El gobierno de Javier Milei lanzó esta semana un nuevo bono en dólares con vencimiento en 2028 y una tasa del 6% anual, con el objetivo de captar divisas en el mercado local para enfrentar los vencimientos de deuda de julio próximo. La operación, presentada por el ministro de Economía Luis Caputo como un paso hacia el “desarrollo del mercado de capitales doméstico”, se suma a una serie de iniciativas que incluyen emisiones quincenales, recompras de deuda en el mercado secundario y la venta de empresas públicas como Intercargo.
El gobierno celebra el superávit fiscal, presume de haber cumplido las metas con el FMI y asegura que “va a pagar siempre y va a honrar todas sus deudas” . Pero detrás del discurso triunfalista, la foto de fondo es menos épica: el Estado argentino sigue emitiendo deuda para pagar deuda, las reservas netas son negativas en US$ 16.800 millones, y el ministro que hoy diseña esta estrategia es el mismo que, durante el gobierno de Mauricio Macri, fue uno de los arquitectos del mayor endeudamiento de la historia argentina con el Fondo Monetario Internacional.
Un bono para captar dólares locales
El viernes 27 de marzo, el Ministerio de Economía llevó a cabo la licitación de un nuevo bono en dólares bajo legislación argentina, con vencimiento en octubre de 2028 y una tasa de interés fija del 6% anual. La operación, que forma parte de una serie de emisiones quincenales que el gobierno viene realizando desde principios de año, busca captar hasta US$ 2.000 millones en el mercado local para hacer frente a los vencimientos de deuda que el Tesoro enfrenta en julio próximo, estimados en más de US$ 4.000 millones.
El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó la iniciativa como parte de una estrategia más amplia para “consolidar y desarrollar el mercado de capitales doméstico, porque queremos que las empresas argentinas y el propio Estado se financien cada vez más en el país y dependan menos de la ayuda externa”. En su última presentación pública, el funcionario intentó llevar calma a los empresarios y aseguró: “Este es un gobierno que va a pagar siempre y va a honrar todas sus deudas”.
La letra chica de la operación, sin embargo, revela una realidad menos glamorosa. Según datos del Banco Central, los vencimientos de deuda para 2026 ascienden a unos US$ 12.000 millones, de los cuales una parte se cubrirá con desembolsos del FMI y otros organismos, dejando un saldo a financiar de entre US$ 9.000 y US$ 10.000 millones. El gobierno ya lleva colocados unos US$ 250 millones a través del bono AO27, y ahora suma esta nueva emisión con la esperanza de cubrir el resto.
El contexto de fondo
El problema de fondo es que el Estado argentino no tiene dólares para pagar la deuda que ya tiene, y la estrategia para conseguir esos dólares es emitir más deuda. Las reservas netas del Banco Central, según la metodología del Fondo Monetario Internacional, se ubican en -US$ 16.800 millones, el nivel negativo más alto de la serie. En los primeros dos meses del año, las reservas brutas crecieron cerca de US$ 5.000 millones, pero ese aumento se explica más por factores financieros que por un fortalecimiento genuino del frente externo: encajes bancarios, swaps, préstamos repo y el aumento del precio del oro.
El economista jefe de FIEL, Daniel Artana, reconoció que “la Argentina, para hacer frente a los vencimientos ha recurrido a colocar bonos en otro lado, los REPO del Banco Central, y también a la iniciativa que le ha resultado muy bien al Gobierno de captar ahorristas del mercado local”. Y admitió que, en 2027, cuando los vencimientos serán aún mayores (más de US$ 21.000 millones), “será necesario intentar colocar bonos en el mercado internacional, porque no parece que el mercado local tenga capacidad suficiente para financiar todo lo que se necesita”.
El economista José Castillo fue más contundente: “A hoy la Tesorería no tiene los 4.600 millones de dólares guardados para pagar los vencimientos de enero” de 2026, y el problema mayor llega después: “A lo largo de 2026 y 2027 vencen 41.000 millones de dólares, más o menos 26.000 el año que viene. Ese monto, obviamente, es imposible de pagar sin refinanciarlo”.
El ministro que firmó la deuda que hoy hay que pagar
La ironía (o la coherencia, según se mire) es que el ministro que hoy diseña esta estrategia de financiamiento es el mismo Luis Caputo que, durante el gobierno de Mauricio Macri, fue el artífice del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que endeudó al país en más de US$ 57.000 millones.
Caputo, a quien Macri llegó a llamar “el Messi de las Finanzas”, fue ministro de Finanzas durante tres meses en 2018, tiempo suficiente para ser uno de los principales negociadores del acuerdo que, según la denuncia criminal que el gobierno de Alberto Fernández impulsó en 2021, violó el convenio constitutivo del FMI. El artículo VI de ese convenio establece que “ningún país miembro debe utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”. Y sin embargo, entre mayo de 2018 y octubre de 2019, la fuga de capitales alcanzó los US$ 45.100 millones, casi el equivalente a lo que el FMI desembolsó en ese mismo período.
La investigación que impulsó el gobierno de Alberto Fernández, y que el presidente Javier Milei decidió archivar en febrero de 2026 mediante el Decreto 87/26, había acumulado pruebas contundentes. El Banco Central, en un informe presentado en mayo de 2020, destacó que una cuarta parte del préstamo por US$ 45.500 millones que otorgó el FMI se destinó a financiar la fuga de capitales especulativos. La Oficina Anticorrupción, en un informe incorporado a la causa, señaló que “las divisas (del préstamo del FMI) fueron utilizadas como un seguro de cambio para aquellos fondos que invirtieron en pesos en el fabuloso negocio de las Lebacs, y terminaron consumiéndose en la formación de activos externos, quebrantando los imputados la confianza del vínculo que los unía como funcionarios con los caudales públicos”.
El fiscal Franco Picardi, al apelar el archivo de la causa, fue categórico: el endeudamiento se contrajo “vulnerando la Constitución Nacional y las leyes nacionales y normas que regulan el funcionamiento de la administración pública nacional y la toma de crédito público; y, esgrimiendo argumentos falsos y engañosos en torno a los objetivos y los usos que se les darían a las divisas solicitadas”.
La paradoja del superávit
El gobierno de Javier Milei se jacta de haber alcanzado el superávit fiscal por segundo año consecutivo. Pero ese superávit es en pesos, no en dólares. Y la deuda que hay que pagar es en dólares.
El economista José Castillo lo explicó con claridad: “La solución sería que bajara el riesgo país a 500 puntos y entonces entrara financiamiento de capital del exterior”, aunque reconoció que “eso, hoy en día, no parece lo más probable”. Mientras tanto, el gobierno se financia con lo que tiene a mano: bonos en el mercado local, préstamos repo con bancos internacionales, swaps con Estados Unidos y China, y la venta de activos del Estado.
Artana, con una honestidad que a veces escasea en el debate económico, reconoció que “es comprensible que el Gobierno busque evitar endeudarse a tasas elevadas en dólares, ya que eso generaría críticas, incluso de quienes suelen cuestionar ese tipo de decisiones”. Pero también advirtió que si el país no logra generar suficientes dólares por la vía del superávit comercial el financiamiento local no alcanzará.
El problema es que la generación genuina de divisas enfrenta sus propios obstáculos. Las reservas netas son negativas, la fuga de capitales continúa (solo en los primeros diez meses de vigencia del actual cepo, la compra de dólares para atesoramiento superó los US$ 35.000 millones), y la guerra en Medio Oriente, lejos de ayudar, agregó incertidumbre a los mercados emergentes.
El costo de la herencia
Lo que el gobierno de Milei está haciendo, en esencia, es pagar la deuda que el gobierno de Macri contrajo con el FMI y los bonistas privados. La deuda que, según la denuncia que Milei decidió archivar, se tomó violando la Constitución y las leyes argentinas, y que se fugó en forma de capitales especulativos que hoy están depositados en cuentas del exterior.
Esa deuda, que en 2018 y 2019 entró por una puerta y salió por la otra, hoy hay que pagarla. Y para pagarla, el gobierno de Milei hace exactamente lo mismo que hizo el gobierno de Macri: emite deuda.
La diferencia es que Macri emitía en Wall Street, mientras que Milei emite en el mercado local. Macri tomaba deuda en dólares con bancos internacionales; Milei toma deuda en dólares con ahorristas argentinos. Pero el principio es el mismo: pagar deuda con más deuda.
Y en el medio, el ministro que diseñó aquel endeudamiento es el mismo que hoy diseña este nuevo endeudamiento.
Conclusión
El gobierno de Javier Milei celebra el superávit fiscal, presume de haber cumplido las metas con el FMI y anuncia con bombo y platillo la emisión de un nuevo bono en dólares que, según el relato oficial, es un paso hacia el desarrollo del mercado de capitales local y la autonomía financiera.
Pero los números fríos cuentan otra historia. Las reservas netas son negativas en US$ 16.800 millones. Los vencimientos de deuda para 2026 superan los US$ 9.000 millones. El gobierno paga esos vencimientos emitiendo deuda en el mercado local, ahorrando dólares de los argentinos que confían en que el Estado no defaulteará. Y el ministro que hoy firma esos bonos es el mismo que, en 2018, firmó el endeudamiento con el FMI que llevó la deuda pública del 50% al 98% del PBI.
El círculo vicioso es perfecto: Macri tomó deuda, Caputo la diseñó, esa deuda se fugó, Milei la heredó, Caputo la administra, y para pagarla, emite más deuda. Mientras tanto, el archivo de la causa judicial que investigaba si esa deuda original se tomó violando la Constitución garantiza que nadie, nunca, responderá por los US$ 57.000 millones que el Estado argentino sigue pagando.
El economista Claudio Lozano, al celebrar la querella criminal que el gobierno de Fernández impulsó en 2021, había dicho que la decisión “fijaría un límite al comportamiento impune que determinadas gestiones y funcionarios han tenido endeudando al Estado argentino”. Ese límite, hoy, ha sido borrado. Y el mismo funcionario que estuvo en el centro de aquel endeudamiento ahora administra el pago de esa deuda con el mismo libreto: más deuda.
Porque, en Argentina, pagar la deuda no es sinónimo de resolver el problema. Es, muchas veces, postergarlo. Y mientras el ministro celebra que “este es un gobierno que va a pagar siempre”, lo que no dice es que, para pagar, necesita seguir endeudando al país que ya no puede más.




