El shock petrolero por la crisis en Ormuz reaviva la inflación global y obliga a América Latina a redefinir su política monetaria. Entre subsidios, tasas altas y menor crecimiento, la región enfrenta un escenario de alta vulnerabilidad externa. El conflicto energético vuelve a condicionar precios, empleo y estabilidad macroeconómica.
El shock petrolero por la crisis en Ormuz reaviva la inflación global y obliga a América Latina a redefinir su política monetaria. Entre subsidios, tasas altas y menor crecimiento, la región enfrenta un escenario de alta vulnerabilidad externa. El conflicto energético vuelve a condicionar precios, empleo y estabilidad macroeconómica.

Con el crudo superando los 110 dólares y el estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado, los bancos centrales de la región enfrentan una disyuntiva crítica: mantener las tasas altas para contener precios o arriesgar una desaceleración que frene el empleo. Mientras países como Honduras y México optan por subsidios, Argentina y Brasil ven cómo el shock energético amenaza con revertir meses de desinflación.

El shock que llegó por el Golfo

Cuando comenzó la escalada militar con el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, el 28 de febrero de 2026, los analistas advirtieron que el impacto no se limitaría al tablero geopolítico. Cuatro semanas después, la advertencia se ha confirmado: el Estrecho de Ormuz, por donde fluye aproximadamente el 20% del petróleo que consume el planeta, se ha convertido en un campo minado que está reconfigurando las expectativas inflacionarias a nivel global.

Los números son elocuentes. El crudo Brent superó los 110 dólares por barril en las últimas semanas, acumulando un incremento del 80% en los últimos dos meses . El gas natural licuado (GNL) saltó un 17% y superó los 20 dólares por millón de BTU, cuando hace poco más de un mes cotizaba a menos de la mitad . La volatilidad ha sido extrema: el 9 de marzo, el petróleo llegó a rozar los 120 dólares antes de retroceder, en una jornada que reflejó el nerviosismo de los mercados.

La causa inmediata de esta disrupción es el bloqueo selectivo del estrecho. Según datos de S&P Global Commodities at Sea, el miércoles 4 de marzo no transitó ningún petrolero por esa vía clave, ya que aseguradoras y navieras no están dispuestas a correr el riesgo de navegar en la zona durante el conflicto.

El impacto global:

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió el 9 de marzo en Tokio que el conflicto podría socavar la aún frágil recuperación económica mundial. Según sus cálculos, un aumento sostenido del 10% en los precios del petróleo añadiría aproximadamente 40 puntos básicos a la inflación global, a la vez que reduciría la producción mundial entre un 0,1% y un 0,2%.

El modelo de inflación de la Reserva Federal estima, por su parte, que un incremento de 10 dólares en el precio del barril eleva la inflación en un 0,35%. Con esa pauta como referencia, un conflicto de tres a seis meses que llevara el crudo a 100 dólares implicaría un aumento aproximado del 1,4% en la inflación.

Las consecuencias ya se están sintiendo en los mercados financieros. El Dow Jones cayó 785 puntos (1,61%) el 5 de marzo, después de haber llegado a desplomarse más de 1.100 puntos en la jornada . El índice de volatilidad VIX se disparó 11%, reflejando el “miedo” que ha pasado a dominar el sentimiento de los inversores.

Pero el efecto más profundo, según advierte J.P. Morgan, no es solo del lado de la oferta. Un precio del petróleo sostenido en torno a los 90 dólares por barril probablemente daría lugar a una caída del 10%-15% en el S&P 500. A medida que el precio se acerque a 120 dólares y lo supere, las ventas se intensificarán. Y cada descenso del 10% en la bolsa estadounidense puede reducir el gasto de los consumidores en un 1%, generando un círculo vicioso que combina inflación alta con demanda en retracción.

América Latina

En la región, el efecto del shock energético se distribuye de manera heterogénea, pero ningún país escapa a sus consecuencias. El Brent por encima de los 100 dólares amenaza con trasladarse a combustibles, transporte, alimentos y vuelos, justo cuando varias economías latinoamericanas buscaban consolidar la desaceleración de la inflación.

  • México ha optado por una estrategia de contención fiscal. La secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar, anunció que el 96% de las estaciones de servicio aceptó mantener el precio de la gasolina regular por debajo de los 24 pesos por litro (alrededor de US$ 1,35) por los próximos seis meses . El gobierno de Claudia Sheinbaum decidió además suspender parcialmente el cobro del impuesto especial sobre producción y servicio (IEPS) para evitar que suba el precio de los combustibles.

Según cálculos de BBVA México, el país dejaría de recaudar unos 2.111 millones de dólares por IEPS a gasolinas y diésel, pero obtendría cerca de 2.944 millones de dólares por exportaciones petroleras, con una ganancia neta de unos 833 millones de dólares si el conflicto dura seis semanas.

  • Brasil, el mayor productor de petróleo de la región, ha tomado medidas similares pero con un matiz: el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva anunció reducciones de impuestos y subvenciones al diésel por unos 5.700 millones de dólares para contener el impacto en el transporte y en los consumidores. Para compensar ese costo fiscal, el Ejecutivo estableció un impuesto del 12% a las exportaciones de petróleo y reforzó los controles de precios en las gasolineras .

Sin embargo, la estatal Petrobras elevó un 11% el precio del diésel para las distribuidoras, lo que alimentó el temor de una aceleración inflacionaria. Analistas consideran posible que el Banco Central brasileño retrase los recortes de la tasa de interés, actualmente en el 15% anual, su nivel más alto en casi dos décadas.

  • Argentina enfrenta un escenario de doble filo. Por un lado, el encarecimiento del petróleo añade presión a una inflación que ya venía en fase ascendente. Según cálculos de la consultora LP Consulting, el aumento del crudo podría añadir entre 0,5 y 0,77 puntos porcentuales a la inflación mensual en marzo y abril . En lo que va del conflicto, los combustibles ya aumentaron en torno a un 10%.

Por otro lado, la secretaria de Energía, María Tettamanti, ha descartado cualquier intervención en los precios: “Meterse en los mercados a regular precios o prohibir exportaciones es matar la gallina de los huevos de oro y nosotros no lo vamos a hacer. Es un fenómeno transitorio” . La apuesta oficial es que el superávit energético, impulsado por Vaca Muerta, compense el impacto. Según un especialista consultado por Forbes, “la guerra te va a aumentar el superávit energético a 12.000 millones de dólares, cuando en 2022 por la guerra en Ucrania tuviste déficit por 4.500 millones”.

  • Colombia también enfrenta efectos mixtos. El presupuesto de 2026 se elaboró con un precio del Brent de 60 dólares por barril, por lo que el alza puede favorecer las cuentas fiscales y el crecimiento. Sin embargo, el gobierno de Gustavo Petro advierte que el encarecimiento del petróleo y de los fertilizantes puede trasladarse a los precios internos. BBVA Research prevé que la inflación, que cerró el año pasado en el 5,1%, “podría repuntar hasta 6,5% al cierre de 2026“.
  • Chile, país netamente importador de petróleo, ya ha comenzado a sentir el impacto en los precios de los combustibles. Aunque el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) permite suavizar las variaciones internacionales, las gasolinas ya registraron alzas en las últimas semanas. La Asociación Chilena de Líneas Aéreas advirtió que un incremento sostenido del combustible, que representa entre el 25% y el 35% de los costos operativos de las aerolíneas, podría reflejarse en las tarifas de los vuelos. Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), el precio del combustible para aviones ha subido un 58,4% desde el inicio del conflicto.
  • Ecuador, sexto productor de petróleo de Sudamérica, podría beneficiarse de mayores ingresos, dado que el presupuesto de este año se calculó con un precio promedio de 53,47 dólares por barril. Petroecuador aseguró en un comunicado que “el aumento del precio del crudo representa mayores ingresos para el Estado” . Sin embargo, la empresa también advirtió que el encarecimiento de los derivados impacta en el precio de importación de los combustibles que el país no produce.
  • Honduras ha sido uno de los países que más rápidamente reaccionó ante el shock. El gobierno del presidente Nasry Asfura decidió subsidiar el 50% del precio del combustible en el país, una medida que le costará al Estado alrededor de 49.824.000 lempiras por semana (unos US$ 1,875 millones) destinada a “amortiguar parcialmente el alza internacional y proteger el bolsillo de las familias hondureñas”, en un país cuyo índice de pobreza asciende al 60,1%.
  • Panamá. el presidente José Raúl Mulino desestimó que los aumentos en el precio del petróleo afecten al país: “Esa crisis (en Medio Oriente) no toca a Panamá”, declaró. Y fue más lejos: “Panamá va a pagar el precio que haya que pagar, lo lamento” . El gobierno no prevé otorgar subsidios.
  • Venezuela, donde la inflación ya era una de las más altas del mundo, enfrenta un escenario paradójico. El economista Giorgio Cunto explicó a EFE que el país ya proyectaba una inflación cercana al 50% y advirtió que podría cerrar 2026 con tasas de al menos tres dígitos. Aunque el encarecimiento del crudo puede aumentar los ingresos petroleros y la disponibilidad de dólares, el país sigue siendo vulnerable porque importa diluyentes, combustible y otros insumos para su industria petrolera, muchos de ellos procedentes de Irán.

La política monetaria en jaque

El impacto inflacionario del shock energético ya está generando repercusiones en las decisiones de los bancos centrales de la región. Como señala Diario Libre, “el encarecimiento del petróleo amenaza con frenar los recortes de tasas en Latinoamérica”.

La lógica es sencilla: ante un aumento de los precios de los combustibles y sus efectos de arrastre sobre el transporte y los alimentos, los bancos centrales se ven forzados a mantener una política monetaria restrictiva por más tiempo, incluso si eso implica sacrificar crecimiento.

En Brasil, el Banco Central podría retrasar los recortes de la tasa Selic, actualmente en el 15% anual. En Colombia, el Banco de la República, cuya tasa se ubica en el 10,25%, también podría mantener una política restrictiva por más tiempo.

El problema es que esta respuesta, aunque necesaria desde la perspectiva del control inflacionario, profundiza la restricción externa que caracteriza a las economías latinoamericanas: mayor costo del crédito, menor inversión, y una desaceleración que golpea primero a los sectores más vulnerables.

Discursos oficiales

Las declaraciones de los líderes de la región reflejan la disparidad de estrategias frente al shock.

  • En México, la presidenta Claudia Sheinbaum buscó transmitir tranquilidad: “En términos reales la gasolina regular está más barata que el año pasado”.
  • En Panamá, el presidente Mulino optó por la franqueza sin filtros: “Panamá va a pagar el precio que haya que pagar, lo lamento”.
  • En Argentina, la secretaria de Energía, María Tettamanti, justificó la no intervención con una metáfora contundente: “Meterse en los mercados a regular precios o prohibir exportaciones es matar la gallina de los huevos de oro”.
  • En Honduras, el presidente Nasry Asfura justificó el subsidio como una necesidad social en un país con altos índices de pobreza.
  • En España, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, anunció que el gobierno preparaba un plan de acción “para proteger a ciudadanos y empresas ante el impacto de la guerra y futuros shocks”.

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