El yen y el won mostraron señales de estabilización ante la expectativa de un alto el fuego en Irán. Japón advirtió que intervendrá si persiste la especulación. Corea del Sur apuesta a que la resolución del conflicto alivie la presión sobre su moneda.
El yen y el won mostraron señales de estabilización ante la expectativa de un alto el fuego en Irán. Japón advirtió que intervendrá si persiste la especulación. Corea del Sur apuesta a que la resolución del conflicto alivie la presión sobre su moneda.

El yen japonés y el won surcoreano, dos de las monedas más castigadas por la guerra en Medio Oriente, mostraron señales de estabilización en los últimos días, impulsados por una combinación de factores: la expectativa de un alto el fuego inminente, el cambio en la dinámica del dólar y la creciente presión de los bancos centrales para intervenir.

El dólar, que se había disparado como activo refugio durante las cinco semanas de conflicto, comenzó a ceder terreno ante las señales de que Donald Trump busca una salida negociada.

En Japón, el yen se mantiene cerca del umbral crítico de 160 por dólar, y el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, advirtió que los movimientos cambiarios “podrían afectar la inflación subyacente a través de cambios en las expectativas inflacionarias”.

En Corea del Sur, el won llegó a perforar los 1.530 por dólar, su nivel más bajo desde la crisis financiera global, pero el gobierno redujo la intensidad de sus intervenciones verbales, confiando en que la resolución del conflicto alivie la presión.

El yen en la cuerda floja

El yen japonés ha sido uno de los principales termómetros del impacto económico de la guerra en Medio Oriente. Desde el 28 de febrero, la moneda nipona se debilitó más de un 6% frente al dólar, llegando a cotizar en el umbral crítico de 159-160 yenes por dólar , un nivel que recuerda las intervenciones directas de 2024 .

El lunes 28 de marzo, el gobernador del Banco de Japón (BOJ), Kazuo Ueda, compareció ante el parlamento con un mensaje que no dejó lugar a dudas. “Las fluctuaciones del tipo de cambio son uno de los factores clave que afectan significativamente a nuestra economía y las condiciones de precios”, declaró. Y fue más allá: “Debemos prestar mucha atención al hecho de que [los movimientos cambiarios] también podrían afectar la inflación subyacente a través de cambios en las expectativas inflacionarias”.

Horas antes, el principal diplomático monetario de Japón, Atsushi Mimura, había intensificado su retórica contra los movimientos especulativos que, según el gobierno, están impulsando la caída del yen. “Ha habido observaciones de una mayor actividad especulativa no solo en el mercado de futuros de petróleo crudo sino también en el mercado de divisas. Si esto persiste, creo que pronto deberemos tomar medidas decisivas”, advirtió.

El mercado interpretó estas declaraciones como una señal clara de que la intervención directa en el mercado de divisas está a la vuelta de la esquina. La última vez que Japón intervino, en 2024, el yen cotizaba en niveles similares. La diferencia ahora es que el contexto es más complejo: la guerra en Medio Oriente ha elevado los precios del petróleo más del 40%, y la economía japonesa, altamente dependiente de las importaciones energéticas, es particularmente vulnerable.

La paradoja del BOJ

El Banco de Japón se encuentra en una encrucijada inédita. Mientras el yen se debilita y la inflación importada por el encarecimiento del petróleo presiona los precios internos, el BOJ mantiene su tasa de referencia en 0,75%, una de las más bajas del mundo desarrollado.

Pero el resumen de opiniones de la reunión de marzo, publicado el lunes, mostró que el consejo ya está en estado de alerta. Un miembro advirtió que el banco podría verse obligado a acelerar el ritmo de las subidas de tasas si los riesgos geopolíticos persisten. “Con la tasa de interés aún lejos de la tasa neutral, quedarse detrás de la curva obligaría al banco a implementar un ajuste monetario rápido y significativo, lo que causaría un gran shock a la economía japonesa”, señaló el documento.

El gobernador Ueda, en su testimonio parlamentario, dejó entrever que el BOJ está preparado para actuar. “Creemos que al elevar las tasas de corto plazo a un ritmo apropiado en línea con la creciente probabilidad de alcanzar el objetivo de inflación del 2%, las tasas de largo plazo se establecerán de manera estable y permanecerán consistentes con tales acciones de política”, afirmó.

Sin embargo, la decisión no es sencilla. El primer ministro Sanae Takaichi ha mostrado reservas sobre subidas agresivas de tasas, priorizando el crecimiento económico sobre el control de la inflación. Un ex ejecutivo del BOJ, Akira Otani, señaló que el banco podría esperar hasta julio para evaluar el impacto de la guerra en las pequeñas empresas antes de subir las tasas nuevamente.

Corea del Sur

En Corea del Sur, la situación es igualmente tensa. El won surcoreano, una de las monedas más sensibles a los riesgos geopolíticos, llegó a perforar los 1.530 wones por dólar a fines de marzo, su nivel más bajo desde la crisis financiera global de 2008. El detonante fue el mismo: la guerra en Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial y del que Corea del Sur depende en un 70%.

La respuesta del gobierno surcoreano, sin embargo, ha sido radicalmente distinta a la de Japón. En lugar de intensificar las advertencias, el viceprimer ministro y ministro de Economía, Koo Yun-cheol, ha reducido el ritmo de las intervenciones verbales. Desde que el won superó los 1.500 wones el 19 de marzo, Koo solo realizó dos declaraciones públicas sobre el tipo de cambio, la última de ellas el 1 de abril en X (ex Twitter): “Una debilidad excesiva del won divorciada de los fundamentos no ayuda a nuestra economía”.

La razón del cambio de estrategia, según explicaron funcionarios gubernamentales a Yonhap Infomax, es que las causas de la debilidad del won han cambiado. A fines de 2025, la depreciación era impulsada por factores internos: inversión de minoristas en acciones estadounidenses, salida de capitales corporativos y ventas de acciones por parte de extranjeros. Ahora, en cambio, el principal factor es puramente externo: la guerra. “Una vez que se resuelva el tema de la guerra y los inversores extranjeros regresen, juzgamos que el tipo de cambio volverá a un rango apropiado”, señaló un alto funcionario.

La estrategia de espera tiene un límite, sin embargo. En marzo, los inversores extranjeros fueron vendedores netos de más de 35 billones de wones (unos US$ 25.000 millones) en el mercado de valores surcoreano, la mayor salida mensual de la historia. Las reservas de divisas de Corea del Sur se mantienen en US$ 427.620 millones, pero el mercado considera los US$ 400.000 millones como una “línea de Mágino” psicológica que las autoridades no quieren perforar con intervenciones masivas.

La caída del dólar

El factor que está permitiendo que el yen y el won se estabilicen, pese a que el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado y el petróleo aún cotiza por encima de los US$ 100, es un cambio en la dinámica del propio dólar.

Desde el inicio de la guerra, los inversores habían seguido un patrón que parecía inquebrantable: comprar dólares, vender Asia. La lógica era simple: el conflicto eleva el petróleo, el capital huye hacia activos estadounidenses, y las monedas asiáticas se debilitan bajo el peso combinado del aumento de los costos de importación y la salida de capitales.

Pero marzo de 2026 comenzó a alterar esa lógica. A medida que crecieron las expectativas de que Donald Trump podría detener la escalada militar, el dólar comenzó a ceder terreno, incluso cuando el petróleo se mantiene elevado y las restricciones en el suministro no se han aliviado por completo.

El Índice del dólar (DXY) llegó a superar los 100 puntos en los primeros días de la guerra, pero luego retrocedió a la zona de 98-99, en un movimiento que los analistas de Asia Times calificaron como “la grieta en la hegemonía del dólar”. “Lo que está cambiando es la persistencia de esa demanda. Las ganancias se desvanecen antes, incluso cuando los riesgos subyacentes persisten”, resume el análisis.

Las consecuencias económicas

La estabilización del yen y el won no es solo una noticia para los mercados financieros. Tiene implicaciones económicas directas para dos de las economías más grandes de Asia.

  • Japón, un yen más fuerte reduce el costo de las importaciones de petróleo y gas, que se han disparado desde el inicio de la guerra. Cada yen que se aprecia alivia la presión sobre las cuentas de las empresas importadoras y sobre los precios que pagan los consumidores. Pero también complica la estrategia del BOJ, que había estado utilizando un yen débil como combustible para su objetivo de inflación del 2%.
  • Corea del Sur, un won estabilizado es esencial para contener la inflación importada y proteger la competitividad de sus exportadores, que ya enfrentan una demanda global debilitada por la guerra. El gobierno surcoreano ha apostado a que la resolución del conflicto, más que la intervención directa, sea la solución al problema cambiario. Pero si la guerra se prolonga, las autoridades podrían verse obligadas a intervenir.

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