El 1 de abril de 2026, el barril de Brent rompió un piso que parecía haberse consolidado en las cinco semanas de guerra: cayó por debajo de los US$ 100 por primera vez desde el inicio del conflicto, llegando a tocar los US$ 98,65 en las primeras horas de la jornada.
El detonante fue una declaración de Donald Trump: las fuerzas estadounidenses abandonarán Irán en “dos o tres semanas, con o sin acuerdo”. Los mercados, que desde el 28 de febrero habían visto al crudo dispararse más del 40% y superar los US$ 120 en los momentos más álgidos de la crisis, reaccionaron con una euforia que recorrió Wall Street, Tokio y Fráncfort.
Pero el alivio tiene un límite: el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado, Irán amenaza con imponer peajes de hasta US$ 2 millones por buque, y los analistas advierten que la guerra no termina con un discurso, sino con un canal de navegación despejado y garantías verificables.
De US$ 120 a US$ 98 en una semana
El miércoles 1 de abril, el Brent crudo para entrega en junio cayó aproximadamente un 5%, hasta los US$ 98,65 por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) perforó los US$ 100 y se negoció en torno a los US$ 98,57 en algunos momentos de la jornada. Fue la primera vez desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, que el crudo se ubicaba por debajo del umbral de los tres dígitos.
La caída fue el último capítulo de una semana de fuertes oscilaciones. El martes 31 de marzo, el Brent aún cotizaba en torno a los US$ 106,56, mientras que los precios en la semana anterior habían llegado a rozar los US$ 120, impulsados por el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz y los ataques recíprocos entre Irán y las fuerzas estadounidenses. La Agencia Internacional de Energía (AIE) había advertido que las interrupciones en el suministro de petróleo aumentarían en abril, y el mercado llegó a descontar un escenario de precios sostenidos por encima de los US$ 130.
El rally bajista se explica por una combinación de factores que los analistas resumen en una frase: el fin del “riesgo geopolítico” que se había incorporado al precio.
El factor político
El detonante inmediato de la caída fue una declaración del presidente Donald Trump desde el Despacho Oval: “Estaremos saliendo muy pronto. En dos o tres semanas. Con o sin acuerdo”. Horas antes, su secretario de Estado, Marco Rubio, había declarado que la administración avistaba la “línea de meta” en el conflicto.
En paralelo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, manifestó que Teherán tiene “la voluntad necesaria para poner fin al conflicto”, aunque condicionó cualquier acuerdo a garantías internacionales de que la guerra no se reanudará y a una compensación por los daños sufridos. El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó que se han intercambiado mensajes a través de intermediarios, aunque negó negociaciones directas.
El mercado interpretó estas señales como el principio del fin. Según el análisis de ING, “en los últimos días se había visto una tendencia a la baja impulsada por las esperanzas de desescalada, y la confirmación de que Washington busca una salida aceleró la liquidación de posiciones largas que se habían acumulado durante el conflicto”.
La paradoja
El problema es que la caída de los precios se basa en una expectativa, no en un hecho consumado. El Estrecho de Ormuz permanece bloqueado, y ningún buque de países considerados “enemigos” por Irán ha logrado transitar desde el 28 de febrero. Según datos de MarineTraffic citados por The Wall Street Journal, la cantidad de petroleros que cruzan el estrecho se redujo en más de un 80% desde el inicio de la guerra, y los pocos que lo hacen son en su mayoría de bandera china o rusa, con coordinación expresa de las autoridades iraníes.
La Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC) ha dejado claro que la reapertura no será automática. El parlamento iraní ya aprobó una legislación que establece el control permanente de Irán sobre el estrecho y la imposición de peajes de hasta US$ 2 millones por buque. El ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, declaró esta semana que “los barcos pertenecientes a países que están en conflicto con Irán no podrán transitar”, y que el resto deberá coordinarse con las autoridades iraníes.
Los analistas advierten que incluso si se declarara un alto el fuego hoy, la normalización del tránsito llevaría semanas. Según un informe de ING, “incluso si el Estrecho de Ormuz se reabriera, la limpieza de minas, la restauración de las pólizas de seguro marítimo y la reprogramación de los buques tomarían tiempo”. El analista de Capital Economics, Thomas Mathews, fue más categórico: “Las esperanzas de desescalada han dado un respiro a los mercados, pero los efectos de la guerra persistirán incluso si la guerra terminara pronto”.
La reacción de los mercados
La caída del petróleo desencadenó un rally en los mercados de acciones que pocos esperaban. El S&P 500 subió 1,2% el martes 31 de marzo, después de haber cerrado un 9% por debajo de su máximo histórico. El Nikkei 225 de Japón trepó 4,9%, y el Kospi de Corea del Sur llegó a dispararse 8,6% en algunos momentos de la jornada. En Europa, el STOXX 600 subió 2,2% y el DAX alemán avanzó 2,6%.
La rotación sectorial fue notable. Las aerolíneas, que habían sido castigadas por el aumento del combustible para aviones (que representa entre el 25% y el 35% de sus costos operativos), fueron las grandes beneficiadas: Delta Air Lines y United Airlines subieron más del 5% en las primeras operaciones. En Asia, los transportistas y las empresas de logística también repuntaron con fuerza.
En el extremo opuesto, las petroleras integradas como ExxonMobil y Chevron cayeron cerca del 3% en la jornada del martes, en una liquidación de posiciones que los analistas interpretaron como una toma de ganancias tras un trimestre de fuerte rentabilidad.
El impacto económico
La caída del petróleo por debajo de los US$ 100 tiene implicaciones macroeconómicas de primer orden. Según estimaciones de la consultora Capital Economics, cada descenso sostenido de US$ 10 en el precio del crudo reduce la inflación global entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales.
Para la Reserva Federal, que había mantenido las tasas en 3,50%-3,75% en su última reunión y señaló que solo recortaría cuando la inflación mostrara señales de desaceleración sostenida, la caída del petróleo es un alivio. Los mercados de futuros ya descuentan al menos dos recortes de tasas para 2026, frente a los tres que se esperaban antes de la guerra.
En Europa, la noticia también fue bien recibida. La inflación de la eurozona saltó al 2,5% en marzo, desde el 1,9% de febrero, impulsada por el encarecimiento de la energía. Una caída sostenida del crudo podría evitar que el Banco Central Europeo se vea obligado a subir las tasas para contener las expectativas inflacionarias.
El presidente Trump, en declaraciones a Reuters, vinculó directamente la caída del petróleo con su estrategia: “Estamos viendo los precios bajar porque saben que vamos a terminar esto. Cuando el Estrecho se abra, los precios van a caer aún más”.
El riesgo de un rebote
A pesar de la euforia, los analistas más experimentados advierten que el camino hacia los US$ 90 o menos no está garantizado. El analista de ING, Warren Patterson, señaló que “aún hay mucha incertidumbre sobre cuándo y cómo se reabrirá el Estrecho”. El analista de la firma japonesa Mizuho, Bob Yawger, fue más categórico: “El mercado está apostando a que la guerra termina, pero no hay garantías. Si Irán no acepta las condiciones de Trump, los precios pueden volver a subir rápidamente”.
El analista de la firma de inversión australiana AMP Capital, Diana Mousina, ofreció una perspectiva más matizada: “Nuestro escenario base es que las negociaciones tengan éxito en las próximas semanas, porque hay señales claras de que Trump está buscando una ‘salida’. Pero puede tomar tiempo para que los precios del petróleo se normalicen. La inflación más alta probablemente durará unos seis meses”.
El analista independiente Marcus Padley fue el más escéptico: “En este punto, tenemos mucho ruido sobre el rally, pero nada cierto sobre los avances hacia la paz. La declaración de Irán no está confirmada. Necesitamos pruebas más concretas de que algo ha cambiado realmente: que Irán ha ofrecido la paz en términos viables y que el Estrecho de Ormuz va a abrirse. No tenemos nada de eso”.




