El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo las tasas en 2,00% en su reunión del 19 de marzo, pero el tono de su presidenta, Christine Lagarde, fue el más restrictivo desde el inicio del conflicto en Medio Oriente. La guerra que comenzó el 28 de febrero con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán ya impactó en las proyecciones del BCE: la inflación para 2026 fue revisada al alza del 1,9% al 2,6%, mientras que el crecimiento se redujo del 1,2% al 0,9%.
En los mercados, las expectativas de subas se multiplicaron: los inversores descuentan con un 75% de probabilidad que la tasa de depósitos alcance el 2,75% en diciembre, lo que implicaría entre dos y tres aumentos en 2026. Los miembros del Consejo de Gobierno del BCE dejaron claro que la decisión dependerá de la duración del conflicto. El gobernador del banco central de Bélgica, Pierre Wunsch, fue explícito: si la guerra se extiende más allá de junio, el BCE “probablemente tendrá que actuar”.
El punto de partida
El 19 de marzo de 2026, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo decidió mantener sin cambios los tres tipos de interés de referencia: la tasa de depósitos en 2,00%, la de refinanciamiento en 2,15% y la de préstamos marginales en 2,40%. Fue la novena reunión consecutiva sin modificaciones desde junio de 2025.
Pero la decisión en sí misma ocultó un cambio de fondo en la comunicación del BCE. En la conferencia de prensa posterior, la presidenta Christine Lagarde describió un escenario que nadie esperaba hace un mes: la guerra en Medio Oriente ha vuelto el panorama “significativamente más incierto”, generando “riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico”.
El comunicado oficial fue explícito en señalar al conflicto como el factor desestabilizador. “La guerra en Medio Oriente tendrá un impacto material en la inflación a corto plazo a través del encarecimiento de la energía”, advirtió el BCE. La institución dejó claro que sus próximas decisiones dependerán de “la intensidad y la duración del conflicto” y de cómo los precios de la energía afectan los precios al consumidor y la economía en su conjunto.
Las nuevas proyecciones
Las proyecciones macroeconómicas que acompañaron la decisión del BCE incorporaron por primera vez los efectos del conflicto. El personal técnico del banco utilizó una fecha de cierre excepcionalmente tardía para capturar los primeros impactos de la guerra.
El resultado fue un ajuste significativo de las previsiones:
| Indicador | Proyección diciembre 2025 | Proyección marzo 2026 | Variación |
| Inflación 2026 | 1,9% | 2,6% | +0,7 p.p. |
| Inflación subyacente 2026 | 2,0% | 2,3% | +0,3 p.p. |
| Crecimiento 2026 | 1,2% | 0,9% | -0,3 p.p. |
El BCE también presentó dos escenarios alternativos para evaluar el impacto de un shock energético más severo y persistente:
| Escenario | Precio del petróleo | Precio del gas | Impacto inflacionario |
| Escenario adverso | Pico de US$ 120 en 2T 2026 | Pico de 90€ en 2T 2026 | Inflación supera el 4% en 2S 2026 |
| Escenario severo | Pico de US$ 145 en 2T 2026 | Pico de 106€ en 2T 2026 | Inflación supera el 6% a principios de 2027 |
El BCE aclaró que estos escenarios no incorporan una respuesta de política monetaria, lo que significa que los efectos reales podrían ser menores si la institución actúa para contener las expectativas inflacionarias.
Por qué el BCE podría subir las tasas
El argumento central que empuja al BCE hacia una subida de tasas es la memoria de la crisis inflacionaria de 2022. Cuando estalló la guerra en Ucrania, la institución asumió que el repunte de los precios de la energía era transitorio y demoró su respuesta hasta que la inflación superó el 8%, cuatro veces su objetivo.
Esa experiencia dejó una lección que Lagarde ha interiorizado. En un discurso del 25 de marzo, la presidenta del BCE advirtió que incluso si la suba de precios derivada de la guerra en Irán no se prolonga demasiado, la institución podría verse obligada a subir las tasas. Su argumento fue contundente: permitir que un repunte “significativo” de la inflación pase inadvertido, aunque sea pasajero, podría convertirse en un “riesgo de comunicación” para la institución. “El público podría tener dificultades para entender que el BCE no reaccione ante una subida de precios”, afirmó.
El temor central es que el shock energético genere efectos de segunda ronda: que los aumentos en los precios del petróleo y el gas se trasladen al resto de la economía a través de demandas salariales y ajustes de precios por parte de las empresas. “Si la perturbación da lugar a un rebasamiento considerable, aunque no demasiado persistente, de nuestro objetivo, podría justificarse un ajuste mesurado de la política monetaria”, declaró Lagarde.
La presidenta del BCE destacó tres criterios clave que guiarán la decisión: las perspectivas de inflación, la dinámica de los precios subyacentes y la fortaleza de la transmisión de la política monetaria. En ese marco, el BCE seguirá un enfoque “reunión por reunión”, sin comprometerse de antemano con una trayectoria de tasas particular.
¿Cuándo y cuánto?
El debate sobre el timing de las subidas divide a los analistas y a los propios miembros del Consejo de Gobierno del BCE. Bank of America prevé que la primera subida no llegará antes de junio o julio, con incrementos de entre 50 y 75 puntos básicos acumulados en ese período. La entidad no descarta por completo un movimiento en abril, pero lo condiciona a “sorpresas geopolíticas” que acerquen al escenario adverso o severo.
Pierre Wunsch, miembro del Consejo de Gobierno y gobernador del banco central de Bélgica, fue más explícito en una entrevista con Bloomberg el 26 de marzo. Wunsch señaló que la decisión dependerá de la evolución del conflicto:
- Si el conflicto se resuelve antes de abril, el BCE podría mantener las tasas sin cambios
- Si la guerra se extiende hasta junio, “probablemente tendremos que actuar”
- Si los datos económicos se acercan al escenario severo, el BCE “tendrá que actuar”
Wunsch también destacó que, si las expectativas del mercado asignan una probabilidad claramente superior al 50% a una subida en abril, eso “daría fuerza a quienes abogan por una subida”.
Peter Kazimir, otro miembro del Consejo, advirtió que “una posible reacción del BCE podría estar más cerca de lo que muchos piensan”, aunque pidió “actuar con tranquilidad” por el momento.
El mercado ya descontó estas señales. Según CaixaBank Research, tras la reunión del 19 de marzo los inversores cotizan con un 75% de probabilidad que la tasa de depósitos alcance el 2,75% en diciembre de 2026. Esto implicaría entre dos y tres subidas de 25 puntos básicos en lo que resta del año, la primera entre abril y junio y la segunda entre julio y septiembre.
El impacto económico
La combinación de inflación al alza y crecimiento a la baja es el peor escenario para cualquier banco central. Y es exactamente lo que el BCE proyecta para la eurozona en 2026.
El escenario base ya anticipa una inflación del 2,6% (muy por encima del objetivo del 2%) y un crecimiento de apenas el 0,9%. Pero los escenarios alternativos son más sombríos: en el escenario adverso, la inflación superaría el 4% en la segunda mitad del año, mientras que en el severo podría superar el 6% a principios de 2027.
El impacto en la economía real ya comenzó a sentirse. El indicador de confianza empresarial en Alemania cayó en marzo, afectado por la incertidumbre energética. En Portugal e Italia, los economistas advierten sobre un crecimiento más lento o incluso una recesión.
Lagarde reconoció que el shock energético afectará los ingresos reales y la confianza, lo que llevó a revisar a la baja las proyecciones de consumo e inversión para 2026. Sin embargo, destacó que el punto de partida es mejor que en 2022: la inflación se sitúa cerca del objetivo, las expectativas de inflación a largo plazo están ancladas, el mercado laboral muestra menos tensiones y las políticas fiscales son ahora más restrictivas.
El impacto político
La perspectiva de una subida de tasas en medio de una desaceleración económica coloca al BCE en una posición políticamente delicada. Lagarde buscó anticiparse a las críticas con un argumento basado en la credibilidad: no reaccionar ante un repunte inflacionario podría dañar la confianza del público en la institución.
Olli Rehn, gobernador del Banco de Finlandia, señaló que el BCE debe mirar más allá de las fluctuaciones de los precios del petróleo y centrarse en la situación general de la economía. Pero también reconoció que las expectativas de inflación a largo plazo deben mantenerse bien ancladas para evitar que el shock energético se vuelva permanente.
En el frente fiscal, el BCE lanzó un mensaje directo a los gobiernos de la eurozona: cualquier respuesta presupuestaria al shock de precios de la energía debe ser “temporal, focalizada y adaptada”. Es decir, se desaconsejan los subsidios generalizados o las rebajas impositivas permanentes que podrían tensionar las finanzas públicas y alimentar la inflación.
Lagarde también aprovechó para insistir en la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y completar la unión de los mercados de ahorro e inversión, un proyecto que considera “fundamental” para financiar la innovación y apoyar las transiciones ecológica y digital.




