Italia rechazó la reforma de Meloni en un voto castigo. En Francia, Le Pen no logra conquistar las grandes ciudades. Europa muestra señales de freno a la derecha radical.
Italia rechazó la reforma de Meloni en un voto castigo. En Francia, Le Pen no logra conquistar las grandes ciudades. Europa muestra señales de freno a la derecha radical.

Italia votó en contra de la reforma judicial impulsada por Giorgia Meloni con un 54% de “No”, la primera derrota significativa de la primera ministra desde que asumió el poder en 2022. En Francia, las elecciones municipales de marzo dejaron un panorama complejo: la Agrupación Nacional de Marine Le Pen no logró conquistar las grandes ciudades, mientras el centro de Macron resistió mejor de lo esperado.

El referéndum que se convirtió en plebiscito

El 23 de marzo, los italianos votaron en un referéndum constitucional que, en apariencia, trataba sobre un tema técnico: la separación de las carreras de jueces y fiscales, la reestructuración del órgano de gobierno de los magistrados (CSM) y la creación de un nuevo tribunal disciplinario con miembros seleccionados por sorteo. Pero en la práctica, la consulta se transformó en un plebiscito sobre Giorgia Meloni y su gobierno de derecha.

El resultado fue lapidario: con una participación del 59%, el “No” se impuso con cerca del 54% frente al 46% que respaldó la reforma impulsada por el Ejecutivo.

¿Qué proponía la reforma?

El gobierno de Meloni defendía que los cambios eran necesarios para garantizar la imparcialidad judicial, limitar la influencia de las corrientes internas en la magistratura y modernizar un sistema criticado por su lentitud. El ministro de Justicia, Carlo Nordio, llegó a calificar la situación actual como un “mecanismo paramafioso”.

¿Por qué ganó el “No”?

La oposición, los sindicatos de magistrados y las organizaciones civiles construyeron un frente común con un argumento central: la reforma concentraba excesivo poder en el Ejecutivo, rompía el equilibrio de poderes establecido tras la caída del fascismo y abría la puerta a la injerencia política sobre los jueces.

En Nápoles, medio centenar de magistrados reunidos en un tribunal celebraron el resultado entonando “Bella Ciao”, símbolo histórico de la resistencia antifascista.

Pero más allá del contenido técnico, el referéndum se leyó como un voto de castigo a Meloni. Varios analistas coinciden en que muchos italianos utilizaron la consulta para expresar su descontento con el gobierno, especialmente en un contexto de economía estancada, preocupación por los costos energéticos derivados de la guerra en Medio Oriente y la creciente impopularidad de Donald Trump, aliado cercano de la primera ministra.

El profesor Daniele Albertazzi, de la Universidad de Surrey, lo resumió con crudeza: “Es un mal, mal resultado para Meloni. Significa que ha perdido al electorado italiano en un tema clave de su programa”.

Las consecuencias inmediatas

La derrota tuvo consecuencias políticas inmediatas. Meloni aceptó la renuncia del viceministro de Justicia Andrea Delmastro y de su jefa de gabinete Giusi Bartolozzi, cuyas polémicas declaraciones durante la campaña fueron señaladas como un factor que influyó en el resultado. Bartolozzi había dicho en una entrevista televisiva que, si ganaba el “Sí”, “liberaríamos al sistema judicial, son un pelotón de fusilamiento”.

Meloni también pidió la renuncia de la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, aunque esta se negó a dejar el cargo. El ex primer ministro Matteo Renzi advirtió que la derrota erosiona la imagen de invencibilidad de Meloni: “Cuando un líder pierde su aura, empiezan las dudas”.

Francia

En Francia, las elecciones municipales del 22 de marzo arrojaron un panorama más matizado, pero igualmente significativo. Los comicios locales dejaron varias lecciones.

La Agrupación Nacional no es imparable

La principal lectura es que el avance de Marine Le Pen y su Agrupación Nacional (RN) no es tan inevitable como se creía. El partido de extrema derecha no logró conquistar Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia, ni tampoco Tolón, donde también fue derrotado. En las grandes urbes, la marca RN sigue siendo tóxica para una parte importante del electorado.

Sin embargo, la RN no salió de vacío. En Niza, su aliado Eric Ciotti derrotó a un candidato apoyado por Macron. El partido también sumó ciudades más pequeñas como Carcasona y multiplicó por trece su número de concejales. Como señala el análisis de Reuters, “la RN sigue siendo la favorita sobre el papel, pero el sentido de inevitabilidad se ha debilitado”.

El centro resiste mejor de lo esperado

El otro dato relevante es que el centro de Macron sobrevivió a las municipales mejor de lo que anticipaban las encuestas. El ex primer ministro Édouard Philippe retuvo Le Havre, consolidándose como el candidato centrista mejor posicionado para enfrentar a la RN en 2027. Los candidatos macronistas lograron victorias inesperadas en Burdeos y Annecy.

Sin embargo, la foto no es homogénea: los candidatos apoyados por Macron perdieron en Lyon, Niza y Pau, donde el ex primer ministro François Bayrou fue desbancado.

La izquierda se aleja de Mélenchon

Las municipales también enviaron una señal clara a la izquierda francesa: funciona mejor sin el respaldo de La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon. En París, el socialista Emmanuel Grégoire ganó después de rechazar un acuerdo con LFI. En Marsella, el socialista Benoît Payan derrotó a la RN manteniendo distancia del partido de Mélenchon.

Mélenchon mantiene un núcleo de apoyo movilizado, pero su alcance parece limitado.

El contexto europeo

Italia y Francia no son casos aislados. En los últimos meses, la derecha radical europea ha acumulado una serie de reveses que contrastan con su avance imparable en las elecciones europeas de 2024.

En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) sigue siendo el segundo grupo en el Bundestag, pero los partidos tradicionales mantienen un “cordón sanitario” que excluye cualquier colaboración. En Reino Unido, Reform UK de Nigel Farage ha sumado algunos políticos conservadores, pero enfrenta un escrutinio creciente sobre la viabilidad de sus promesas fiscales.

El análisis de The Economist, publicado en Agenda Pública, sugiere que la estrategia de los líderes tradicionales de demonizar a la derecha radical está agotada. Friedrich Merz en Alemania, Emmanuel Macron en Francia y Keir Starmer en Reino Unido han recurrido a narrativas de “catástrofe” y “guerra civil” que, lejos de desmovilizar a los votantes populistas, los terminan fortaleciendo.

“El estilo apocalíptico no funciona”, resume el análisis. “Cuando los políticos tradicionales advierten que el populismo destruirá su visión de Europa, animan a los votantes desesperados por sacudir el sistema”.

La fragilidad de los liderazgos de derecha

La derrota de Meloni en el referéndum la deja en una posición más vulnerable. La primera ministra, que había construido su liderazgo sobre una racha ininterrumpida de victorias electorales, ahora enfrenta un escenario de incertidumbre a un año de las elecciones generales.

El ex primer ministro Giuseppe Conte, líder del Movimiento 5 Estrellas, calificó el resultado como un “aviso de desalojo para este gobierno”. El Partido Demócrata, principal fuerza de centroizquierda, interpreta la derrota como una señal de que “existe una alternativa” a la coalición de Meloni.

En Francia, la derrota no fue de Macron, sino de la extrema derecha. Pero el presidente salió debilitado de su propia gestión: la convocatoria a elecciones anticipadas en 2024 tras la derrota en las europeas derivó en una Asamblea Nacional sin mayoría absoluta, un escenario de ingobernabilidad que arrastra desde entonces. El centrismo que encarna no logra reconstruir un consenso sólido, y la fragmentación política sigue siendo la regla.

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