Trump afirmó que Irán "pidió un alto el fuego" a Estados Unidos. Teherán respondió con un contundente desmentido: "falso e infundado". Mientras tanto, el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado y el petróleo supera los US$110.
Trump afirmó que Irán "pidió un alto el fuego" a Estados Unidos. Teherán respondió con un contundente desmentido: "falso e infundado". Mientras tanto, el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado y el petróleo supera los US$110.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles en Truth Social que el presidente iraní “acaba de pedir a Estados Unidos un alto el fuego”. La respuesta de Teherán fue inmediata y contundente: el portavoz de la Cancillería, Esmaeil Baghaei, calificó la declaración de “falsa e infundada”, mientras el propio ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, aclaró que se han intercambiado mensajes a través de intermediarios, pero que “no hay negociaciones directas”.

La confusión no es un mero ruido diplomático: es la expresión de una puja de fondo donde cada bando intenta imponer sus condiciones. Irán exige reparaciones de guerra, garantías internacionales y el reconocimiento de su soberanía sobre el Estrecho de Ormuz, mientras Trump condiciona cualquier tregua a que la vía marítima quede “abierta, libre y despejada”.

En medio de estas contradicciones, el Estrecho sigue bloqueado, los precios del petróleo se mantienen por encima de los US$ 110 y la economía global sigue pagando el costo de una guerra que ninguno de los dos bandos parece dispuesto a terminar sin un triunfo político que lo justifique.

La versión de Trump

El miércoles 1 de abril, Donald Trump utilizó su plataforma Truth Social para lanzar una afirmación que, de ser cierta, marcaría un giro radical en el conflicto que comenzó el 28 de febrero con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que acabó con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.

El mensaje fue claro y, como es habitual en el mandatario, grandilocuente:

“El presidente del Nuevo Régimen de Irán, mucho menos radicalizado y mucho más inteligente que sus predecesores, acaba de pedir a Estados Unidos un ALTO EL FUEGO. Lo consideraremos cuando el Estrecho de Ormuz esté abierto, libre y despejado. Hasta entonces, estamos haciendo estallar a Irán hasta la aniquilación o, como dicen, de vuelta a la Edad de Piedra”.

Horas antes de la publicación, el propio Trump había adelantado en declaraciones a Reuters que las fuerzas estadounidenses podrían retirarse de Irán “bastante pronto” y que se preparaba para dar un discurso nacional esa misma noche para delinear el estado del conflicto.

La afirmación de Trump no era inocente. El mercado de valores abría sus operaciones el miércoles por la mañana, y en las últimas semanas el mandatario ha utilizado sus declaraciones sobre Irán para influir en los precios del petróleo y las acciones. Un anuncio de un alto el fuego solicitado por Irán sería interpretado por los inversores como una señal de desescalada, con el consiguiente impacto en los precios energéticos.

La respuesta iraní

La reacción de Teherán no se hizo esperar. En un despliegue coordinado, las más altas autoridades iraníes salieron a desmentir la versión de Trump con una contundencia que no dejó lugar a dudas.

El portavoz de la Cancillería, Esmaeil Baghaei, fue el primero en pronunciarse. En declaraciones recogidas por la televisión estatal Press TV, calificó las afirmaciones de Trump como “falsas e infundadas” y aseguró que no reflejan la posición de Irán. Más tarde, en declaraciones a la agencia ISNA, Baghaei precisó que se han recibido mensajes a través de intermediarios, incluido Pakistán, pero que “no hay negociaciones directas con EE.UU.” y que las demandas de Washington son “maximalistas e irracionales”.

El viceministro Seyyed Mehdi Tabatabaei, encargado de comunicaciones de la presidencia iraní, fue más allá en sus declaraciones en X. “La postura de la República Islámica de Irán respecto a la defensa patriótica de la integridad del país contra la agresión de las fuerzas del mal y las condiciones para poner fin a la guerra impuesta no ha cambiado en absoluto, y no se presta atención a las ilusiones y mentiras de los criminales”, escribió. Y añadió: “La nación iraní, decidida, firme y unida, defiende la esencia de su patria. #launidad es la clave de nuestra victoria”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, ofreció la lectura más matizada pero igualmente firme. En una entrevista con Al Jazeera, Araghchi reconoció que se han intercambiado mensajes con Estados Unidos a través de intermediarios en los últimos días, pero subrayó que “no hay negociaciones directas”. También enfatizó que Irán no acepta un alto el fuego temporal, sino que exige el fin completo de la guerra, con garantías internacionales de que no se reanudará y una compensación total por los daños materiales y humanos sufridos.

El mismo miércoles, el presidente Masoud Pezeshkian publicó una carta abierta al pueblo estadounidense en la que preguntaba: “¿Qué interés del pueblo estadounidense se está sirviendo realmente con esta guerra?” y cuestionaba si Washington entró en el conflicto “como un proxy de Israel, influenciado y manipulado por ese régimen”.

Las condiciones iraníes

El embajador de Irán en Rusia, Kazem Jalali, fue el encargado de formalizar la lista de condiciones que Teherán exige para poner fin a la guerra. En declaraciones a TASS el 1 de abril, Jalali enumeró cuatro demandas centrales:

  1. El cese completo de la agresión y los actos terroristas por parte de Estados Unidos e Israel.
  2. La provisión de garantías creíbles para evitar que el conflicto se reanude.
  3. La compensación total por los daños materiales y morales causados por los ataques.
  4. El respeto a la jurisdicción legal de Irán sobre el Estrecho de Ormuz para proteger la seguridad marítima internacional.

El ministro Araghchi fue igualmente explícito en su entrevista con Al Jazeera: Irán no aceptará un alto el fuego temporal. “Para que cualquier conversación avance, necesitamos cambios serios. Irán aún no ha tomado una decisión final sobre si entrar en negociaciones”, afirmó, señalando que el nivel de confianza entre Teherán y sus adversarios es “muy bajo”.

En cuanto al Estrecho de Ormuz, Araghchi fue categórico: la vía marítima permanece bajo el control conjunto de Irán y Omán, y los buques pertenecientes a países que están en conflicto con Irán no podrán transitar. Los barcos de otras naciones, en cambio, pueden hacerlo previa coordinación.

La Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC) también se pronunció sobre el Estrecho con una declaración que no dejó lugar a dudas: “Este estrecho no será abierto a los enemigos de esta nación a través del ridículo espectáculo del presidente de Estados Unidos”.

La ambigüedad de fondo

En medio de esta tormenta de declaraciones cruzadas, hay un hecho objetivo que ambos bandos reconocen: se están intercambiando mensajes. Araghchi admitió que se han recibido comunicaciones a través de intermediarios, incluido Pakistán. El propio secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, había declarado días antes que los contactos continúan, incluso a través de terceros países.

Según informó el portal Axios citando a fuentes estadounidenses, Washington y Teherán están discutiendo un acuerdo potencial que implicaría un alto el fuego a cambio de que Irán reabra el Estrecho de Ormuz. Las fuentes no precisaron si las conversaciones son directas o con mediadores, y advirtieron que las perspectivas de un acuerdo formal siguen siendo inciertas.

Esta ambigüedad explica las contradicciones aparentes entre los discursos. Es posible que Trump haya interpretado la disposición de Irán a discutir una salida negociada como un “pedido de alto el fuego”. Es posible también que el gobierno estadounidense, bajo presión doméstica por el aumento de los precios del petróleo y la caída de los mercados, necesite mostrar avances en la negociación.

Pero la posición iraní es clara: no aceptará un cese temporal de hostilidades. Exige el fin completo de la guerra, garantías, reparaciones y el reconocimiento de su autoridad sobre el Estrecho. Y mientras tanto, la Guardia Revolucionaria mantiene el control del paso marítimo, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo que se comercializa en el mundo.

El impacto económico

El bloqueo del Estrecho de Ormuz sigue siendo el principal factor de presión sobre la economía global. Desde el 28 de febrero, el barril de Brent superó los US$ 110, con picos que rozaron los US$ 120 en los primeros días del conflicto. La gasolina en Estados Unidos se acerca a los US$ 4 por galón, un umbral que históricamente genera malestar social.

El problema es que las condiciones para reabrir el Estrecho son el punto central de la disputa. Trump condiciona cualquier alto el fuego a que la vía esté “abierta, libre y despejada”. Irán, en cambio, exige que se respete su “jurisdicción legal” sobre el Estrecho como parte de cualquier acuerdo. Mientras no haya un acuerdo sobre este punto, los buques de países considerados “enemigos” no podrán transitar, y la economía global seguirá pagando el precio.

El parlamento iraní ya aprobó una legislación que establecería el control permanente de Irán sobre el Estrecho y la imposición de peajes de hasta US$ 2 millones por buque. Esto sugiere que, incluso después de un eventual alto el fuego, la disputa por el control de la vía marítima más importante del mundo podría persistir.

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