El G7 cerró sin acuerdo y evidenció una fractura histórica entre Estados Unidos y Europa. Las potencias europeas rechazan escalar la guerra en Irán y priorizan la vía diplomática. La tensión crece por el rol de Rusia y el impacto global del Estrecho de Ormuz.
El G7 cerró sin acuerdo y evidenció una fractura histórica entre Estados Unidos y Europa. Las potencias europeas rechazan escalar la guerra en Irán y priorizan la vía diplomática. La tensión crece por el rol de Rusia y el impacto global del Estrecho de Ormuz.

En la abadía de Vaux-de-Cernay, a 40 kilómetros de París, la reunión de cancilleres del G7 del 26 y 27 de marzo expuso una fractura transatlántica que no se veía desde la invasión de Irak en 2003. Mientras Estados Unidos esperaba respaldo para su guerra en Irán, encontró un frente europeo unificado en el escepticismo.

Francia dijo que el conflicto “no es nuestra guerra”. Alemania exigió claridad sobre los planes estadounidenses. Y el Reino Unido denunció que Irán está “tomando como rehén a la economía global” con el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial.

Pero la tensión más aguda tuvo otro origen: las acusaciones de que Rusia está proporcionando inteligencia y asistencia militar a Irán para atacar a las fuerzas estadounidenses. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, fue explícita: “Rusia está ayudando a Irán con inteligencia para atacar a los estadounidenses, para matar estadounidenses”.

El canciller alemán Johann Wadephul advirtió que la cooperación entre Moscú y Teherán exige “unirnos aún más”. Moscú negó las acusaciones, pero el daño diplomático ya estaba hecho. En un gesto inédito, los ministros no lograron acordar un comunicado conjunto; Francia, como anfitriona, emitirá una declaración por su cuenta.

Un G7 sin consenso

La reunión de cancilleres del G7 que concluyó este viernes en las afueras de París debía ser una muestra de unidad entre las principales democracias occidentales. En cambio, se convirtió en el escenario de una fractura que viene gestándose desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 y que la guerra en Medio Oriente terminó de exponer.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, llegó a la abadía de Vaux-de-Cernay el viernes por la mañana, luego de haberse saltado el primer día de deliberaciones. Su misión era compleja: vender a los aliados europeos la estrategia de Estados Unidos en la guerra contra Irán que comenzó el 28 de febrero con el ataque conjunto que acabó con la vida del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí.

Pero el mensaje que recibió de sus homólogos fue, cuando menos, frío. La ministra de las Fuerzas Armadas de Francia, Catherine Vautrin, fue categórica: el conflicto en Medio Oriente “no es nuestra guerra”, dijo en declaraciones a Europe 1 y CNews, insistiendo en que la posición francesa es estrictamente defensiva y que “el objetivo es realmente este enfoque diplomático, que es el único que puede garantizar un retorno a la paz” .

El secretario de Estado británico, Yvette Cooper, reconoció diferencias con Estados Unidos. “Hemos adoptado el enfoque de apoyar acciones defensivas, pero también hemos adoptado un enfoque diferente sobre la acción ofensiva que ha tenido lugar como parte de este conflicto”, declaró.

El canciller alemán, Johann Wadephul, fue más diplomático, pero igualmente firme: dejó claro que Alemania está dispuesta a “desempeñar un papel después del fin de las hostilidades” en la seguridad del Estrecho de Ormuz, pero no antes. También exigió claridad sobre los planes estadounidenses: los aliados necesitan saber “cómo procederá Estados Unidos” en Irán, y Rubio podría “quizás explicar esto con más precisión”.

“NATO no ha hecho absolutamente nada”

Si la tarea de Rubio ya era difícil, las declaraciones del presidente Trump del jueves la hicieron casi imposible. Durante una reunión de gabinete en Washington, Trump lanzó una andanada de críticas contra los aliados de la OTAN, quejándose de que no habían respondido a los pedidos de ayuda de Estados Unidos e Israel en la guerra con Irán.

“Estamos muy decepcionados con la OTAN porque la OTAN no ha hecho absolutamente nada”, dijo Trump en declaraciones que fueron luego replicadas por su secretario de Estado. Y añadió: “Estamos allí para proteger a la OTAN, para protegerlos de Rusia. Pero ellos no están allí para protegernos a nosotros”.

Las palabras de Trump resonaron en la abadía francesa. Según reportó PBS, los aliados europeos “todavía están resentidos por las demandas anteriores de Trump de tomar Groenlandia de la aliada de la OTAN, Dinamarca, y están preocupados por el apoyo de Estados Unidos a Ucrania en su guerra con Rusia”. El conflicto en Medio Oriente no hizo más que agregar un nuevo punto de tensión.

Rubio intentó minimizar el impacto. Preguntado por periodistas antes de partir, dijo que no estaba preocupado por el malestar del G7. “No estoy allí para hacerlos felices”, declaró con franqueza. “Me llevo bien con todos ellos a nivel personal, y trabajamos con esos gobiernos con mucho cuidado, pero las personas a las que me interesa hacer felices son las personas de los Estados Unidos. Para eso trabajo. No trabajo para Francia, Alemania o Japón”.

El estrecho de Ormuz

El principal punto de fricción concreto entre Estados Unidos y sus aliados es el Estrecho de Ormuz. Irán ha bloqueado efectivamente el paso, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado que se comercializa en el mundo. El resultado ha sido una disparada de los precios energéticos: el Brent superó los US$ 110 por barril el viernes.

La respuesta de los aliados europeos al pedido de Trump de enviar buques de guerra para reabrir el estrecho ha sido un no rotundo. Todos los países del G7, con excepción de Japón, son miembros de la OTAN. Y todos declinaron educadamente la solicitud de desplegar fuerzas navales para apoyar a Estados Unidos e Israel.

Pero los europeos están dispuestos a negociar. Según reportó UPI, los ministros europeos estaban listos para presionar por un compromiso: ayuda con el estrecho a cambio de desescalada. La fórmula sería simple: asistencia para garantizar la seguridad marítima después de que cesen las hostilidades, a cambio de que Estados Unidos e Israel acuerden un alto el fuego y una salida negociada.

Cooper fue contundente al describir la urgencia. “Irán no puede simplemente tomar como rehén a la economía global como resultado de un estrecho que se trata de rutas marítimas internacionales y la libertad de navegación”, declaró.

En un gesto para mostrar que Europa puede contribuir sin entrar en la guerra, Francia organizó una videoconferencia con representantes de 35 países para discutir cómo reabrir el Estrecho de Ormuz “una vez que la intensidad de las hostilidades haya disminuido lo suficiente”. El general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor francés, había dicho esta semana que Estados Unidos “es cada vez menos predecible y ni siquiera se molesta en informarnos cuando decide participar en operaciones militares”.

La sombra de Rusia

Pero la revelación más explosiva de la reunión del G7 no tuvo que ver directamente con Irán, sino con su principal aliado internacional: Rusia. Dos fuentes de seguridad occidentales y un funcionario regional cercano a Teherán confirmaron a Reuters que Moscú ha estado proporcionando imágenes satelitales a Irán y ayudando a Teherán a actualizar sus drones para emular las versiones que Rusia ha utilizado contra Ucrania.

La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, fue la más explícita. “Rusia está ayudando a Irán con inteligencia para atacar a los estadounidenses, para matar estadounidenses”, declaró, y agregó que Moscú también apoya a Teherán con drones para que pueda atacar a países vecinos y bases militares estadounidenses.

Cooper expresó la “profunda preocupación” británica por estos vínculos. “Estamos profundamente preocupados por los vínculos entre Rusia e Irán que han sido duraderos en términos de capacidades compartidas, por ejemplo, drones proporcionados por Irán a Rusia que han estado involucrados en el conflicto en Ucrania”, dijo. “También hemos visto apoyo de Rusia proporcionado a Irán en el conflicto de Medio Oriente”.

El canciller alemán Wadephul fue más allá: “Necesitamos fortalecer nuestra unidad. Dado que Irán y Rusia están trabajando juntos de la manera más estrecha, debemos unirnos aún más”. Y advirtió sobre un riesgo estratégico: “Putin espera cínicamente que la escalada en Medio Oriente desvíe nuestra atención de sus crímenes en Ucrania”.

El ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, se sumó al diagnóstico: “Hay razones para creer que hoy Rusia está apoyando los esfuerzos de Irán, tanto militares como de otro tipo, que parecen estar dirigidos, en particular, contra objetivos estadounidenses”.

Moscú niega rotundamente. El canciller ruso, Sergei Lavrov, en una entrevista con France 2 televisión, reiteró las negativas de Moscú. “Hemos suministrado a Irán equipo militar, pero no podemos aceptar las acusaciones que se nos hacen de que estamos transmitiendo inteligencia a Irán”, dijo según la traducción de la cadena francesa.

Rubio, por su parte, restó importancia a las acusaciones. Antes de partir hacia Europa, dijo que “Rusia se está concentrando principalmente en la guerra que tiene ahora. Más allá de eso, no tengo nada que agregar por ahora”.

Ucrania

El temor de los aliados europeos no es solo que la cooperación ruso-iraní fortalezca a Teherán. Es que la guerra en Medio Oriente termine desviando la atención y los recursos de Washington de Ucrania, justo cuando las negociaciones para un alto el fuego con Rusia está estancada.

Wadephul fue categórico: “Nuestro apoyo conjunto a Ucrania no debe desmoronarse ahora. Eso sería un error estratégico con miras a la seguridad euroatlántica”. Y añadió una advertencia sobre las consecuencias de cualquier debilitamiento del apoyo occidental: “Esta guerra en Oriente Medio no debe jugar en manos de Putin”.

Kallas, la jefa de la diplomacia europea, vinculó directamente los dos conflictos a través de los precios del petróleo. “El aumento del precio del petróleo está dando a Rusia la posibilidad de financiar esta guerra nuevamente, lo cual no es realmente bueno para los ucranianos”.

Rubio, en un intento por calmar las aguas, publicó en X una foto de su reunión con los cancilleres y afirmó: “Reiteré que el presidente Trump está comprometido a lograr un alto el fuego y una solución negociada para la guerra entre Rusia y Ucrania lo antes posible”.

Pero los europeos escucharon esa promesa con escepticismo. Un funcionario italiano dijo que los aliados enfatizarían que cualquier acuerdo debe ser aceptable para Kyiv. “Reiteraremos el firme apoyo a Kyiv y a los esfuerzos de mediación de Estados Unidos, enfatizando la necesidad de mantener una fuerte presión sobre Moscú a través de sanciones”.

El gesto inédito

En un signo inequívoco de la profundidad de la grieta, los ministros del G7 no lograron ponerse de acuerdo en un comunicado conjunto al final de la reunión. En lugar de la declaración unificada que solía coronar este tipo de encuentros, será Francia, como país anfitrión, la que emita una declaración por su cuenta.

Una fuente diplomática citada por varios medios explicó que la decisión refleja “la distancia entre Estados Unidos y sus aliados”. Es un gesto sin precedentes en la historia reciente del G7, que nació hace 50 años en el cercano castillo de Rambouillet con la vocación de construir consensos entre las principales economías democráticas.

A pesar de las tensiones, el encuentro no fue un fracaso total. Francia convocó a 35 países a una reunión militar para discutir la reapertura del estrecho. Y se invitó a los cancilleres de Brasil, India, Arabia Saudita y Corea del Sur, en un intento de ampliar el alcance de las deliberaciones más allá del núcleo occidental.

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