El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes que las fuerzas estadounidenses abandonarán Irán en “dos o tres semanas, con o sin acuerdo”, en una declaración que el secretario de Estado, Marco Rubio, describió como el avistamiento de la “línea de meta” en un conflicto que ya lleva más de un mes.
El anuncio, que será ampliado por el mandatario en un discurso este miércoles por la noche, se produce en un contexto de creciente presión doméstica: el precio del petróleo superó los US$ 112 por barril, las acciones en Wall Street acumulan pérdidas superiores al 10% desde el inicio de la guerra, y las encuestas muestran que casi el 60% de los estadounidenses considera que el conflicto va mal.
Mientras tanto, Irán mantiene cerrado el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, y sus autoridades advierten que la guerra terminará “cuando Irán decida hacerlo y cuando se cumplan sus propias condiciones”.
“Vemos la línea de meta”
El martes 31 de marzo, el secretario de Estado Marco Rubio declaró en una entrevista con Fox News que la administración Trump “puede ver la línea de meta” en la guerra contra Irán. “No es hoy, no es mañana, pero se acerca”, afirmó Rubio, quien agregó que las fuerzas estadounidenses están logrando sus objetivos “con una eficiencia extraordinaria, algo que creo que pasará a la historia como una de las operaciones militares tácticas mejor ejecutadas de los tiempos modernos”.
Horas antes, el presidente Donald Trump había sido más explícito en declaraciones a la prensa: “Estaremos saliendo muy pronto. En dos o tres semanas. Con o sin acuerdo”.
El anuncio, que Trump ampliará este miércoles por la noche en un discurso desde la Casa Blanca, representa el intento más claro de la administración de poner fin a un conflicto que ya cumple cinco semanas y que comenzó el 28 de febrero con el ataque conjunto que acabó con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.
Sin embargo, la “línea de meta” que Rubio avista es más difusa de lo que su retórica sugiere. En los mismos días en que Trump prometía una salida inminente, el Pentágono anunciaba el envío de tres buques de guerra adicionales con 2.500 marines a la región, elevando la fuerza total desplegada a cerca de 50.000 efectivos, la mayor presencia militar estadounidense en Medio Oriente en más de dos décadas.
Las presiones domésticas
El anuncio de Trump no se produce en el vacío. Detrás de la promesa de retirada hay una acumulación de presiones domésticas que la administración ya no puede ignorar.
- El precio del petróleo. El barril de Brent, referencia internacional, cotiza esta semana por encima de los US$ 112, más de un 50% por encima de los US$ 73 que valía el 27 de febrero, un día antes del inicio de la guerra. El precio de la gasolina en Estados Unidos se acerca a los US$ 4 por galón, un umbral que históricamente genera malestar social y penaliza a los presidentes en ejercicio.
- Los mercados financieros. Wall Street está en caída. El S&P 500 acumula pérdidas superiores al 10% desde el inicio del conflicto, y el pasado viernes 27 de marzo cayó 1,78% tras las noticias de una nueva escalada. Los inversores temen que la prolongación de la guerra y el cierre del Estrecho de Ormuz generen una recesión global.
- La opinión pública. Según una encuesta de CBS News/YouGov citada por CNN, casi el 60% de los estadounidenses cree que la guerra va mal. El conflicto, que Trump lanzó sin autorización del Congreso, es cada vez más impopular a medida que los costos económicos se trasladan a los consumidores.
- La presión de los aliados del Golfo. Los países del Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, advirtieron a Washington que la destrucción de las plantas eléctricas iraníes desencadenaría una respuesta que afectaría sus propias instalaciones energéticas y plantas desalinizadoras, de las que dependen para su supervivencia. “El temor a una guerra de infraestructura regional, parece haber empujado a Washington a reconsiderar sus próximos pasos”, resume un análisis de The Week .
La paradoja de la “retirada con o sin acuerdo”
El problema de la promesa de Trump es que el control del conflicto no está exclusivamente en manos de Washington. Irán ha dejado claro que no aceptará cualquier acuerdo.
Según informes de prensa citados por varios medios, Estados Unidos envió a Irán, a través de intermediarios paquistaníes, un plan de 15 puntos para poner fin a la guerra. Las demandas estadounidenses incluyen:
- El desmantelamiento completo del programa nuclear iraní
- El abandono del enriquecimiento de uranio y la entrega de las existencias actuales
- El fin del apoyo de Irán a grupos armados regionales
- El reconocimiento de Israel
- La apertura total del Estrecho de Ormuz
La respuesta iraní fue, cuando menos, desafiante. Press TV, la televisión estatal iraní, citó a un alto funcionario que declaró: “Irán terminará la guerra cuando decida hacerlo y cuando se cumplan sus propias condiciones”. Las condiciones de Teherán incluyen:
- Reparaciones de guerra
- Garantías de que el conflicto no se reanudará
- El reconocimiento internacional de la soberanía iraní sobre el Estrecho de Ormuz
El secretario de Estado Rubio reconoció este domingo que Washington debe estar preparado para la “probabilidad” de que Irán rechace la oferta diplomática. “Hay personas allí que están hablando con nosotros de maneras en que las personas a cargo de Irán no nos han hablado en el pasado”, dijo Rubio en ABC. “Pero también tenemos que estar preparados para el hecho de que ese esfuerzo podría fracasar. Estamos tratando con un régimen de 47 años que todavía tiene mucha gente involucrada que no es necesariamente gran fanática de la diplomacia y la paz”.
La ambigüedad estratégica
El anuncio de Trump no resuelve las contradicciones que han marcado la guerra desde sus inicios. En las últimas semanas, la administración ha alternado amenazas de “obliterar” las plantas eléctricas iraníes con la promesa de negociaciones y la solicitud de un alto el fuego de cinco días.
La semana pasada, Trump amenazó con un ultimátum de 48 horas: abrir el Estrecho de Ormuz o enfrentar la destrucción de sus plantas eléctricas. Horas antes de que venciera el plazo, el mandatario retrocedió y anunció una prórroga de 10 días, hasta el 6 de abril, para continuar las conversaciones.
La propia portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reconoció que la administración mantiene el calendario operativo previsto. “Estamos aferrándonos al cronograma anunciado anteriormente para la operación contra Irán y continuamos actuando dentro de ese plazo”, declaró el lunes.
Esta ambigüedad ha generado críticas incluso dentro del propio partido republicano. La congresista Nancy Mace, de Carolina del Sur, resumió la contradicción con una ironía lapidaria: “Bombardear Irán con una mano y comprar petróleo iraní con la otra”. Su comentario hacía referencia a la decisión del Tesoro estadounidense de levantar temporalmente las sanciones al petróleo iraní ya embarcado, permitiendo la venta de unos 140 millones de barriles para aliviar la crisis energética global.
El impacto global
Mientras Washington debate su estrategia de salida, el mundo sigue pagando el precio de un conflicto que ya dura más de un mes. El Estrecho de Ormuz permanece bloqueado. Los precios del petróleo se mantienen en niveles que amenazan con desencadenar una recesión global. Las cadenas de suministro sufren interrupciones que afectan desde los fertilizadores para la agricultura hasta los plásticos para la industria.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) proyecta que la inflación en Estados Unidos alcanzará el 4,2% este año, impulsada por los precios de la energía. En Europa, el Banco Central Europeo elevó su previsión de inflación para 2026 al 2,6% y recortó el crecimiento al 0,9%.
El analista de The Guardian, en un artículo del 27 de marzo, resumió la paradoja en la que se encuentra la administración Trump: “El desafío de Trump es que sus objetivos están en conflicto. Necesita desesperadamente terminar la guerra y traer la flota a casa. Y necesita desesperadamente desbloquear el suministro de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, que Irán controla ahora. Pero Irán, por el contrario, tiene tiempo”.




