En la cumbre europea del 19 de marzo, Viktor Orbán mantuvo su veto a un préstamo de 90.000 millones de euros (US$ 103.000 millones) para Ucrania, incumpliendo el acuerdo que él mismo había suscripto en diciembre de 2025. Su condición es simple y brutal: “Sin petróleo, no hay dinero”. El premier húngaro exige que Ucrania reabra el oleoducto Druzhba, dañado por un ataque ruso en enero, para que vuelva a fluir el crudo ruso hacia Hungría y Eslovaquia, los dos países de la UE que mantienen una excepción al embargo de hidrocarburos de Moscú.
El número en juego
La cifra es abrumadora: 90.000 millones de euros (aproximadamente US$ 103.000 millones) que la Unión Europea había comprometido en diciembre de 2025 para sostener al gobierno ucraniano durante 2026 y 2027. El acuerdo había sido alcanzado por unanimidad de los 27 estados miembros, incluido Hungría. Pero en febrero, cuando comenzó la implementación, Orbán cambió de posición y congeló el desembolso.
En la cumbre de líderes del 19 y 20 de marzo en Bruselas, la presión sobre Budapest fue máxima. El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky intervino por videoconferencia para advertir que el financiamiento es “crítico para proteger vidas”. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, fue explícita: “Es realmente, realmente tiempo de mostrar nuestro apoyo a Ucrania”.
Pero Orbán no cedió. Al término de las deliberaciones, los líderes de 25 países lograron firmar una declaración conjunta reafirmando el compromiso con el préstamo, mientras que Hungría y Eslovaquia se mantuvieron al margen. El tema fue postergado para la próxima cumbre de fines de abril.
“Sin petróleo, no hay dinero”
El argumento húngaro es de una crudeza que deja poco espacio para la diplomacia. “No oil = no money” (sin petróleo no hay dinero), escribió Orbán en su cuenta de X al finalizar la cumbre. Y antes de ingresar al encuentro, había sido aún más explícito: “La posición húngara es muy simple. Estamos listos para apoyar a Ucrania cuando recibamos nuestro petróleo, que ellos están bloqueando”.
El conflicto tiene un nombre y una historia. El oleoducto Druzhba (Amistad) transportaba petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia a través de territorio ucraniano. Ambos países habían obtenido una excepción al embargo de la UE tras la invasión de 2022, por ser altamente dependientes del crudo ruso y por carecer de acceso al mar. Pero en enero de 2026, un ataque ruso dañó la infraestructura en territorio ucraniano, interrumpiendo el flujo.
Ucrania sostiene que el daño fue causado por Rusia y que la reparación llevará tiempo. Hungría, en cambio, acusa a Kyiv de bloquear deliberadamente el paso por razones políticas. Zelensky calificó la estrategia húngara como “chantaje” y se negó a restaurar el tránsito de crudo ruso, que financia la maquinaria de guerra de Moscú.
En los últimos días, la Comisión Europea envió un equipo técnico para evaluar y ayudar a reparar el ducto. Orbán, sin embargo, desestimó la iniciativa como un “cuento de hadas” y volvió a exigir la reapertura inmediata.
Eslovaquia, el aliado silencioso
Aunque la atención está puesta en Budapest, Hungría no está sola en su postura. Eslovaquia, gobernada por el primer ministro Robert Fico, también se abstuvo de firmar las conclusiones de la cumbre. Fico anticipó su postura en el parlamento eslovaco: “No votaré las conclusiones sobre Ucrania”, declaró, argumentando que el documento no incluía el tema del oleoducto como él exigía.
Ambos países se encuentran en una situación particular: son los únicos dos estados miembros de la UE que aún reciben petróleo ruso por oleoducto gracias a las exenciones a las sanciones. Dependen, por tanto, de que Ucrania garantice el tránsito. La diferencia es que, mientras Fico acompaña la posición húngara, Orbán es quien lleva la voz cantante en la negociación.
El frente unido contra Budapest:
La reacción de los otros 25 líderes europeos fue de una dureza inusitada. El canciller alemán Friedrich Merz calificó la posición de Hungría como “un acto flagrante de deslealtad dentro de la Unión Europea” y advirtió que la disputa podría dejar “cicatrices profundas” en el bloque.
El primer ministro belga, Bart De Wever, fue más allá. “Si un estado miembro declara la guerra a la Unión Europea bloqueando una decisión crucial para la estabilidad geopolítica de Europa, ese es el camino más corto hacia la salida”, sentenció. La referencia velada a una eventual expulsión de Hungría refleja el nivel de exasperación.
El finlandés Petteri Orpo fue el más directo en señalar las motivaciones domésticas del premier húngaro: “Está usando Ucrania como un arma en su campaña electoral, y eso no está bien. Tuvimos un acuerdo, y creo que nos ha traicionado”. Orban enfrenta el 12 de abril una elección parlamentaria en la que, por primera vez en años, su partido Fidesz aparece detrás en las encuestas frente al nuevo partido de la oposición.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, también cargó contra Orbán, acusándolo de utilizar “trucos procesales y formales” para bloquear la ayuda debido a sus intereses políticos internos. “No logramos convencer al primer ministro Orban, y él sigue decidido a bloquear la ayuda para Ucrania”, lamentó Tusk.
La alternativa croata
Mientras Orbán insiste en la reapertura del Druzhba, Croacia ha presentado una alternativa concreta que ya está en funcionamiento. El primer ministro croata, Andrej Plenković, informó en la cumbre que el oleoducto JANAF (Adriático) ya está suministrando petróleo no ruso a Hungría y Eslovaquia.
“MOL ha ordenado 13 buques tanque que llegan a Omišalj, todos cargados con petróleo no ruso. Cuatro o cinco ya han sido descargados, y ese petróleo ha sido transportado a través de JANAF a las refinerías en Százhalombatta y Bratislava. Esto asciende a alrededor de 1,5 millones de toneladas en el último mes. Multiplicado por un año, está claro que Croacia puede satisfacer las necesidades de petróleo tanto de Hungría como de Eslovaquia”, explicó Plenković.
La declaración croata deja al descubierto que el argumento húngaro de la “seguridad energética” es, cuando menos, discutible. Existe una vía alternativa operativa, que no depende del crudo ruso ni del tránsito por Ucrania. Que Orbán se niegue a utilizarla refuerza la percepción de que el veto a Ucrania responde más a motivos políticos que a una genuina necesidad energética.
Consecuencias para Ucrania
El impacto de este bloqueo sobre Ucrania es directo y potencialmente catastrófico. Cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala, el país enfrenta un creciente déficit presupuestario y depende del financiamiento externo para sostener su aparato estatal, pagar salarios y mantener los servicios básicos.
Zelensky fue contundente en su mensaje a los líderes europeos: “Esto es crítico para nosotros. Es un recurso para proteger vidas” . Los diplomáticos europeos consultados por la prensa internacional advierten que Kyiv necesitará un flujo de fondos para principios de mayo. Si el préstamo sigue bloqueado para entonces, el gobierno ucraniano podría enfrentar una crisis de liquidez que comprometa su estabilidad en medio de la guerra.
La Comisión Europea, a través de Ursula von der Leyen, ha prometido que Ucrania recibirá los fondos “de una manera u otra”. Pero hasta el momento, no existe un “Plan B” claro, según admitió el propio Donald Tusk.
La crisis de credibilidad de la UE
El caso húngaro expone una fragilidad estructural del sistema de toma de decisiones europeo. La regla de la unanimidad, que otorga a cada estado miembro un poder de veto, permite que un solo país paralice decisiones adoptadas por los otros 26. Y la situación se agrava cuando el país en cuestión no solo veta, sino que se retracta de un compromiso ya asumido.
“Lo que Orban está haciendo es minar la credibilidad del Consejo Europeo, el máximo órgano de decisión de la UE”, señaló un diplomático citado por Al Jazeera. El problema no es nuevo. Hungría ha bloqueado en el pasado paquetes de sanciones contra Rusia, fondos para armamento y hasta el inicio de las negociaciones de adhesión de Ucrania a la UE (en aquella ocasión, los líderes hicieron salir a Orban de la sala para poder aprobar la decisión).
Pero esta vez, la situación es más grave porque el bloqueo afecta directamente la capacidad de supervivencia del estado ucraniano en medio de la guerra. Y porque la postura húngara se alinea con la narrativa de que Europa no debe sostener financieramente a Kyiv.
El factor electoral
La mayoría de los analistas y líderes europeos coinciden en que la verdadera motivación de Orbán no es el petróleo, sino la reelección. Hungría celebrará elecciones parlamentarias el 12 de abril de 2026, y por primera vez en años, el partido Fidesz de Orbán no parte como favorito.
Su principal rival, Péter Magyar (ex aliado del gobierno que fundó el partido “Tisza” y se convirtió en el principal referente opositor), lidera las encuestas con una campaña de corte europeísta y en abierta oposición a la alianza con Rusia. En este contexto, Orbán ha construido su discurso de campaña sobre un eje antieuropeo y antiucraniano, presentando a Zelensky como una amenaza para los intereses húngaros.
“Está usando Ucrania como un arma en su campaña electoral, y eso no está bien”, resumió el finlandés Orpo. El primer ministro belga De Wever coincidió: su veto parece ser “parte de su campaña electoral”. Hasta que pase el 12 de abril, la perspectiva de que Orbán levante el veto es prácticamente nula.




