La eurozona registró en marzo una inflación del 2,5%, frente al 1,9% de febrero, impulsada por una suba del 4,9% en los precios de la energía. El Banco de Inglaterra advierte que la inflación superará el 3,5% y podría alcanzar el 4% a mediados de año. Los recortes de tasas "no están en el horizonte" y no se descarta una subida.
La eurozona registró en marzo una inflación del 2,5%, frente al 1,9% de febrero, impulsada por una suba del 4,9% en los precios de la energía. El Banco de Inglaterra advierte que la inflación superará el 3,5% y podría alcanzar el 4% a mediados de año. Los recortes de tasas "no están en el horizonte" y no se descarta una subida.

La guerra en Medio Oriente, que comenzó el 28 de febrero con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, ya dejó su huella en los índices de precios europeos. La eurozona registró en marzo una inflación del 2,5%, frente al 1,9% de febrero, impulsada por una suba del 4,9% en los precios de la energía, que en febrero habían caído un 3,1%.

En Irlanda, la inflación saltó del 2,5% al 3,6% en un solo mes, con los precios de la energía disparándose un 11,1%. En el Reino Unido, el panorama es igualmente sombrío: el Banco de Inglaterra advirtió que la inflación superará el 3,5% en marzo y podría alcanzar el 4% a mediados de año, duplicando el objetivo del 2%. El gobernador Andrew Bailey fue categórico: los recortes de tasas “no están en el horizonte” y, si la crisis persiste, “no se descarta” una subida.

Los números que encienden las alarmas

Los datos publicados por Eurostat el 31 de marzo confirman lo que los mercados ya anticipaban: la inflación de la eurozona se aceleró bruscamente en marzo, impulsada exclusivamente por el shock energético. La tasa anual pasó del 1,9% en febrero al 2,5% en marzo, un salto de 0,6 puntos porcentuales en apenas un mes.

El componente que explica casi la totalidad de este incremento es la energía, que pasó de una caída interanual del -3,1% en febrero a un aumento del 4,9% en marzo. Los servicios, en cambio, se moderaron del 3,4% al 3,2%, mientras que los alimentos procesados y los bienes industriales no energéticos mostraron variaciones menores.

La heterogeneidad entre países es notable. Alemania saltó del 2,0% en febrero al 2,8% en marzo, España del 2,5% al 3,3%, Francia del 1,1% al 1,9% e Italia del 1,5% al 1,5% (sin variación). Los mayores saltos se registraron en Irlanda (del 2,5% al 3,6%), Croacia (del 3,9% al 4,7%), Lituania (del 3,3% al 4,5%) y Estonia (del 3,2% al 3,3%).

En Irlanda, el dato es particularmente ilustrativo de la naturaleza del shock. Según la Oficina Central de Estadísticas irlandesa, los precios de la energía subieron un 11,1% en marzo y acumulan un 12,3% de aumento interanual. En contraste, los precios de los alimentos cayeron un 0,3% en el mes, lo que confirma que el brote inflacionario es puramente energético.

El Reino Unido, aunque no forma parte de la eurozona, enfrenta un panorama aún más complejo. El Banco de Inglaterra advirtió que la inflación se acercará al 3,5% en marzo, casi medio punto por encima de lo proyectado antes de la guerra, y podría superar el 4% en el verano si los precios de la energía se mantienen en los niveles actuales.

El mecanismo de transmisión

El shock que está sacudiendo a Europa tiene un nombre y una geografía precisa: el Estrecho de Ormuz. Por este paso, que Irán mantiene bloqueado desde el 28 de febrero, transita aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado que se comercializa en el mundo.

Las consecuencias en los mercados energéticos han sido inmediatas y brutales. El crudo Brent, que cotizaba a US$ 73 por barril el día antes del inicio de la guerra, superó los US$ 116 en los primeros días de marzo y se mantiene por encima de los US$ 100 desde entonces. El gas natural europeo (TTF holandés) se duplicó, pasando de unos 32 euros por megavatio-hora antes del conflicto a más de 70 euros en los momentos de mayor tensión.

Para el Reino Unido, la exposición es particularmente aguda. Como explicó Stuart Morrison, gerente de investigación de la Cámara de Comercio Británica, “las empresas del Reino Unido están particularmente expuestas al impacto económico de la crisis en Medio Oriente porque nuestros precios de electricidad están estrechamente vinculados a los precios globales del gas”.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, fue categórico al describir el mecanismo de transmisión: “La guerra en Medio Oriente ha elevado los precios globales de la energía. Ya se puede ver en el surtidor de gasolina y, si persiste, se trasladará a las facturas de energía de los hogares más adelante en el año”. Bailey advirtió que el impacto será mayor cuanto más se prolongue el conflicto: “Cuanto más dure, me temo decirlo, pero es un punto bastante obvio, el efecto será mayor”.

Los sectores más afectados

El impacto inflacionario no se limita a los precios de la energía. Como señala Anna Leach, economista jefe del Institute of Directors, el aumento de los precios energéticos “empeorará las presiones de costos para las empresas británicas, que ya enfrentan los costos industriales de energía más altos del G7”.

Los canales de transmisión son múltiples:

  • Transporte: los precios de la gasolina y el diésel ya subieron en promedio 10 peniques por litro en el caso de la gasolina y más de 20 peniques en el del diésel, según el RAC.
  • Alimentos: Bailey advirtió que la crisis actual ejercerá presión al alza sobre los precios de los alimentos. La Resolution Foundation, un think tank británico, señaló que “los precios más altos del petróleo no solo se trasladarán a los surtidores, sino que también elevarán el costo de los alimentos y otros bienes esenciales”.
  • Fertilizantes y materias primas: el conflicto también ha elevado los precios de fertilizantes y otros insumos industriales, con efectos en cascada sobre toda la cadena productiva.

El mayor temor de los bancos centrales, sin embargo, son los efectos de segunda ronda. Como advirtió el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, “el riesgo de presiones inflacionarias internas a través de efectos de segunda ronda en la fijación de salarios y precios será mayor cuanto más tiempo persistan los precios más altos de la energía”.

El economista jefe del ICAEW, Suren Thiru, fue aún más contundente: “La inflación sin cambios de febrero es una falsa señal para la economía, ya que estos datos son anteriores al shock energético causado por el conflicto en Medio Oriente y el posterior sufrimiento financiero que enfrentan consumidores y empresas”. “Si bien la inflación debería caer el próximo mes debido a los recortes temporales en las facturas de energía, se avecina una brutal oleada inflacionaria, con los precios del petróleo y el gas disparados que probablemente eleven la tasa general por encima del 4% para el verano”, agregó.

La respuesta de los bancos centrales

La magnitud del shock energético ha reconfigurado por completo el panorama de la política monetaria en Europa. Antes de la guerra, tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra anticipaban un ciclo de recortes de tasas en 2026, a medida que la inflación convergía hacia el objetivo del 2%.

Ese escenario se desvaneció. El 19 de marzo, el Banco de Inglaterra votó por unanimidad mantener la tasa en 3,75%, abandonando cualquier mención a futuros recortes. Andrew Bailey fue explícito: los recortes “no están en el horizonte”. En una entrevista con LBC, el gobernador se negó a descartar una subida de tasas: “La situación es tan incierta y tan propensa a cambios que lo apropiado hoy es mantener, observar con mucha atención. Pero no hago predicciones sobre lo que sucederá después”.

El mercado ya procesó el cambio. Los inversores ahora descuentan hasta dos subidas de tasas en el Reino Unido para 2026, lo que llevaría la tasa de referencia al 4,5%, frente al 3,75% actual. Antes de la guerra, se esperaba un recorte a 3,5% en esta misma reunión.

En la eurozona, el panorama es similar. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advirtió la semana pasada que la institución está lista para aumentar las tasas de interés incluso si el repunte esperado de la inflación resulta temporal. “Si el shock da lugar a un gran exceso, aunque no demasiado persistente, de nuestro objetivo de inflación, podría justificarse algún ajuste mesurado de la política”, declaró Lagarde.

El organismo de la OCDE elevó bruscamente su previsión de inflación para el Reino Unido en 2026 en 1,5 puntos porcentuales, al 4%, el doble del objetivo del Banco de Inglaterra.

El impacto social

Más allá de las cifras macroeconómicas, el impacto social de esta nueva oleada inflacionaria ya es visible en las encuestas de confianza. La British Retail Consortium (BRC) reportó que las expectativas de los consumidores sobre el estado de la economía se desplomaron a -53 en marzo desde -30 en febrero, un mínimo histórico, mientras que el sentimiento sobre las finanzas personales cayó a -17 desde -6, también un récord.

El temor al regreso de las facturas energéticas impagables recorre Europa. Según el Banco de Inglaterra, el aumento de los precios del gas elevará el límite de precios de la energía en el Reino Unido a partir de julio, con un impacto directo estimado de 0,75 puntos porcentuales en la inflación en el tercer trimestre.

La Resolution Foundation, un influyente think tank británico, instó al gobierno a construir inmediatamente la infraestructura para una tarifa social de energía, que ofrezca una tarifa más baja por unidad a los hogares de menores ingresos antes de que la presión golpee. William Ellis, economista senior del Institute for Public Policy Research, agregó que el gobierno debería estar preparado para intervenir directamente en los mercados energéticos, ya sea mediante topes de costos u otras medidas fiscales, y acelerar el despliegue de energías renovables para reducir la vulnerabilidad del país a futuros shocks.

El riesgo de una crisis mayor

El escenario que los bancos centrales más temen es que el shock energético, combinado con una economía ya debilitada, desencadene una espiral inflacionaria de segunda ronda. Como advirtió el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, “el riesgo de efectos de segunda ronda será mayor cuanto más tiempo persistan los precios más altos de la energía”.

La diferencia con 2022, sin embargo, es que la economía europea llega a este shock en una posición más frágil. En el Reino Unido, el PIB real registró crecimiento cero en enero de 2026 y la tasa de desempleo alcanzó el 5,2% entre noviembre de 2025 y enero de 2026, el nivel más alto en cinco años. La tasa de desempleo juvenil (18-24 años) se disparó al 14,5%, su nivel más alto en más de una década.

Esta debilidad del mercado laboral podría, paradójicamente, limitar los efectos de segunda ronda. Como señaló Zara Nokes, analista de mercado global de J.P. Morgan Asset Management, “el mercado laboral está en una posición mucho más débil, y esto hace que sea mucho menos probable que los trabajadores, preocupados por el aumento de los costos, se sientan en condiciones de exigir salarios más altos y así perpetuar las presiones de precios de manera más amplia”.

Pero la amenaza de la estanflación está más cerca que nunca. Como resumió James Smith, economista de ING, “en los niveles actuales de precios del petróleo y el gas, la inflación del Reino Unido probablemente alcanzaría un máximo breve del 4% en otoño”. Ese 4%, en una economía que no crece, es la antesala de un escenario que nadie quiere nombrar.

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