El ranking de imagen presidencial elaborado por CB Consultora en marzo de 2026 nes una radiografía de los tiempos políticos de la región: fragmentación y volatilidad. Pero más allá de los números, lo que el ranking revela es una región sin hegemonías claras, donde la legitimidad política se sostiene en la capacidad de administrar coyunturas y donde la economía, sigue siendo el principal factor de desgaste.
Los líderes del podio
El ranking de CB Consultora, correspondiente a marzo de 2026, ubica en los primeros lugares a tres mandatarios que, más allá de sus diferencias ideológicas, comparten un rasgo estructural: liderazgos con fuerte capacidad de centralización política y una narrativa anclada en el orden y la estabilidad.
- Claudia Sheinbaum (México) lidera la tabla con 72,3% de imagen positiva. La presidenta mexicana heredó en octubre de 2024 un movimiento consolidado (Morena) y una base social cohesionada que supo mantener a lo largo de sus primeros meses de gestión. Su alta aprobación refleja, en parte, la continuidad de un proyecto político que logró articular un relato de transformación con resultados económicos relativamente estables.
- Nayib Bukele (El Salvador) aparece segundo con 71,8%, apenas una décima por debajo de Sheinbaum. El mandatario salvadoreño construyó su liderazgo sobre un pilar central: la seguridad. Su estrategia de control territorial y la narrativa de “guerra contra las pandillas” le han permitido sostener niveles de aprobación inusualmente altos en la región, aunque con crecientes cuestionamientos por parte de organismos de derechos humanos.
- Luis Abinader (República Dominicana) completa el podio con 58,7%, y además fue el mandatario con mayor crecimiento en el último mes (+3,9 puntos). Su gestión, centrada en la estabilidad macroeconómica y la atracción de inversiones, le ha permitido mantener una base de apoyo sólida en un país que, pese a su inserción subordinada en la economía global, ha logrado tasas de crecimiento superiores al promedio regional.
El dato central del ranking es que los niveles más altos de aprobación se concentran en liderazgos que han logrado, al menos temporalmente, administrar la conflictividad social y construir una narrativa política eficaz. No necesariamente son los que mejor han resuelto los problemas estructurales de sus países, sino los que han sabido capitalizar la demanda social de orden en contextos de incertidumbre.
El otro extremo
En la parte baja del ranking se ubican mandatarios cuyos niveles de aprobación reflejan crisis políticas y económicas profundas.
- José María Balcázar (Perú) es el peor evaluado con apenas 25,2%. Perú atraviesa desde hace años una crisis institucional que ningún gobierno logra resolver. La fragmentación del Congreso, la debilidad del Ejecutivo y la conflictividad social recurrente han convertido a la presidencia en un cargo de altísimo desgaste. Balcázar, que asumió en medio de una nueva crisis política, no ha logrado construir los puentes necesarios para gobernar.
- Delcy Rodríguez (Venezuela) aparece segunda desde abajo con 26,4%, un dato que, en el contexto venezolano, tiene una lectura específica. La aprobación de la presidenta encargada refleja no solo el deterioro económico de un país que acumula años de hiperinflación y emigración masiva, sino también la crisis de legitimidad de un régimen que sobrevive más por control político que por consenso social.
- Daniel Noboa (Ecuador) se ubica tercero desde abajo con 33,5%. El joven presidente ecuatoriano enfrenta una tormenta perfecta: conflicto armado interno con bandas criminales, crisis energética que derivó en apagones prolongados y una economía dolarizada que no logra despegar. Su baja aprobación refleja la dificultad de sostener legitimidad cuando las promesas de orden chocan con la realidad de un Estado sobrepasado.
El patrón es claro: los peores evaluados son mandatarios que gobiernan economías con alta vulnerabilidad externa, procesos inflacionarios persistentes o crisis de gobernabilidad estructural. La restricción externa se manifiesta aquí en su forma política: cuando la economía se desmorona, la legitimidad se erosiona con ella.
La volatilidad como regla
El ranking también muestra variaciones significativas respecto al mes anterior, confirmando que la aprobación presidencial en la región es altamente volátil y sensible a la coyuntura económica y política.
- Luis Abinader fue el mandatario con mayor crecimiento (+3,9 puntos), un dato que refuerza su posición como uno de los líderes más estables de la región. República Dominicana ha logrado mantener tasas de crecimiento superiores al 5% en los últimos años, y el gobierno de Abinader ha sabido capitalizar ese desempeño económico en términos de respaldo político.
- Javier Milei (Argentina) registró la mayor caída (-4,5 puntos). El presidente argentino, que había construido su liderazgo sobre un discurso antisistema y una base social movilizada, enfrenta hoy el desgaste natural de un modelo de ajuste que comenzó a mostrar sus costos sociales. La caída de la actividad industrial, el aumento del desempleo juvenil al 16,8% y una inflación que no termina de ceder han erosionado la paciencia de sectores que inicialmente apoyaron su proyecto.
El caso de Milei es particularmente ilustrativo de la relación entre economía y legitimidad. Su aprobación, que llegó a superar el 50% en los primeros meses de gestión, comenzó a caer cuando los costos del ajuste se hicieron visibles en el bolsillo de las familias y en la pérdida de empleo industrial.
Claves de lectura
Más allá de los porcentajes, el ranking de CB Consultora permite identificar patrones estructurales que explican la dinámica política de la región.
1. Aprobación y orden político
Los gobiernos mejor posicionados comparten características comunes: muestran capacidad de control político interno, construyen relatos de estabilidad o seguridad, y mantienen cohesión en su base social. No es casual que los dos primeros lugares sean ocupados por mandatarios que han centralizado el poder (Sheinbaum a través de un movimiento político consolidado; Bukele mediante una estrategia de control territorial) y que el tercer lugar corresponda a un gobierno que ha priorizado la estabilidad macroeconómica.
2. Economía y legitimidad
En América Latina, la aprobación presidencial está estrechamente vinculada a variables económicas concretas: inflación, ingresos reales y expectativas económicas. Cuando estas variables se deterioran, la legitimidad política se erosiona rápidamente. El caso de Milei es paradigmático: su caída en las encuestas coincide con un empeoramiento de los indicadores de consumo, empleo y poder adquisitivo.
3. Fragmentación del sistema político
El ranking muestra una región sin hegemonías claras. No hay liderazgos regionales dominantes. Coexisten modelos políticos divergentes (desde el “orden” salvadoreño hasta el ajuste argentino, pasando por la estabilidad dominicana) y se profundiza la fragmentación ideológica y territorial. América Latina no tiene un eje que la ordene, sino un mapa de islas políticas que se mueven según sus propias lógicas.




