El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó el martes 31 de marzo un informe que expone con crudeza el costo económico que la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya está infligiendo al mundo árabe.
Según las proyecciones del organismo, un mes de conflicto podría generar pérdidas de entre US$ 120.000 y US$ 194.000 millones para los países árabes, lo que representa entre el 3,7% y el 6% del PIB regional. La cifra es particularmente alarmante porque supera el crecimiento acumulado que la región había logrado en 2025.
Además de la contracción económica, el informe advierte que la guerra podría dejar 3,6 millones de personas sin empleo, elevar la tasa de desocupación hasta 4 puntos porcentuales y empujar a 4 millones de personas a la pobreza.
Abdallah Al Dardari, director de la oficina regional del PNUD para los Estados Árabes, fue categórico: “Esta crisis hace sonar las alarmas para los países de la región”.
El número que asusta
El informe del PNUD, titulado “Military Escalation in the Middle East: Economic and Social Implications for the Arab States Region”, fue publicado el 31 de marzo en el sitio web de Naciones Unidas. Utilizando un modelo de simulación económica (Computable General Equilibrium modeling), el organismo evaluó el impacto de un conflicto “corto pero intenso” de cuatro semanas, un período que la guerra actual ya ha superado.
Las proyecciones son lapidarias:
| Indicador | Impacto proyectado |
| Pérdida del PIB regional | US$ 120.000 – 194.000 millones |
| Caída porcentual del PIB | 3,7% – 6,0% |
| Empleos perdidos | 3,6 millones |
| Aumento del desempleo | Hasta 4 puntos porcentuales |
| Nuevas personas en pobreza | Hasta 4 millones |
| Caída del Índice de Desarrollo Humano | 0,2% – 0,4% (equivalente a perder entre seis meses y un año de progreso) |
La cifra de US$ 194.000 millones adquiere una dimensión aterradora cuando se la compara con el crecimiento que la región había logrado en 2025. Según el informe, las pérdidas proyectadas superan el crecimiento acumulado del PIB regional del año pasado, lo que significa que la guerra no solo está aniquilando el crecimiento actual, sino que está erosionando los logros de años anteriores.
El canal de transmisión
El informe del PNUD identifica con claridad los mecanismos a través de los cuales la guerra está devastando las economías árabes. El principal es el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas que se comercializa en el mundo.
Según el análisis, el cierre del estrecho ya está generando:
- Aumento exponencial de los costos comerciales: en el escenario más extremo, el costo del comercio podría multiplicarse por cien debido al desvío de rutas marítimas y al incremento de los seguros y fletes.
- Disrupción en las cadenas de suministro globales: los efectos se trasladan a los precios de los productos básicos y la energía, generando presiones inflacionarias.
- Amenaza a la seguridad alimentaria y farmacéutica: especialmente en los países más dependientes de las importaciones.
Un dato adicional que el PNUD no incluye en sus cifras centrales, pero que subraya la magnitud de la disrupción, es la caída del 97% en el tráfico de buques a través del Estrecho de Ormuz reportada por la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia Occidental (CESPAO) en un informe anterior. Las pérdidas comerciales solo en las dos primeras semanas de guerra alcanzaron los US$ 30.000 millones.
Los más afectados
El informe advierte que el impacto económico no será uniforme en toda la región árabe. Los países del Golfo y los del Levante serán los más golpeados, aunque por razones distintas.
- Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG): enfrentan pérdidas estimadas entre el 5,2% y el 8,5% de su PIB, con hasta 3,1 millones de puestos de trabajo en riesgo. La paradoja es que estas economías, las más ricas de la región, son las que han sufrido el cierre directo de sus principales vías de exportación. Como señaló Abdallah Al Dardari, incluso después de que termine la guerra, los países del Golfo “estarán consumidos por financiar su propia reconstrucción económica”. “No habrá suficiente excedente de ingresos en el Golfo para invertir en la recuperación de esos países. Ese es un desafío estructural que nunca habíamos enfrentado antes”.
- Los países del Levante (Líbano, Siria, Jordania, Palestina): son los que sufrirán las consecuencias humanitarias más graves. Según el PNUD, entre 2,8 y 3,3 millones de personas adicionales podrían caer en la pobreza en esta subregión, lo que representa más del 75% del aumento total proyectado para toda la región. Líbano, que ya estaba sumido en una crisis económica desde 2019, es particularmente vulnerable. La guerra ha agravado la presión sobre sus sistemas de salud y educación, y ha reducido la capacidad de las redes de ayuda para responder a las necesidades crecientes.
- Egipto: el país árabe más poblado (120 millones de habitantes) enfrenta una tormenta perfecta. Ya lidiaba con una deuda abultada y una economía frágil; ahora, el aumento de los precios del petróleo (que llegó a US$ 118 por barril en pleno conflicto) ha disparado sus costos de importación. Según un informe de CESPAO, con el petróleo a US$ 100, la factura adicional anual de importación para Egipto, junto con Líbano y Túnez, sería de US$ 6.800 millones.
- Sudán y Yemen: son los países con mayor vulnerabilidad de base, donde cualquier shock externo se traduce en pérdidas de bienestar desproporcionadas. Ambos ya enfrentaban crisis humanitarias antes del conflicto, y la guerra solo ha profundizado su fragilidad.
El costo humano
Más allá de las cifras macroeconómicas, el informe del PNUD pone el foco en las consecuencias humanas. Cuatro millones de personas que no eran pobres hace un mes podrían caer bajo la línea de pobreza si la guerra se prolonga. 3,6 millones de empleos, una cifra que supera el total de puestos de trabajo creados en la región en 2025, están en riesgo de desaparecer.
La pérdida de desarrollo humano es igualmente alarmante. El Índice de Desarrollo Humano (IDH), que mide la esperanza de vida, el acceso a la educación y el ingreso per cápita, podría caer entre un 0,2% y un 0,4% en la región. Esto equivale a perder entre seis meses y un año completo de progreso en materia de desarrollo.
Abdallah Al Dardari, subsecretario general de la ONU y director de la oficina regional del PNUD para los Estados Árabes, lo resumió con crudeza: “Las pérdidas no son solo económicas; son humanas. Cada semana que añadimos a la destrucción, las debilidades estructurales se hunden más y harán que la recuperación sea más difícil y costosa”.
La paradoja estructural
Uno de los hallazgos más perturbadores del informe es la constatación de una paradoja estructural que el PNUD no había enfrentado antes. Históricamente, después de cada conflicto en Medio Oriente, los países del Golfo, actuaban como los “bancos de la región”, financiando la reconstrucción de los países devastados por la guerra (Líbano, Irak, Palestina, etc.) .
Ahora, la guerra ha golpeado directamente a esos mismos países del Golfo. Sus instalaciones energéticas han sido atacadas, sus exportaciones han caído drásticamente por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, y sus economías enfrentan contracciones de hasta el 8,5% . Como señaló Al Dardari, “no habrá suficiente excedente de ingresos en el Golfo para invertir en la recuperación de esos países”.
Este es un punto de inflexión. Por primera vez, la región árabe enfrenta un conflicto en el que todos los países resultan perdedores, sin un “prestamista de último recurso” para financiar la reconstrucción posterior. El ciclo histórico de “guerra – destrucción – reconstrucción con dinero del Golfo” parece haber llegado a su fin.
Las recomendaciones
El informe del PNUD no se limita a diagnosticar los problemas; también ofrece un camino para mitigarlos. Abdallah Al Dardari fue explícito: “Esta crisis hace sonar las alarmas para los países de la región para reevaluar fundamentalmente sus opciones estratégicas de políticas fiscales, sectoriales y sociales”.
Las recomendaciones clave incluyen:
- Fortalecer la cooperación regional: ante un shock que afecta a todos por igual, la respuesta aislada es insuficiente. Se necesita una acción coordinada.
- Diversificar las economías más allá de los hidrocarburos: la guerra ha demostrado una vez más la vulnerabilidad de las economías árabes a los shocks energéticos. La transición hacia sectores como el turismo, la manufactura, las finanzas y las energías renovables es una necesidad existencial.
- Expandir las bases productivas y asegurar las cadenas de suministro: la disrupción del comercio marítimo mostró que la dependencia de rutas únicas es un riesgo estratégico.
- Ampliar las alianzas económicas: la dependencia excesiva de unos pocos socios comerciales debe ser reemplazada por una red más diversificada de relaciones económicas.




