El yuan gana terreno en el comercio petrolero global. El dominio del dólar comienza a mostrar fisuras. La disputa monetaria redefine el poder económico internacional.
El yuan gana terreno en el comercio petrolero global. El dominio del dólar comienza a mostrar fisuras. La disputa monetaria redefine el poder económico internacional.

La creciente utilización del yuan en transacciones energéticas, en particular en el comercio de petróleo, abre un escenario que trasciende lo financiero: pone en tensión uno de los pilares del orden económico internacional construido en torno al dólar.

El dólar como estructura de poder

Desde la década de 1970, el sistema internacional se organiza en torno al llamado “petrodólar”: el petróleo, principal mercancía estratégica del mundo, se comercializa mayoritariamente en dólares. Esto no es solo una cuestión técnica, sino una arquitectura de poder.

Estados Unidos no solo emite la moneda de referencia global, sino que:

  • Financia sus déficits a bajo costo
  • Controla el sistema financiero internacional
  • Aplica sanciones con alcance extraterritorial

El dominio del dólar no es neutral: es una herramienta central de su hegemonía.

El avance del yuan

En este contexto, el avance del yuan (impulsado por China) no debe leerse como un cambio espontáneo del mercado, sino como una estrategia deliberada de reconfiguración del orden global.

China viene promoviendo:

  • Acuerdos bilaterales en monedas locales
  • Uso del yuan en comercio energético
  • Sistemas de pago alternativos al SWIFT

En el caso del petróleo, la posibilidad de pagar en yuanes, introduce una ruptura parcial del esquema tradicional.

No se trata aún de un reemplazo, pero sí de una fisura en el monopolio del dólar.

¿Qué implicaría un desplazamiento del dólar?

Si el comercio energético comenzara a realizarse en yuanes de forma más extendida, las consecuencias serían profundas.

1. Menor demanda global de dólares

El dólar funciona como reserva y medio de pago global porque es necesario para comerciar petróleo. Si esa necesidad disminuye:

  • Caería la demanda estructural de dólares
  • Se debilitaría su rol como moneda internacional

Esto afecta directamente su función sistémica.

2. Impacto en el financiamiento de Estados Unidos

La hegemonía del dólar permite a Estados Unidos sostener déficits fiscales y comerciales sin crisis inmediatas.

Un debilitamiento de esa posición implicaría:

  • Mayor costo de financiamiento
  • Presión sobre tasas de interés
  • Menor margen de política económica

En términos estructurales: se reduce la capacidad de Estados Unidos de “exportar” sus desequilibrios al resto del mundo.

3. Pérdida de poder geopolítico

El dominio del dólar es también una herramienta de política exterior.

Permite:

  • Aplicar sanciones financieras
  • Bloquear transacciones internacionales
  • Condicionar economías enteras

Un sistema más diversificado limitaría ese poder.

China: acumulación de poder

Para China, el avance del yuan en el comercio energético tiene beneficios evidentes:

  • Reduce su dependencia del dólar
  • Fortalece su moneda a nivel internacional
  • Aumenta su influencia geoeconómica

Sin embargo, el proceso tiene límites.

A diferencia de Estados Unidos, China:

  • Mantiene controles de capital
  • No tiene un sistema financiero completamente abierto
  • No ofrece el mismo nivel de liquidez global

Esto implica que el yuan puede ganar espacio como moneda de comercio, pero enfrenta desafíos para convertirse en moneda de reserva global en el corto plazo.

Un escenario de transición

El punto central no es un reemplazo inmediato del dólar por el yuan, sino la fragmentación del sistema monetario internacional.

Lo que empieza a configurarse es:

  • Un sistema más multipolar
  • Con distintas monedas según regiones o alianzas
  • Con menor centralidad de una única divisa

En ese marco, el comercio energético se convierte en el terreno clave de disputa.

La posibilidad de que el petróleo comience a comercializarse en yuanes no implica, al menos en el corto plazo, el fin del dólar. Pero sí señala un cambio de época.

Para Estados Unidos, representa una potencial pérdida de uno de sus principales instrumentos de poder. Para China, una oportunidad de ampliar su influencia sin necesidad de confrontación directa.

En ese escenario, más que un reemplazo inmediato, lo que emerge es un proceso de transición: de un orden unipolar centrado en el dólar hacia una arquitectura más fragmentada, donde la moneda se convierte en terreno de disputa geopolítica.

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