Alemania, Italia, Francia y Bélgica concentran los mayores golpes: el precio del gas subió 90%, los costos energéticos se duplicaron y las plantas químicas operan con márgenes negativos. En Leuna, el corazón químico de Alemania, una planta de Domo Chemicals cayó en insolvencia tras un aumento de la factura de gas de €10 a €17 millones mensuales, un 70% más en apenas tres años.
En toda Europa, los fertilizantes subieron 26%, el aluminio 9%, el hélio se encareció 35% tras el cierre de la planta qatarí de Ras Laffan. Mientras las energéticas como Repsol y TotalEnergies actúan como refugio en bolsa, la banca, la industria automotriz y el lujo registran caídas de hasta dos dígitos.
El BERD advirtió que el crecimiento de Europa emergente podría recortarse hasta 0,4 puntos y que los efectos persistirán incluso después del fin de las hostilidades.
La tormenta perfecta
Cuando los misiles comenzaron a caer sobre las instalaciones energéticas de Qatar y Arabia Saudita en la segunda semana de marzo, la industria europea sintió el impacto en sus costos de producción. El Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado que se comercializa en el mundo, quedó efectivamente bloqueado por las hostilidades entre Irán, Estados Unidos e Israel.
El resultado fue una volatilidad que los mercados energéticos no vivían desde la invasión rusa de Ucrania. El Brent, que cotizaba a US$ 73 por barril el 27 de febrero, superó los US$ 100 en marzo, con picos que rozaron los US$ 120. Los precios del gas natural europeo se dispararon: el TTF holandés, referencia continental, subió más de 90% respecto a los niveles previos al conflicto.
Pero la magnitud del shock va más allá de los números. Según un informe del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), “el conflicto muestra con qué rapidez los shocks geopolíticos pueden propagarse a través de los mercados energéticos, las cadenas de suministro y las condiciones financieras”. La economista jefa del BERD, Beata Javorcik, advirtió que “el aumento de los precios de la energía llega en un momento ya desafiante para el sector manufacturero europeo”.
Los países más afectados
La vulnerabilidad de cada economía europea ante el shock energético depende de su dependencia de los hidrocarburos importados y de la eficiencia energética de su tejido industrial. Un análisis de S&P Global Ratings identifica a Hungría y Turquía entre los más expuestos debido a su combinación de alta dependencia de importaciones y grandes sectores manufactureros con baja eficiencia energética.
En Alemania, la mayor economía de Europa, la situación es particularmente grave. El Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) proyecta que el aumento de los costos energéticos impulsará la inflación en 0,4 puntos porcentuales en 2026. El crecimiento proyectado para 2026 fue recortado al 1%, 0,3 puntos menos que las previsiones anteriores.
| País | Impacto esperado | Factor crítico |
| Alemania | Crecimiento recortado 0,3 pp | Dependencia de químicos y automotriz |
| Hungría | Alta sensibilidad a precios del gas | Gran sector manufacturero energo-intensivo |
| Turquía | Alta sensibilidad a precios del gas | Dependencia de fertilizantes del Golfo |
| Italia | Elevada dependencia energética | 36% de gas en su matriz energética |
| Bélgica | Alta intensidad energética del PIB | Puerta de entrada de GNL |
En el otro extremo, Francia y los países nórdicos están mejor posicionados para resistir el shock.
La industria química
La industria química europea es la más expuesta a la crisis. Según un análisis de S&P Global Ratings, “el sector químico europeo es particularmente vulnerable debido a su fuerte dependencia de las importaciones de hidrocarburos y materias primas petroquímicas”. La industria ya estaba bajo presión por la debilidad prolongada de la demanda, los altos costos energéticos y el exceso de capacidad persistente.
El caso de Leuna
En el este de Alemania, la ciudad de Leuna se ha convertido en el símbolo de la crisis. Allí, la planta de Domo Chemicals, que produce compuestos utilizados en tanques de combustible, trajes de baño y envases de alimentos, se declaró en insolvencia después de quedarse sin efectivo para operar.
La factura mensual de gas del parque químico pasó de €6 millones antes de la guerra de Ucrania a €10 millones después, y con los precios actuales alcanzará los €17 millones. El director del sitio, Christof Günther, fue categórico: “En la práctica, veremos cómo se cierran plantas químicas. La industria química y las industrias energointensivas en Alemania se encuentran en un estado de emergencia aguda”.
Domo Chemicals no es un caso aislado. Según la consultora Roland Berger, desde 2022 los cierres de plantas en Europa se multiplicaron por seis y las inversiones en el sector cayeron más del 80%. En Leuna, Dow Chemical cerrará una planta de etileno en 2027, mientras que SKW Piesteritz, productora de amoníaco, sigue bajo presión.
Las cifras de la agonía
- BASF, la mayor química de Europa, eliminó 4.800 puestos de trabajo en los últimos dos años
- Ineos, propiedad del multimillonario Jim Ratcliffe, vio cómo sus bonos eran objeto de ventas en corto
- El índice de química europeo acumula pérdidas superiores al 15% desde el inicio del conflicto
Jim Ratcliffe lo resumió con crudeza: “La industria está en proceso de cierre. Sin una industria química, no podemos mantener hospitales, no podemos alimentar a la gente, no podemos defendernos”.
Fertilizantes, aluminio y hélio
El impacto del conflicto no se limita a la energía. La región del Golfo es un proveedor clave de materias primas industriales y agrícolas, y las interrupciones están generando aumentos de precios que se propagan por toda la cadena productiva.
| Producto | Aumento desde inicio conflicto | Uso principal |
| Urea (fertilizante) | +26% | Alimentos |
| Hélio | +35% | Semiconductores, resonancias magnéticas |
| Polietileno | +15% | Plásticos, envases |
| Polipropileno | +16% | Automoción, construcción |
| Aluminio primario | +9% | Industria manufacturera |
El caso del hélio es particularmente crítico. El complejo qatarí de Ras Laffan, responsable del 30% de la oferta mundial, fue cerrado tras los ataques. El gas es indispensable para la fabricación de semiconductores, resonancias magnéticas y fibra óptica. Los precios ya subieron un 35% y los inventarios se agotan.
En el sector agrícola, la suba de los fertilizantes amenaza con trasladarse a los alimentos. Según el BERD, entre el 25% y el 35% del comercio mundial de materias primas para fertilizantes pasa por el Estrecho de Ormuz, lo que crea un vínculo directo entre el conflicto y los precios de los alimentos.
En Bulgaria, la Comisión Estatal de Bolsas y Mercados de Mercancías ya reportó aumentos de entre el 11% y el 19% en los precios mayoristas de manzanas, tomates y bananas en la última semana. En Alemania, el Instituto Económico Alemán advirtió que los precios de cereales, maíz, soja y carne también podrían subir debido al encarecimiento de los fertilizantes.
La reacción de los mercados
En las bolsas europeas, la crisis está generando una fuerte divergencia sectorial. Según el análisis de XTB, los índices europeos han sido los más penalizados a nivel global debido a su alta dependencia del gas y petróleo importado.
El Euro Stoxx 50, el principal índice de la eurozona, acumula caídas superiores al 10% desde el inicio del conflicto. Pero dentro de ese promedio, la divergencia es notable:
- Energéticas: Repsol, ENI y TotalEnergies actúan como refugio, subiendo hasta un 15% impulsadas por el repunte del crudo.
- Renovables: Solaria y otras energéticas verdes también se benefician, ya que los gobiernos europeos aceleran las políticas de independencia energética.
- Banca: Deutsche Bank y UniCredit caen más del 12% ante el temor a una desaceleración económica.
- Industria: Siemens y Saint-Gobain caen por el aumento de costos de materias primas.
- Lujo: LVMH y Hermès caen más del 10% por la desaceleración de la demanda en Medio Oriente, una región clave para su crecimiento.
- Consumo: Adidas cae ante la posibilidad de un menor gasto y subas de tasas de interés.
El IBEX 35, aunque también en negativo, muestra una relativa resiliencia gracias al peso del sector energético. Sin embargo, valores cíclicos como ArcelorMittal o CaixaBank concentran las mayores caídas.
El impacto en la economía real
Las consecuencias macroeconómicas ya se están reflejando en las proyecciones de organismos internacionales y bancos centrales.
El Banco Central Europeo advirtió en sus proyecciones de marzo que la guerra en Medio Oriente “volvió a oscurecer las perspectivas” de la economía europea. El BCE elevó su previsión de inflación para 2026 al 2,6% (desde el 1,9% de diciembre) y recortó el crecimiento al 0,9% (desde el 1,2%).
El BERD fue más lejos. En su informe del 26 de marzo, el banco con sede en Londres advirtió que, en un escenario de prolongación del conflicto, el crecimiento de las regiones donde opera (Europa emergente, Mediterráneo y Asia Central) podría recortarse hasta 0,4 puntos porcentuales. Además, “incluso en el mejor de los casos, las consecuencias probablemente persistirán más allá del fin de las hostilidades”.
Para Alemania, el DIW proyecta un crecimiento del 1% para 2026 y del 1,4% para 2027, cifras que son 0,3 y 0,2 puntos inferiores a las previsiones anteriores. En Portugal, el primer ministro Luís Montenegro reconoció que el país podría registrar un déficit en 2026 debido a las “circunstancias excepcionales” vinculadas a la crisis energética.
Franziska Palmas, economista sénior de Capital Economics, señaló que el crecimiento de la eurozona probablemente se desacelerará drásticamente, aunque el bloque aún evitaría una recesión con dos trimestres de estancamiento. Carsten Brzeski, de ING Research, fue más pesimista: en un escenario severo, el aumento de los precios de la energía podría reducir el crecimiento de la eurozona en 0,5 puntos porcentuales en 2026, llevando a la economía a una recesión técnica en el verano.
Las consecuencias sociales
El impacto en los hogares europeos ya se siente en las facturas de luz y en los precios de los alimentos. Según datos de la Comisión Europea citados por el comisario de Energía, Dan Jørgensen, “casi uno de cada diez europeos enfrenta dificultades para calentar su hogar” y “más de 30 millones de personas tienen problemas para pagar sus facturas de electricidad a tiempo”.
En el Reino Unido, la Cámara de Comercio Británica advirtió que el conflicto podría comprometer el reciente progreso en el control de la inflación. David Bharier, jefe de investigación de la entidad, señaló que “nuestra previsión económica más reciente sugiere que la inflación probablemente alcanzará el 2,7% en el cuarto trimestre de 2026, y no prevemos nuevos recortes en las tasas de interés en el corto plazo”.
El impacto laboral también es significativo. Según el Banco Central Europeo, si los precios de la energía aumentaran permanentemente un 10%, los sectores más intensivos en energía perderían hasta el 2% de sus empleos. En Leuna, los trabajadores del sector químico temen que la planta de Domo no encuentre inversor antes de fin de mes, cuando vence el financiamiento de emergencia del estado de Sajonia-Anhalt.
Manuela Grieger, de 65 años, que trabajó más de cuatro décadas en el polo químico de Leuna, resumió el sentimiento colectivo: “En principio, creo que cuando algo se destruye, puede surgir algo nuevo. Pero en este momento, no veo la luz al final del túnel. Todo está en llamas y no hay un punto brillante. No estoy acostumbrada a eso”.




