Goldman Sachs alerta sobre el mayor shock de petróleo de la historia. Asia endurece su política monetaria mientras el Golfo enfrenta caídas históricas. América Latina aparece como una de las pocas regiones beneficiadas.
Goldman Sachs alerta sobre el mayor shock de petróleo de la historia. Asia endurece su política monetaria mientras el Golfo enfrenta caídas históricas. América Latina aparece como una de las pocas regiones beneficiadas.

El banco de inversión Goldman Sachs publicó en marzo una serie de revisiones de sus pronósticos económicos que reflejan el impacto profundo del conflicto en Medio Oriente. En Asia, abandonó su llamado a una flexibilización monetaria en Indonesia y agregó subas de tasas para India y Filipinas, mientras prevé que el petróleo Brent promedie los US$ 115 en abril.

Los países del Golfo, el economista Farouk Soussa advirtió que Qatar y Kuwait podrían ver sus economías contraerse hasta un 14% este año si el conflicto se prolonga hasta abril, el mayor desplome desde la Guerra del Golfo de 1990.

En América Latina, en cambio, la región podría ser una de las pocas beneficiadas por los altos precios de la energía, gracias a su condición de exportadora neta de hidrocarburos.

El diagnóstico del banco es lapidario: el mundo enfrenta “el mayor shock de oferta de petróleo de la historia”, con pérdidas acumuladas de más de 800 millones de barriles si el estrecho permanece cerrado durante seis semanas.

El ajuste en Asia

El 23 de marzo, Goldman Sachs publicó una revisión de sus pronósticos de política monetaria para Asia que refleja el nuevo escenario energético. La firma abandonó su llamado a una flexibilización monetaria en Indonesia para 2026 y, en un giro más significativo, agregó subas de tasas de interés para India y Filipinas.

El argumento central del banco es que estas economías muestran “expectativas de inflación menos ancladas y monedas más sensibles a los shocks externos”. En el nuevo escenario, los formuladores de política podrían moverse hacia una postura más defensiva a medida que los mayores costos del combustible comienzan a trasladarse a los precios internos.

El pronóstico petrolero que sostiene el ajuste

La revisión de Goldman Sachs se basa en un escenario energético particularmente severo. El banco asume un cierre casi total del Estrecho de Ormuz hasta mediados de abril, con el Brent promediando US$ 105 en marzo y US$ 115 en abril, antes de moderarse a US$ 80 hacia el cuarto trimestre.

En una nota del 22 de marzo, los analistas liderados por Daan Struyven elevaron aún más sus previsiones anuales: esperan que el Brent promedie US$ 85 por barril en 2026 (frente a un pronóstico anterior de US$ 77), mientras que el West Texas Intermediate (WTI) subió a US$ 79 desde US$ 72.

El banco calificó la situación como “el mayor shock de oferta de petróleo de la historia”, con pérdidas acumuladas que superarían los 800 millones de barriles si el estrecho permanece cerrado durante seis semanas, seguidas de un mes de recuperación gradual.

El impacto inflacionario y en el crecimiento por país

El informe de Goldman Sachs desagrega los efectos por economía, revelando una heterogeneidad significativa en la región:

PaísImpacto inflacionarioImpacto en crecimiento
Tailandia y FilipinasMás de 1 punto porcentual
Promedio regional0,6 puntos porcentuales (acumulado 1% desde inicio del conflicto)
India, Filipinas, Tailandia, SingapurRecorte de más de 0,5 puntos porcentuales en previsiones
China, Japón, Corea del SurImpacto cercano a ceroAfectación mínima

La relativa inmunidad de China, Japón y Corea del Sur se explica por los subsidios energéticos que amortiguan el impacto en los consumidores, una herramienta de política que los países del Sudeste Asiático no pueden desplegar con la misma magnitud.

En cuanto a las balanzas de pagos, Goldman Sachs prevé un deterioro de las cuentas corrientes en gran parte de la región, con la excepción de Australia y Malasia, que podrían beneficiarse de los mayores precios de las materias primas.

El Golfo Pérsico

Mientras Asia sufre el impacto por el lado de la demanda, los países del Golfo enfrentan el doble golpe de la guerra: sus economías, altamente dependientes del petróleo y del comercio a través del Estrecho de Ormuz, se enfrentan a un escenario de contracción severa.

El economista de Goldman Sachs para Medio Oriente y Norte de África, Farouk Soussa, fue categórico en un informe citado por Bloomberg el 15 de marzo: si el conflicto continúa hasta abril y las interrupciones en el estrecho se extienden por dos meses, Qatar y Kuwait podrían ver sus economías contraerse hasta un 14% este año.

La magnitud de la caída es histórica. Soussa señaló que representaría la recesión más profunda para ambos países desde la Guerra del Golfo de principios de los años noventa.

PaísContracción proyectadaContexto histórico
QatarHasta 14%Mayor caída desde 1990
KuwaitHasta 14%Mayor caída desde 1990
Emiratos Árabes UnidosAproximadamente 5%Mayor caída desde la pandemia de COVID-19 (2020)
Arabia SauditaAproximadamente 3%Mayor caída desde 2020

Soussa advirtió que, para muchas economías del Golfo, “esta guerra podría tener un impacto a corto plazo aún mayor que la pandemia de COVID-19”, porque amenaza tanto a las exportaciones de energía como a la actividad económica en general. Si bien las economías pueden reconstruirse una vez que el conflicto amaine, “el daño a la confianza de los inversores es impredecible”.

Los mecanismos de transmisión

El informe identifica dos canales a través de los cuales la guerra afecta a las economías del Golfo:

  1. Sector energético: Cualquier interrupción en los envíos de petróleo debilita los ingresos del gobierno
  2. Sectores no petroleros: Industrias como el turismo, el sector inmobiliario y las inversiones sufren a medida que aumenta la incertidumbre geopolítica

Soussa señaló que la guerra ha creado un “entorno difícil” para las economías del Golfo porque corre el riesgo de golpear simultáneamente los sectores petrolero y no petrolero.

Las excepciones

Soussa aclaró que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos están mejor posicionados que sus vecinos porque pueden desviar parte de sus exportaciones de petróleo a través de rutas alternativas que no dependen del Estrecho de Ormuz. Además, los precios más altos del petróleo pueden compensar parcialmente la reducción de volúmenes.

Sin embargo, incluso estos países más resilientes enfrentarían contracciones del 3% y 5% respectivamente, lo que marcaría su mayor caída desde 2020.

América Latina

Mientras Asia y el Golfo sufren los efectos adversos del conflicto, Goldman Sachs identificó a América Latina como una de las pocas regiones que podría beneficiarse del nuevo escenario energético.

En un informe citado por la agencia Yonhap el 11 de marzo, el banco evaluó que “si los precios del petróleo se mantienen altos durante un período prolongado, América Latina podría ser una de las pocas regiones del mundo donde las tasas de crecimiento económico realmente aumenten”.

La principal fortaleza de la región, según el análisis, es su estructura como exportadora neta de energía. Ante un aumento de los precios del crudo y la energía, los principales países productores probablemente verán un aumento de las exportaciones y una mayor entrada de divisas.

PaísPosición energéticaBeneficio esperado
BrasilExportador netoAumento de exportaciones e ingresos
GuyanaExportador (petróleo)Fuerte incremento de divisas
ColombiaExportador netoMayor entrada de divisas
ArgentinaReciente exportador netoBeneficio por alza de crudo y agro
MéxicoAlta dependencia importadoraBeneficio limitado
ChileAlta dependencia importadoraBeneficio limitado

El caso de Argentina merece una mención especial. El país, que históricamente fue vulnerable durante períodos de inestabilidad financiera global, ahora se beneficia de los precios más altos del petróleo después de haberse convertido recientemente en un exportador neto de energía. Si los precios del crudo y los productos agrícolas aumentan simultáneamente, podría resultar en un aumento de los ingresos en divisas.

Factores estructurales que potencian la región

Goldman Sachs identifica varios factores que hacen de América Latina un destino atractivo en el nuevo escenario global:

  • Abundancia de recursos: además de petróleo y gas, la región es un proveedor clave de materias primas críticas como cobre, litio y productos agrícolas, lo que aumenta su valor estratégico en medio de la reconfiguración de las cadenas de suministro globales
  • Estabilidad macroeconómica mejorada: a diferencia de los shocks petroleros de la década de 1970, la inflación en la mayoría de los países latinoamericanos ha caído a niveles de un solo dígito, los bancos centrales mantienen reservas de divisas adecuadas y los mercados laborales muestran tendencias estables
  • Proximidad geográfica a Estados Unidos: desde la perspectiva del “nearshoring”, la cercanía a la mayor economía del mundo aumenta el atractivo de inversión de la región
  • Distancia de los conflictos activos: la relativa lejanía de las zonas de conflicto en Medio Oriente y Europa es un factor que aumenta su atractivo para los inversores 

Sin embargo, el banco advierte que, para convertir estas oportunidades en crecimiento real, se necesita una mayor cooperación regional. “Los países latinoamericanos deberían reducir las confrontaciones ideológicas y buscar una expansión del comercio regional, la integración de los mercados energéticos y el desarrollo conjunto de infraestructura”.

El contexto global

La magnitud del shock energético no solo es reconocida por Goldman Sachs. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, declaró en un evento en Canberra, Australia, que el efecto de las interrupciones actuales es equivalente a las dos grandes crisis petroleras de la década de 1970 y la crisis del gas natural de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania “todas juntas”.

Birol respaldó la evaluación de Goldman Sachs sobre la gravedad del desafío para los mercados energéticos globales.

En Europa, Goldman Sachs también ajustó sus perspectivas. En un informe del 15 de marzo, los estrategas liderados por Sharon Bell señalaron que los mayores precios de la energía llevaron a los economistas del banco a reducir su pronóstico de crecimiento para Estados Unidos en 2026 en 0,3 puntos porcentuales, hasta el 2,2%. Las expectativas de inflación son ahora más altas, lo que retrasó la previsión del primer recorte de tasas de la Reserva Federal de junio a septiembre.

En Europa, el banco mantuvo en gran medida sin cambios sus objetivos para los índices bursátiles, pero ajustó las ponderaciones sectoriales: elevó Construcción y Materiales de Construcción a Sobreponderar y añadió su cesta de energías renovables y empresas intensivas en capital como posiciones de sobreponderación, mientras que redujo Automoción y Químicos a Infraponderar.

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