Un informe de la UCA reveló que el 83,5% de los asalariados formales enfrenta privación alimentaria y el 61,1% se saltea comidas por falta de recursos. Los salarios perdieron contra la inflación por quinto mes consecutivo y la desocupación trepó al 7,5%.
Un informe de la UCA reveló que el 83,5% de los asalariados formales enfrenta privación alimentaria y el 61,1% se saltea comidas por falta de recursos. Los salarios perdieron contra la inflación por quinto mes consecutivo y la desocupación trepó al 7,5%.

El consumo en Argentina comenzó 2026 con una imagen que los economistas describen como “planchado”: ni repunta ni se desploma, pero en esa meseta se esconde una fractura social profunda. Según un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 83,5% de los asalariados formales enfrenta algún tipo de privación alimentaria, y el 61,1% admite haberse saltado alguna comida durante la jornada laboral por falta de recursos.

Mientras tanto, los salarios registrados perdieron contra la inflación por quinto mes consecutivo, con una caída del 1,3% en enero, y la desocupación trepó al 7,5% (1,7 millones de personas) en el último trimestre de 2025. El empleo informal alcanzó al 43% de la población ocupada, y más de la mitad de los trabajadores de bajos ingresos están en condiciones de precariedad laboral.

El ministro de Economía, Luis Caputo, asegura que “12 de los 16 sectores están creciendo”, pero la foto del consumo muestra una economía que no logra traducir ese crecimiento en mejoras para los hogares, especialmente para los más vulnerables.

El diagnóstico

El arranque de 2026 dejó una imagen que resume la paradoja argentina: el consumo no repunta, pero tampoco se derrumba. La consultora Focus Market, en su último informe, señaló que las ventas minoristas en enero y febrero mostraron una “leve recuperación” en algunos rubros, pero con una heterogeneidad que no se veía desde la pandemia. Mientras los sectores vinculados al turismo y al esparcimiento mostraron cierto dinamismo, el consumo masivo en alimentos, indumentaria y electrodomésticos sigue estancado en niveles inferiores a los de 2024.

La explicación de esta meseta no es misteriosa: los salarios no alcanzan. Según el Índice de Salarios del INDEC, en enero los sueldos registrados crecieron apenas 2,5% promedio, frente a una inflación del 2,9%. Es el quinto mes consecutivo de pérdida de poder adquisitivo. Y en la comparación interanual, los salarios formales subieron 29%, muy por debajo de la inflación del 32,4%.

Pero el dato más alarmante no es la caída promedio, sino la profundidad de la crisis en los sectores más vulnerables. El informe de la UCA, elaborado en conjunto con Edenred, reveló que solo el 16,5% de los trabajadores formales está libre de privaciones alimentarias. El 83,5% restante enfrenta algún tipo de vulnerabilidad, ya sea por reducir la cantidad de comida o por resignar calidad nutricional debido a limitaciones económicas.

Los salarios

Los números del INDEC son lapidarios. En enero de 2026:

  • Salarios privados registrados: subieron 2,1% nominal (caída real del 0,7% frente a diciembre y del 2,9% interanual)
  • Salarios públicos: subieron 1,8% nominal (caída real del 0,8% frente a diciembre y del 7,6% interanual para los nacionales)
  • Salarios informales: subieron 4,4% nominal (el único segmento que le ganó a la inflación, aunque con un rezago estadístico de cinco meses)

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) calculó que, desde noviembre de 2023 hasta enero de 2026, la pérdida acumulada del poder adquisitivo de los salarios registrados alcanza el 17,1%. El investigador Luis Campos, del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, fue más categórico: “Estamos en los niveles más bajos de las últimas dos décadas, sacando los primeros meses de 2024”.

El economista Nadin Argañaraz, presidente del IARAF, aportó otra dimensión del problema: el salario real privado registrado de enero de 2026 se encuentra 2,3% por debajo del nivel de noviembre de 2023, el mes previo a la asunción de Javier Milei. En el sector público, la caída es mucho más pronunciada: 17,9% en promedio (35,8% para los empleados nacionales y 10,3% para los provinciales) .

La pérdida histórica es aún más dramática. Según un relevamiento de Infobae basado en datos del INDEC, desde septiembre de 2017 hasta diciembre de 2025, el sueldo neto promedio del sector privado subió nominalmente 7.529%, pero la inflación acumuló un 8.509%. Esa diferencia de 980 puntos porcentuales implica una pérdida real del 11,38% en el poder adquisitivo promedio de los empleados formales en los últimos ocho años.

El empleo

La otra pata del deterioro del consumo es el mercado laboral. Los datos del INDEC correspondientes al cuarto trimestre de 2025 muestran un escenario que no mejora en 2026:

  • Tasa de desocupación: 7,5% (frente al 5,7% del mismo período de 2024)
  • Desocupados: 1,7 millones de personas
  • Empleo informal: 43% de la población ocupada (unos 13 millones de trabajadores)
  • Pérdida de empleo formal: 182.000 puestos en el sector privado y 80.000 en el sector público en el último año

El sector industrial es el más golpeado. Según un informe del centro de investigación Grupo Atenas, la industria perdió más de 100.000 empleos en los últimos dos años, con un promedio de 32 empresas cerrando por día en todo el país. La caída incluye 73.000 puestos registrados directos en fábricas y más de 30.000 empleos indirectos vinculados a cadenas de suministro.

El economista Martín Pollera, autor del informe, fue categórico: “Cuando una fábrica cierra, no cierra sola. Arrastra a proveedores, transportistas y comercios de barrio”. El impacto se concentra en la provincia de Buenos Aires (46.000 empleos formales perdidos), Rosario, Córdoba y Santa Fe.

En paralelo, la informalidad crece. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que el 84,8% de los trabajadores del quintil más bajo de ingresos están en empleos precarios. La tasa de informalidad entre los asalariados es del 36,3%, pero entre los cuentapropistas alcanza el 63,4%.

La investigación de Futuros Mejores, citada por el Buenos Aires Times, desmontó el mito de que la pobreza se asocia con la falta de trabajo: “Los pobres trabajan más horas por semana que los no pobres (41,8 horas frente a 40,2)”. La diferencia no es el esfuerzo, sino la calidad del empleo: el 59% de los pobres trabajan en sectores como la construcción, el comercio o la industria, pero en condiciones de informalidad que no les permiten superar la línea de pobreza.

La politóloga Daniela Maciel, coautora del estudio de la UBA, lo resumió con crudeza: “La pobreza en Argentina hoy es, en gran medida, una consecuencia directa de la precariedad laboral”.

El impacto en el consumo

Las consecuencias de la caída salarial y el deterioro del empleo se reflejan en los datos de consumo, y particularmente en la alimentación. El informe de la UCA, basado en una encuesta nacional a 1.171 trabajadores formales, reveló cifras que deberían encender todas las alarmas:

IndicadorPorcentaje de trabajadores afectados
Sin privaciones alimentarias16,5%
Con algún tipo de vulnerabilidad alimentaria83,5%
Se saltea comidas por falta de recursos61,1%
Oculta comidas de forma habitual14,4%
Opta por alimentos menos nutritivos78,5%
Incorpora elección de alimentos de baja calidad como hábito24,6%

Entre los trabajadores jóvenes (18-29 años), la situación es aún más crítica: el 70,7% admite omitir comidas durante la jornada laboral, un ajuste directamente vinculado a los salarios iniciales más bajos.

La investigadora Ianina Tuñón, responsable del informe, explicó el mecanismo: “La mayoría de la fuerza laboral no logra cubrir los costos de alimentación durante la jornada con sus ingresos, lo que obliga a sacrificar calidad nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida”.

El costo de la comida diaria es otro factor de presión. El 43,9% de los trabajadores gasta entre $5.001 y $10.000 por día para almorzar, mientras que el 20% supera los $10.000 diarios. Frente a este escenario, el 80,4% de los trabajadores reclama un aporte de su empleador para la alimentación, una demanda que entre los sectores más vulnerables alcanza el 91,5%.

La desigualdad territorial y de infraestructura

El informe de la UCA también reveló fuertes disparidades regionales. En el Noreste Argentino (NEA), el 50,1% de los trabajadores declara no alimentarse durante la jornada laboral, una cifra que contrasta con el promedio nacional del 22,6%.

Las condiciones de infraestructura en el lugar de trabajo también inciden. Entre quienes no cuentan con heladera o microondas, el porcentaje de trabajadores que saltea comidas asciende al 72%. En cambio, recibir algún aporte del empleador reduce esa incidencia al 43,9%.

El acceso a beneficios alimentarios, sin embargo, es regresivo. El 55,6% de los trabajadores formales no recibe ningún tipo de contribución de su empleador para alimentarse. Y esos beneficios son más frecuentes entre los trabajadores con salarios más altos que entre los de ingresos bajos. El 41,8% de quienes perciben hasta $800.000 considera que su dieta es poco saludable, frente al 23,8% entre quienes ganan más de $2.000.000.

Las expectativas económicas

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en un informe de febrero, analizó las expectativas de los argentinos para 2026. El panorama es sombrío: el 46% de la población continúa atravesando condiciones de vulnerabilidad económica y social.

Las dificultades también se reflejan en los atrasos en el pago de servicios básicos: el porcentaje de hogares con mora en expensas, luz o gas aumentó de 25% a 29% en los momentos más críticos de la crisis reciente, y aunque luego descendió a 21,2%, en los sectores más vulnerables las dificultades persisten.

En cuanto a las expectativas, el 43% de las personas considera que su situación económica actual es peor que la de años anteriores. Y el pesimismo se agudiza en los sectores más bajos: mientras que en el estrato medio alto el 31,5% espera un año peor para el país, en los hogares de nivel socioeconómico muy bajo esa cifra asciende al 49,1%.

El discurso oficial

En medio de este panorama, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió esta semana a defender la gestión y a poner los datos en perspectiva. En su disertación en la Bolsa de Comercio de Rosario, el funcionario aseguró que “12 de los 16 sectores que componen el producto están creciendo”, y que el consumo privado, las exportaciones y la cosecha agrícola se ubicaron en niveles récord.

Sobre la inflación de marzo, que podría superar el 3%, Caputo admitió que “producto de la nafta y la educación va a dar más alta”, pero aseguró que “eso no nos va a desviar del rumbo”. Y sobre la pérdida de poder adquisitivo, el ministro insistió en que “la realidad es heterogénea” y que “la oposición agarra un sector en particular que no le está yendo bien y lo extrapola a toda la economía”.

El gobierno confía en que la pobreza, cuyo dato se conocerá este martes, se ubicará alrededor del 30%, por debajo del 34% de 2024. Pero los economistas advierten que esa mejora, de confirmarse, es limitada y no alcanza para revertir el deterioro estructural del mercado laboral.

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