El Dow Jones se disparó 1.125 puntos tras el anuncio de Trump de retirar tropas de Irán en "dos o tres semanas". El petróleo Brent cayó por debajo de los US$100. Analistas advierten que el rally es frágil y que el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado.
El Dow Jones se disparó 1.125 puntos tras el anuncio de Trump de retirar tropas de Irán en "dos o tres semanas". El petróleo Brent cayó por debajo de los US$100. Analistas advierten que el rally es frágil y que el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado.

El martes 31 de marzo, el Dow Jones se disparó 1.125 puntos (2,5%), el S&P 500 saltó 2,9%  y el Nasdaq trepó 3,8%. La euforia se extendió por todo el mundo: el Nikkei 225 de Japón se disparó 5,2%, el índice Asia-Pacífico de MSCI subió 4,3%, y el STOXX Europe 600 ganó 2,2%.

El detonante fue una frase de Donald Trump: las fuerzas estadounidenses abandonarán Irán en “dos o tres semanas, con o sin acuerdo”. Los mercados, que desde el inicio de la guerra el 28 de febrero habían acumulado pérdidas cercanas al 10%, reaccionaron como un resorte: el petróleo Brent cayó por debajo de los US$ 100 por barril, los bonos del Tesoro subieron y el oro retrocedió.

Pero detrás de la euforia hay una fragilidad que los analistas advierten con cautela: no hay garantías de que el Estrecho de Ormuz se reabra, Irán condiciona cualquier alto el fuego a reparaciones y garantías, y los precios del petróleo siguen siendo el principal factor de riesgo para una economía global que ya no sabe si la guerra terminó o si apenas está entrando en una nueva fase.

El rally que nadie esperaba

El martes 31 de marzo quedará registrado como el día en que Wall Street apostó a que la guerra con Irán tenía los días contados. El Dow Jones Industrial Average trepó 1.125 puntos (2,5%), el S&P 500 saltó 2,9% y el Nasdaq Composite se disparó 3,8%. Fue la mayor suba en un solo día desde que comenzó el conflicto, hace más de un mes.

La euforia no se quedó en Estados Unidos. En Asia, el índice MSCI de acciones de la región saltó 4,3%, el Nikkei 225 de Japón se disparó 5,2%, y Corea del Sur llegó a dispararse 8,4% en algunos momentos. En Europa, el STOXX 600 subió 2,2%, mientras que el DAX alemán avanzó 2,6% y el CAC 40 francés trepó 2,2%.

El detonante fue una declaración de Donald Trump desde el Despacho Oval: “Estaremos saliendo muy pronto. En dos o tres semanas. Con o sin acuerdo”. El anuncio se sumó a una serie de señales que los inversores interpretaron como el principio del fin: el secretario de Estado Marco Rubio habló de avistar la “línea de meta”, y medios internacionales reportaron que el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, había manifestado la “voluntad necesaria para poner fin a la guerra” siempre que se cumplieran ciertas condiciones.

La comparación con el inicio de la guerra

Para dimensionar la magnitud del rally, basta con mirar hacia atrás, apenas 31 días. El 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron el ataque conjunto que acabó con la vida del ayatolá Alí Jameneí, el barril de Brent cotizaba a US$ 73. En las semanas siguientes, el crudo superó los US$ 120, con picos que rozaron los US$ 125. La gasolina en Estados Unidos alcanzó un promedio nacional de US$ 4,06 por galón, un 36% más que un mes atrás.

Los mercados de acciones se desplomaron. El S&P 500 acumuló pérdidas cercanas al 10% desde su pico de febrero, y algunos índices asiáticos tuvieron su peor mes en 17 años. La volatilidad se convirtió en la norma, y los inversores se refugiaron en activos seguros: el dólar subió 2,4% en marzo, y el oro se disparó hasta rozar los US$ 4.800 la onza.

Ese es el contexto que hace del rally de esta semana un fenómeno tan notable. El martes, en 24 horas, el S&P 500 recuperó casi la mitad de lo que había perdido en cinco semanas. El Brent cayó por debajo de los US$ 100 por primera vez desde el inicio del conflicto. Y los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años bajaron a 4,31%, una señal de que los inversores comenzaban a desarmar sus posiciones defensivas.

La reacción del petróleo

El mercado energético fue el epicentro de la euforia. El Brent, que había llegado a cotizar a US$ 120 durante lo más crudo del conflicto, cayó a US$ 99,16 por barril en las operaciones del miércoles, una baja del 2,2%. En los momentos de mayor euforia, el crudo llegó a perforar los US$ 98, aunque luego recuperó terreno y se estabilizó por encima de los US$ 100.

Pero el alivio es, por ahora, frágil. Como señaló Thomas Mathews, jefe de mercados para Asia Pacífico de Capital Economics, “las esperanzas de desescalada han dado un respiro a los mercados, pero los efectos de la guerra persistirán en muchos casos incluso si la guerra terminara pronto”. El Estrecho de Ormuz sigue bloqueado, Irán amenaza con imponer peajes de hasta US$ 2 millones por buque, y los ataques continúan: el mismo miércoles, Irán golpeó un buque cisterna frente a Qatar y el aeropuerto de Kuwait.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) advirtió que las interrupciones en el suministro de petróleo aumentarán en abril y comenzarán a afectar la economía europea. Y la petrolera británica BP suspendió sus operaciones en el Golfo, una señal de que las compañías energéticas no confían en que la estabilidad regrese rápidamente.

Los riesgos que persisten

Los analistas más experimentados advierten que la euforia de esta semana puede ser un espejismo. Kyle Rodda, fue categórico: “No ha habido señales oficiales de que la guerra esté por terminar, ni de que el Estrecho de Ormuz sea más seguro para navegar”. Lo que impulsó el rally, según Rodda, fue una combinación de rebalanceo de carteras de fondos de pensiones y una “cacería” de gestores que necesitaban mejorar sus resultados trimestrales.

El veterano corredor de bolsa Marcus Padley fue aún más escéptico: “En este punto, tenemos mucho ruido sobre el rally, pero nada cierto sobre los avances hacia la paz. La declaración de Irán no está confirmada. Necesitamos pruebas más concretas de que algo ha cambiado realmente: que Irán ha ofrecido la paz en términos viables y que el Estrecho de Ormuz va a abrirse. No tenemos nada de eso”.

El propio Trump añadió incertidumbre al afirmar que otros países dependientes del petróleo deberían “armarse de valor” e “ir a buscar su propio petróleo”, una declaración que fue interpretada como una invitación a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita a desplegar sus propias fuerzas militares para reabrir el Estrecho. The Wall Street Journal reportó que los Emiratos están presionando por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorice acciones militares para reabrir la vía.

El analista Nick Twidale, de AT Global Markets en Sídney, resumió la fragilidad del optimismo: “El mercado está interpretando esto como una señal integralmente positiva, de que el conflicto se está acercando a su fin. Pero, personalmente, no estoy completamente convencido a más largo plazo. Creo que habrá más volatilidad impulsada por las noticias en los próximos días, y los inversores pronto querrán ver pruebas concretas de que la guerra está realmente por terminar”.

El impacto económico

La reacción de los mercados no es caprichosa. Detrás de la euforia de esta semana hay una apuesta de billones de dólares sobre cómo se resolverá la guerra y, sobre todo, sobre el destino del Estrecho de Ormuz. Por allí transita aproximadamente el 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. Si el Estrecho se reabre por completo, los precios del petróleo podrían caer por debajo de los US$ 80, aliviando la presión inflacionaria en Estados Unidos y Europa. Si permanece bloqueado o bajo control iraní, la inflación seguirá siendo el principal riesgo para la economía global.

La Reserva Federal, que había mantenido las tasas en 3,50%-3,75% en su última reunión, podría verse obligada a postergar cualquier recorte si los precios del petróleo se mantienen elevados. Los mercados de futuros ya descuentan solo dos recortes para 2026, frente a los tres que se esperaban antes de la guerra.

El economista Yang Delong, de China, señaló que el impacto de la guerra en los mercados globales es una prueba de la fragilidad de la economía mundial: “Petróleo es la sangre de la industria. Su aumento de precio empuja directamente los precios de productos derivados como los químicos, afecta la rentabilidad de las empresas químicas y, al mismo tiempo, aumenta los costos económicos generales, generando preocupación entre los inversores sobre un repunte de la inflación global”.

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