectivo y más costoso. La geopolítica empieza a redefinir el comercio energético global.
El Estrecho de Ormuz sigue operando con restricciones pese a la tregua. El tránsito de petróleo se volvió selectivo y más costoso. La geopolítica empieza a redefinir el comercio energético global.

A pesar de la tregua anunciada por Donald Trump, el Estrecho de Ormuz no recuperó la normalidad operativa. El paso marítimo continúa condicionado por tensiones geopolíticas, controles selectivos y negociaciones en curso, con impacto directo en el comercio energético global.

Tránsito actual

De acuerdo con reportes de medios internacionales como Financial Times y El País, el estrecho no se encuentra formalmente cerrado, pero sí opera bajo un esquema de alta incertidumbre y tránsito reducido.

Fuentes del sector marítimo y energético coinciden en tres tendencias: una disminución significativa del tráfico de petroleros, el desvío de rutas hacia trayectos más largos y un fuerte incremento en los costos de seguros y fletes.

Desde el Ministerio de Petróleo de Irán, en declaraciones difundidas por la agencia oficial IRNA, se sostuvo que el país “no busca interrumpir el flujo energético global, pero defenderá sus intereses estratégicos”.

En términos prácticos: el estrecho funciona, pero bajo condiciones de riesgo que limitan su utilización plena.

Tránsito selectivo

Uno de los cambios más relevantes es la incorporación de un criterio político en la circulación de buques.

Funcionarios iraníes, incluido el canciller Abbas Araqchi, señalaron que “los países que mantengan relaciones respetuosas con Irán no tendrán problemas para el tránsito”, según reportes de Reuters y Al Jazeera.

Esta definición implica que no existe un bloqueo total, pero sí una diferenciación según alineamientos geopolíticos.

En la práctica, los países asiáticos con vínculos económicos con Teherán mantienen mayor fluidez, mientras que los buques asociados a países alineados con Estados Unidos enfrentan mayores controles, demoras o costos.

El comercio energético comienza a fragmentarse en función de bloques políticos.

Negociaciones en curso

Desde Teherán reconocieron la existencia de contactos diplomáticos con distintos países para garantizar el tránsito seguro de sus embarcaciones.

Según declaraciones oficiales de la cancillería iraní, “varios países han iniciado conversaciones para asegurar el paso de sus buques”.

Estas negociaciones incluyen garantías de no agresión, coordinación logística y condiciones comerciales específicas.

El paso por Ormuz deja de ser un corredor internacional automático y pasa a ser un espacio de negociación bilateral.

La cuestión monetaria

Uno de los puntos más sensibles es la discusión sobre la moneda de intercambio.

Si bien no existe un comunicado oficial iraní que imponga el uso del yuan como condición general, reportes de Reuters y Bloomberg indican que Irán y China ya realizan parte de su comercio energético en esa moneda.

Desde el Banco Central de Irán se ha reiterado la necesidad de “reducir la dependencia del sistema financiero dominado por el dólar”.

el conflicto acelera un proceso de desdolarización parcial del comercio energético.

Qué países avanzan en esquemas alternativos

Las fuentes coinciden en que China es el principal actor en operaciones en yuanes, mientras que India explora mecanismos alternativos, incluyendo pagos en rupias y acuerdos bilaterales.

Otros países asiáticos también evalúan esquemas similares.

Asia concentra la mayor demanda de petróleo que transita por el estrecho, lo que le da mayor capacidad de negociación.

Impacto global

La situación actual del estrecho produce efectos directos sobre la economía global.

Por un lado, la reducción del flujo implica menor volumen de petróleo circulando y mayores costos logísticos. Por otro, la fragmentación del mercado hace que el acceso al crudo dependa crecientemente de relaciones geopolíticas.

Al mismo tiempo, comienza a observarse una presión sobre el sistema financiero internacional, con la aparición de circuitos alternativos al dólar, aunque todavía de alcance limitado.

La tregua no normalizó el funcionamiento del Estrecho de Ormuz. El tránsito sigue condicionado por el riesgo, la negociación y la política.

En este escenario, el estrecho deja de ser únicamente un corredor marítimo para convertirse en un instrumento geopolítico.

Y en esa transformación aparece el dato de fondo: el conflicto no solo disputa territorio o seguridad, sino también las reglas del comercio global y del sistema financiero internacional.

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