Los primeros datos tras la guerra muestran una economía global debilitada. Cae el crecimiento mientras la inflación vuelve a subir con fuerza. Los analistas advierten sobre un escenario de estanflación.
Los primeros datos tras la guerra muestran una economía global debilitada. Cae el crecimiento mientras la inflación vuelve a subir con fuerza. Los analistas advierten sobre un escenario de estanflación.

Cuatro semanas después del inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, los primeros indicadores de actividad económica muestran una combinación que los analistas no escuchaban desde la crisis del petróleo de la década de 1970: crecimiento que se desacelera bruscamente mientras los precios repuntan con fuerza. El PMI compuesto de Estados Unidos cayó a un mínimo de 11 meses (51,4 puntos), el de la eurozona se desplomó a 50,5 puntos y el de Francia entró en terreno contractivo con 48,3 puntos.

El “canario en la mina”:

Los datos de los Purchasing Managers’ Indices (PMI) de S&P Global, publicados esta semana, son el equivalente económico del canario en la mina de carbón. Estos índices, que encuestan a gerentes de empresas de todo el mundo, suelen anticipar cambios en las condiciones económicas con meses de anticipación a los datos oficiales de gobierno. Y los correspondientes a marzo (que incluyen por primera vez el período posterior al inicio de la guerra el 28 de febrero) son lapidarios.

  • Estados Unidos: el PMI compuesto preliminar cayó a 51,4 puntos en marzo desde 51,9 en febrero, el nivel más bajo en 11 meses. El índice de servicios se desplomó a 51,1 puntos, también un mínimo de 11 meses.
  • Eurozona: el PMI compuesto cayó a 50,5 puntos desde 51,9 en febrero, el nivel más bajo en 10 meses y apenas por encima del umbral de 50 puntos que separa el crecimiento de la contracción.
  • Francia: el sector privado registró su contracción más fuerte desde octubre, con el PMI cayendo a 48,3 puntos.
  • Reino Unido: la actividad cayó a un mínimo de seis meses, con márgenes comprimidos que llevaron a un aumento en la destrucción de empleo.
  • Australia: registró la mayor caída en la producción desde 2023.
  • India: la actividad se expandió a su ritmo más lento desde octubre de 2022, afectada por su alta dependencia de las importaciones energéticas que transitan por el Estrecho de Ormuz.

Chris Williamson, economista jefe de S&P Global Market Intelligence, fue categórico: “Los datos de la encuesta flash PMI de marzo señalan una combinación no deseada de crecimiento más lento e inflación creciente tras el estallido de la guerra en Medio Oriente. Las empresas están reportando un golpe a la demanda debido a la incertidumbre adicional y el impacto en el costo de vida generado por el conflicto”.

La amenaza estanflacionaria

El término “estanflación” (esa combinación tóxica de crecimiento económico nulo o negativo e inflación elevada) está reapareciendo en los informes de los bancos centrales y las mesas de análisis. Chris Williamson fue explícito: el componente de precios de las encuestas PMI indica que la inflación está volviendo a rondar el 4% en Estados Unidos, “lo que sugiere un riesgo creciente de que el país se mueva hacia un entorno de estanflación”.

En la eurozona, la situación es igualmente preocupante. “El PMI de la eurozona está haciendo sonar las alarmas de estanflación”, agregó Williamson. Christophe Boucher, de ABN AMRO Investment Solutions, identificó tres formas en que el impacto de la guerra es visible en los datos PMI: una desaceleración en el crecimiento de los servicios, un aumento en los precios manufactureros y una degradación de las perspectivas globales.

El Banco Central Europeo ya ajustó sus proyecciones. Según informó Reuters, si los precios del petróleo alcanzan un pico de 145 dólares por barril, la inflación de la eurozona promediaría el 4,4% este año. Esto, en un contexto donde el crecimiento se desacelera hasta casi detenerse.

La Reserva Federal, por su parte, se enfrenta a un dilema que su presidente, Jerome Powell, describió con precisión: no hay un camino libre de riesgos para la política monetaria. En su conferencia de prensa del 18 de marzo, Powell reservó el término “estanflación” para “un conjunto de circunstancias más graves” que las que enfrenta Estados Unidos hoy, pero reconoció que las presiones inflacionarias están aumentando mientras el mercado laboral se desacelera.

El shock de oferta que lo cambió todo

El detonante de esta tormenta es el mismo que viene marcando la pauta desde el 28 de febrero: el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, por donde circulaba aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo antes del conflicto. El barril de Brent superó los 100 dólares, acumulando un aumento de más del 40% desde el inicio de la guerra.

Pero el shock no es solo en los precios. Las interrupciones en las cadenas de suministro están generando un fenómeno que los economistas llaman “shock de oferta”: un golpe simultáneo que reduce la producción y eleva los precios. En la eurozona, los precios de los insumos aumentaron al ritmo más rápido desde febrero de 2023, con los sectores manufactureros y de servicios enfrentando una inflación más pronunciada debido a los mayores costos energéticos.

En Estados Unidos, los precios de los insumos aumentaron al ritmo más rápido en 10 meses, y las empresas trasladaron los mayores costos a los clientes, con los precios de venta saltando a su tasa más rápida en más de tres años y medio.

El economista de Pictet Asset Management, Christopher Dembik, advirtió sobre la vulnerabilidad particular de Alemania: “El problema con la industria alemana es que es extremadamente dependiente del acceso a los combustibles fósiles”, lo que genera preocupación de que también enfrentará vientos en contra.

El dilema de los bancos centrales

La semana del 16 al 20 de marzo fue particularmente activa en el frente de la política monetaria. No menos de 21 bancos centrales se reunieron en un contexto marcado por el conflicto en Medio Oriente. Antes del inicio de la guerra, entre 12 y 15 de estos bancos estaban en un ciclo de flexibilización o preparándose para implementar recortes de tasas. El resultado final fue muy diferente: 16 bancos mantuvieron el status quo, dos optaron por aumentos y solo tres por recortes.

El análisis de BNP Paribas resume la situación: “No es sorprendente que un enfoque cauteloso y de espera y observación haya prevalecido ampliamente. Sin embargo, este status quo fue acompañado por un notable y lógico cambio de tono, marcado al menos por una mayor vigilancia respecto al re-surgimiento del riesgo inflacionario y, para aproximadamente la mitad de nuestra muestra, por un sesgo ‘hawkish’ (restrictivo), es decir, la disposición a aumentar las tasas si es necesario para mitigar este riesgo”.

El caso más paradigmático fue el del Banco de Inglaterra. Días antes de su reunión, los analistas pronosticaban un recorte de 25 puntos básicos. Pero el conflicto cambió el panorama: el banco mantuvo las tasas sin cambios, con los nueve miembros del comité votando unánimemente por primera vez desde septiembre de 2021, reforzando la señal de sesgo restrictivo.

El Banco Central de Brasil, por su parte, optó por un recorte de 25 puntos básicos en lugar de los 50 que había planeado originalmente. “Si bien el inicio del alivio monetario no se puso en duda, su alcance se redujo efectivamente”, señaló el informe de BNP Paribas.

La transmisión inflacionaria

La preocupación central de los bancos centrales no es solo el aumento inmediato de los precios de la energía, sino el riesgo de que esta primera ronda inflacionaria se convierta en un fenómeno de segunda ronda: que los aumentos en los costos energéticos se trasladen a los precios de los servicios y a los salarios, generando una espiral que luego es mucho más difícil de controlar.

En su discurso en el US Monetary Policy Forum el 6 de marzo, la miembro del Consejo Ejecutivo del BCE, Isabel Schnabel, advirtió precisamente sobre este mecanismo: “Cuando el desempleo es bajo y las vacantes son altas, los trabajadores tienen más poder de negociación para recuperar los salarios reales después de un shock inflacionario. Al mismo tiempo, las empresas son más propensas a trasladar los mayores costos de los insumos a los precios de producción cuando la demanda es lo suficientemente fuerte como para tolerar aumentos de precios”.

Schnabel citó la experiencia de la pandemia como una advertencia: en un mercado laboral ajustado, los empleadores tienden a ofrecer salarios más altos que los establecidos en los acuerdos colectivos, y las empresas ajustan los precios con mayor frecuencia, lo que hace que los shocks de oferta se transmitan más rápida y profundamente a la economía.

El impacto social

Los términos que definen la conversación económica en 2026 reflejan las tensiones subyacentes en las sociedades afectadas. “Asequibilidad”, “incertidumbre” y “refugios seguros” son las palabras que dominan el debate.

El Índice de Sentimiento del Consumidor de la Universidad de Michigan cayó a 55,5 puntos en marzo, su nivel más bajo de 2026, según datos preliminares. El índice de confianza del consumidor del Conference Board subió ligeramente a 91,2 en febrero, pero impulsado principalmente por un optimismo en el empleo que ahora podría verse erosionado por el conflicto.

La jefa de Shell, Wael Sawan, encendió una alarma adicional: algunos países asiáticos ya han implementado semanas laborales de cuatro días y han instado a la población a usar menos aire acondicionado. “Es un efecto dominó”, advirtió. “Vemos que el sur de Asia es el primero en recibir ese golpe, luego se mueve al sudeste asiático, al noreste asiático y luego más a Europa a medida que entramos en abril”.

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