El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó el viernes una amenaza que resonó en todo el continente: tras las intervenciones militares en Venezuela e Irán, “Cuba es la siguiente”. La frase, pronunciada en un foro de inversión en Miami, fue acompañada por un gesto irónico “finjan que no dije eso” pero el mensaje fue claro. Horas antes, el secretario de Estado, Marco Rubio, había insistido en la necesidad de un “cambio de régimen” en la isla, argumentando que su economía “no puede cambiar a menos que cambie su sistema de gobierno”.
En La Habana, la respuesta fue inusual: el Ministerio de las Fuerzas Armadas publicó en X las dos estrofas del himno nacional que llaman al combate, mientras el canciller Bruno Rodríguez acusó a Washington de imponer un “brutal bloqueo de suministros de combustible” que constituye un “castigo colectivo” contra el pueblo cubano.
La amenaza que no fue un desliz
El viernes 27 de marzo, en el marco de la Cumbre Prioritaria del FII (Future Investment Initiative) celebrada en Miami, el presidente Donald Trump pronunció un discurso que rápidamente dio la vuelta al mundo. Al referirse a las acciones militares que su administración había llevado a cabo en Venezuela (con la captura de Nicolás Maduro en enero) y en Irán (con los bombardeos que comenzaron el 28 de febrero), el mandatario introdujo una frase que no estaba en el guión:
“Construí estas grandes Fuerzas Armadas. Dije: ‘Nunca tendrán que usarlas’, pero a veces hay que usarlas. Y Cuba es la siguiente, por cierto, pero finjan que no dije eso… medios, por favor ignoren esa declaración. Muchas gracias. Cuba es la siguiente”.
La declaración, aunque envuelta en un tono irónico, no fue un mero desliz. Trump ya había anticipado en semanas anteriores que Cuba “va a caer pronto”, y había especulado con “tomar” la isla. Lo que cambió este viernes fue el contexto: las amenazas dejaron de ser hipotéticas para convertirse en una declaración de intenciones formulada en un mismo párrafo que mencionaba las intervenciones militares ya consumadas en otros países.
El marco ideológico
La amenaza presidencial no fue un hecho aislado. Horas antes, el secretario de Estado, Marco Rubio, había establecido el marco ideológico de la nueva política hacia la isla en declaraciones a la prensa en París, tras una reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G7.
“La economía de Cuba necesita cambiar, y no puede cambiar a menos que cambie su sistema de Gobierno. Es así de simple”.
Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y figura emblemática del ala dura anticastrista en el Congreso, fue más allá al cuestionar la viabilidad del modelo socialista: “¿Quién va a invertir miles de millones de dólares en un país comunista gobernado por comunistas incompetentes?”. Agregó que, bajo el liderazgo actual, “el pueblo cubano sufre” y el país es incapaz de “integrarse al siglo XXI”.
El mensaje fue claro: la Casa Blanca ya no se conforma con la presión diplomática o el endurecimiento del embargo. La retórica ha pasado a contemplar explícitamente la posibilidad de una intervención que fuerce un “cambio de sistema”, siguiendo el modelo que, según la narrativa oficial, se aplicó en Venezuela con la captura de Maduro.
La respuesta cubana
La reacción del gobierno cubano no se hizo esperar y tuvo un carácter inusual por su tono y su origen. Fue el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) el que respondió directamente a la amenaza de Trump en su cuenta oficial de X.
En lugar de un comunicado extenso, el MINFAR reposteó la noticia de la amenaza y publicó las dos estrofas del himno nacional de Cuba, que son un llamado explícito al combate:
“Al combate corred, bayameses, que la patria os contempla orgullosa / No temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir / En cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido / Del clarín escuchad el sonido / ¡A las armas, valientes, corred!”.
La respuesta militar es significativa. Fue una declaración de que cualquier intento de intervención encontrará resistencia armada. En un tono más diplomático, el presidente Miguel Díaz-Canel había dicho la semana anterior que cualquier agresor externo se enfrentaría a una “resistencia inexpugnable”.
El canciller Bruno Rodríguez, por su parte, optó por denunciar el “bloqueo energético” que, según el gobierno cubano, Washington ya está aplicando. En declaraciones del sábado, Rodríguez calificó de “mentiras” las afirmaciones estadounidenses sobre el suministro de combustible y acusó a la administración Trump de aplicar un “brutal bloqueo de suministros de combustible, como forma de expandir y aumentar el castigo colectivo a los cubanos”.
El estado de la isla
El telón de fondo de esta escalada retórica es una situación humanitaria en Cuba que se ha deteriorado drásticamente en los últimos meses. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero cortó el flujo de petróleo subsidiado que durante años sostuvo la economía cubana. Desde entonces, la isla enfrenta apagones diarios, escasez de combustible y una crisis energética que afecta a todos los sectores.
Según un informe de The New York Times citado por La Jornada, el sistema de salud pública cubano está colapsando. Seis médicos cubanos entrevistados por el diario estadounidense afirmaron que el rápido deterioro de las condiciones en hospitales y clínicas está provocando muertes evitables.
Los testimonios son desgarradores:
- Farmacias vacías porque el Estado está en bancarrota.
- Producción de medicamentos paralizada porque las fábricas funcionan con diésel.
- Reservas de vacunas refrigeradas que podrían estropearse pronto si continúan los apagones.
- Ambulancias estacionadas por falta de gasolina.
- Hospitales que cancelan cirugías y envían pacientes a casa porque el personal no puede llegar al trabajo.
Alioth Fernández, jefe de anestesiología del hospital pediátrico más grande de La Habana, fue categórico: “No puedo decirles cuántas muertes hay, pero estoy seguro de que son más que en el mismo periodo del año pasado”.
En las calles de La Habana, el descontento es cada vez más visible, aunque muchas veces se expresa en voz baja. Un bicitaxista le dijo a CNN: “Que vengan los estadounidenses, que venga Trump, ya es hora de acabar con esto. No podemos más… la gente no puede alimentar a sus familias”.
Los límites de la amenaza
A pesar de la dureza de las declaraciones, la situación no es lineal. Trump reconoció en las últimas semanas que su administración mantiene contactos con La Habana, y sugirió que podría alcanzarse un acuerdo. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó que su gobierno está dispuesto al diálogo, pero dejó claro que hay límites: “La decisión de dialogar con EU es colectiva”, afirmó, al tiempo que subrayó que “no está en juego nuestro sistema político ni ninguna decisión que sea propia de nuestro pueblo”.
La paradoja es evidente: mientras Trump amenaza con una intervención, ambos gobiernos mantienen canales de comunicación abiertos. La ambigüedad podría ser parte de una estrategia de presión máxima: si Cuba no negocia un cambio de régimen por sí misma, las amenazas se convertirían en acciones concretas.
Sin embargo, el precedente de Venezuela e Irán es un recordatorio de que la administración Trump no ha dudado en usar la fuerza cuando lo consideró necesario. La captura de Maduro en enero y los bombardeos en Irán en febrero no fueron operaciones menores. Fueron acciones militares de gran envergadura que marcaron un punto de inflexión en la política exterior estadounidense.
El impacto geopolítico
Las declaraciones de Trump sobre Cuba se inscriben en un patrón más amplio de reconfiguración de la influencia estadounidense en el hemisferio occidental. Tras la captura de Maduro en Venezuela y el despliegue militar en Medio Oriente, la Casa Blanca parece estar estableciendo una nueva doctrina: los países considerados hostiles a los intereses de Estados Unidos son objetivos legítimos de intervención, ya sea mediante operaciones especiales, bombardeos o presiones económicas que asfixian a las poblaciones hasta forzar un cambio de régimen.
Para América Latina, la amenaza sobre Cuba es un llamado de atención. Si Washington está dispuesto a intervenir en una isla que está a 90 millas de sus costas, ningún gobierno de la región que se aparte de su órbita puede sentirse seguro. La respuesta de los países vecinos (México, Colombia, los miembros de la Comunidad del Caribe) será determinante en las próximas semanas.




