La “super semana” de bancos centrales que concluyó el 19 de marzo dejó un diagnóstico unánime: el conflicto en Medio Oriente ha reemplazado la euforia por los recortes de tasas con un escenario de “vigilancia extrema”. La Reserva Federal mantuvo las tasas en 3,50%-3,75% por segunda vez consecutiva, recortó las expectativas de reducciones para 2026 a solo 25 puntos básicos y, por primera vez, comenzó a discutir la posibilidad de subas.
El giro abrupto
Cuando 2026 comenzó, los inversores y analistas tenían un panorama claro: la inflación global había retrocedido, los bancos centrales habían concluido su ciclo de subas más agresivo en décadas, y se esperaba que 2026 fuera el año de la “normalización” monetaria. La Reserva Federal había proyectado tres recortes de tasas. El Banco Central Europeo hablaba de un retorno gradual a niveles neutrales. El Banco de Inglaterra preparaba el terreno para su primera baja desde 2020.
El 28 de febrero, con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que acabó con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, ese panorama se desvaneció. Cuatro semanas después, cuando los 21 bancos centrales que se reunieron en la “super semana” del 17 al 19 de marzo evaluaron sus balances, el diagnóstico fue unánime: el conflicto en Medio Oriente ha reconfigurado por completo el mapa de riesgos.
El resultado final de esa semana de reuniones es lapidario. Antes del inicio de la guerra, entre 12 y 15 de estos bancos estaban en un ciclo de flexibilización o preparándose para recortar tasas. El resultado final: 16 bancos mantuvieron el status quo, dos optaron por aumentos y solo tres por recortes.
La Reserva Federal
La Reserva Federal fue la más observada de todas las reuniones, y su mensaje fue inequívoco. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) decidió mantener el rango de la tasa de fondos federales entre 3,50% y 3,75%, la segunda pausa consecutiva después de un año de tasas estables.
Pero el cambio más significativo no estuvo en la decisión inmediata, sino en las proyecciones. El Resumen de Proyecciones Económicas (SEP) mostró que los 19 miembros del comité esperan ahora que la tasa de fondos federales cierre 2026 en 3,4%, lo que implica un recorte acumulado de apenas 25 puntos básicos en todo el año la misma proyección que en diciembre, pero en un contexto donde las expectativas de inflación se dispararon.
El dato más revelador, sin embargo, es que por primera vez los funcionarios de la Fed comenzaron a discutir la posibilidad de nuevas subas de tasas. El presidente de la Fed, Jerome Powell, fue explícito en su conferencia de prensa: aunque no es el escenario base de la mayoría, “la inflación no ha mostrado el progreso esperado” y el comité está “listo para responder si es necesario”.
Powell atribuyó el cambio a dos factores: el aumento de los precios de la energía por el conflicto y las tensiones comerciales. “Los precios más altos de la energía aumentarán la inflación en el corto plazo”, dijo Powell, aunque aclaró que “todavía es demasiado pronto para evaluar el alcance y la duración del impacto potencial en la economía”.
El mercado recibió el mensaje con claridad. Las expectativas de recortes de tasas para 2026 se redujeron drásticamente, y el euro se debilitó frente al dólar tras las declaraciones de Powell.
El Banco Central Europeo
La reunión del Banco Central Europeo (BCE) del 19 de marzo fue, en apariencia, una más de continuidad. Por sexta vez consecutiva, el consejo de gobierno mantuvo sin cambios las tres tasas de interés clave: la tasa de depósitos en 2,00%, la tasa de refinanciamiento en 2,15% y la tasa de préstamos marginales en 2,40%.
Pero el comunicado que acompañó la decisión fue de un tono radicalmente distinto al de meses anteriores. “La guerra en Medio Oriente ha vuelto el panorama significativamente más incierto, generando riesgos alcistas para la inflación y riesgos bajistas para el crecimiento económico”, advirtió el BCE.
La presidenta Christine Lagarde reveló que la decisión de mantener las tasas fue unánime, pero aclaró que el consejo fue “extensamente informado por los expertos” sobre los impactos del conflicto, y que el banco se mantendrá en un enfoque “dependiente de los datos”.
Las proyecciones económicas actualizadas reflejan el cambio de escenario. El BCE elevó su previsión de inflación para 2026 al 2,6%, frente al 1,9% proyectado en diciembre. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, se espera que promedie 2,3% en 2026. En contraste, las proyecciones de crecimiento fueron revisadas a la baja: el PIB de la eurozona crecería apenas 0,9% en 2026, frente al 1,2% previsto en diciembre.
Carsten Brzeski, responsable global de macroeconomía en ING Research, advirtió que el regreso de la frase “monitoreo atento” es una señal inequívoca: “El BCE ha pasado a mayor alerta”. Y Ulrike Kastens, economista senior de DWS, fue más allá: “El BCE probablemente actuaría hoy más rápido que en 2022 para contrarrestar las expectativas de inflación en una etapa temprana”.
El mensaje del BCE ya está impactando en los mercados de tasas. El mercado monetario eleva la probabilidad de una suba en abril al 60%, y descuenta al menos dos aumentos para 2026. El euro se fortaleció ligeramente frente al dólar, apoyado por estas expectativas relativas de tasas.
El Banco de Inglaterra
Si la Fed y el BCE moderaron sus expectativas de flexibilización, el Banco de Inglaterra (BoE) dio un giro de 180 grados. El Comité de Política Monetaria votó por unanimidad (9-0) mantener la tasa de referencia en 3,75%, la primera vez desde septiembre de 2021 que el voto fue unánime.
Pero lo más significativo fue lo que el banco eliminó de su comunicado. Desapareció por completo la frase “es probable que se reduzcan aún más las tasas” que había estado presente en las comunicaciones anteriores. En su lugar, el BoE adoptó un tono marcadamente restrictivo, advirtiendo que el conflicto en Medio Oriente ha alterado el panorama y que está preparado para responder si la inflación se acelera.
El gobernador Andrew Bailey fue categórico: la política monetaria debe responder al riesgo de inflación persistente, garantizar el retorno de la inflación al 2% y estar alerta ante los efectos de segunda ronda que podrían generar aumentos salariales y de precios derivados del encarecimiento de la energía.
El mercado ya procesó el cambio. Los operadores descuentan ahora al menos 50 puntos básicos de subas para 2026, y han eliminado por completo cualquier expectativa de recortes en el corto plazo.
Brasil
En América Latina, el Banco Central de Brasil fue uno de los pocos que optó por un recorte de tasas en esta super semana. El Comité de Política Monetaria (Copom) redujo la Selic en 0,25 puntos porcentuales, al 14,75% anual.
Pero el dato relevante no es el recorte en sí, sino su magnitud. Antes de la escalada del conflicto, la expectativa predominante era de un recorte de 0,5 puntos porcentuales. La reducción a la mitad, sumada al tono cauto del comunicado, envió una señal inequívoca de que el Banco Central está moderando su ciclo de flexibilización.
El comunicado del Copom fue explícito sobre el factor externo. “El Comité considera los impactos de los conflictos en Medio Oriente de forma prospectiva, en particular sus efectos sobre la cadena de suministro global y los precios de commodities que afectan directa e indirectamente la inflación en Brasil”.
En la ata de la reunión, divulgada el 24 de marzo, el Banco Central profundizó su diagnóstico: “La incertidumbre con relación al escenario externo se elevó considerablemente. Además del agravamiento de las tensiones geopolíticas, nuevas incertidumbres con relación a la política económica de Estados Unidos colaboraron para tornar ese escenario aún más incierto”.
La decisión fue interpretada por los analistas como el inicio de una “fase de calibración” más que de un ciclo de alivio firme. Ricardo Trevisan, CEO de Gravus Capital, señaló que “el petróleo saltó de US$72 a un promedio de US$103 por barril en pocas semanas, impulsado por la escalada del conflicto. Esto presiona directamente la cadena de combustibles, flete y alimentos en Brasil, vectores clásicos de traslado inflacionario con alta inercia”.
La agencia Austin Rating estimó que la suba del petróleo podría agregar al menos 0,6 puntos porcentuales a la inflación acumulada en 12 meses, lo que explica la cautela del Banco Central.
Japón, Canadá, Suiza y la nueva cautela
La super semana también dejó señales en otras latitudes.
- Japón mantuvo la tasa de política monetaria en 0,75%, pero el consejero Takata votó por segunda vez consecutiva a favor de una suba a 1,0%, argumentando que los aumentos de precios derivados del conflicto podrían generar efectos de segunda ronda.
- Canadá mantuvo su tasa en 2,25% por tercera vez consecutiva, pero advirtió que el repunte de los precios del petróleo y el gas elevará la inflación en el corto plazo, y que la economía enfrenta el complejo desafío de “menor crecimiento y mayor inflación”.
- Suiza mantuvo su tasa en 0%, pero lanzó una advertencia explícita: intervendrá en el mercado de cambios para evitar una apreciación excesiva del franco, que ha subido a máximos de 11 años por la huida hacia activos refugio que desencadenó la guerra.
El impacto en los mercados financieros
La reacción de los mercados financieros a este giro en la política monetaria fue inmediata. El índice de volatilidad VIX se disparó en los primeros días del conflicto, reflejando el nerviosismo de los inversores. Las bolsas estadounidenses registraron caídas superiores al 1,6% en las primeras jornadas, y el índice S&P 500 acumula una pérdida cercana al 5% desde el 28 de febrero.
El mercado de bonos también reaccionó. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 2 años, que son los más sensibles a las expectativas de tasas, subieron más de 30 puntos básicos desde el inicio del conflicto, reflejando que los inversores ya no esperan recortes agresivos. En Alemania, el rendimiento del bono a 2 años subió unos 11 puntos básicos hasta 2,56% tras la reunión del BCE.
Pero la mayor incertidumbre está en el mercado de commodities. El petróleo Brent superó los US$100 por barril y llegó a rozar los US$120 en los primeros días del conflicto, aunque luego retrocedió a la zona de US$100-105 ante la noticia de las conversaciones diplomáticas. El gas natural en Europa también registró fuertes subas, alimentando las preocupaciones sobre una nueva crisis energética.
Las voces oficiales
Las declaraciones de los líderes de los bancos centrales en los días posteriores a las reuniones reflejan la nueva realidad.
- Jerome Powell (Fed): “Si la inflación no cede como se espera, no habría razón para recortar las tasas. Los precios más altos de la energía aumentarán la inflación en el corto plazo, pero todavía es demasiado pronto para evaluar el alcance y la duración del impacto potencial en la economía”.
- Christine Lagarde (BCE): “Nos aseguramos de que los miembros del consejo de gobierno fueran extensamente informados por los expertos sobre los impactos del conflicto. Seguimos un enfoque dependiente de los datos, lo que indica una mayor alerta”.
- Andrew Bailey (BoE): “La política monetaria debe responder al riesgo de inflación persistente, garantizar el retorno de la inflación al 2% y estar alerta ante los efectos de segunda ronda que podrían generar aumentos salariales y de precios derivados del encarecimiento de la energía”.
- Comunicado del BCE: “La guerra en Medio Oriente ha vuelto el panorama significativamente más incierto, generando riesgos alcistas para la inflación y riesgos bajistas para el crecimiento económico”.
- Ata del Copom (Brasil): “La incertidumbre con relación al escenario externo se elevó considerablemente. El Comité reafirma serenidad y cautela en la conducción de la política monetaria”.




