Un informe del banco de inversión JPMorgan Chase advierte que la inflación en Argentina podría mantenerse por encima de lo previsto por el Gobierno nacional, introduciendo matices en el debate sobre la velocidad del proceso de desinflación impulsado por la administración de Javier Milei.
El análisis del banco de Wall Street sostiene que la inflación continuará desacelerándose durante 2026, aunque a un ritmo más gradual que el planteado en el discurso oficial.
Según el informe, la economía argentina transita un proceso de estabilización que todavía enfrenta desafíos estructurales vinculados a la inercia inflacionaria y al proceso de recomposición de precios relativos.
Las proyecciones del banco
De acuerdo con las estimaciones de los economistas de la entidad financiera, la inflación seguirá bajando, pero lo hará de forma más lenta que lo anticipado por el Gobierno.
Las principales proyecciones del informe señalan:
- Inflación mensual promedio del 2,4% durante el primer semestre de 2026.
- Desaceleración hacia niveles cercanos al 1,5% mensual en el segundo semestre.
- Inflación anual cercana al 26% hacia diciembre de 2026.
El documento advierte además que la inflación difícilmente bajará del 2% mensual antes de mediados de año, reflejando la persistencia de mecanismos de indexación y formación de precios que caracterizan históricamente a la economía argentina.
Los factores que explican la proyección
El informe identifica varios elementos que explican por qué la inflación podría desacelerarse de forma más gradual.
Uno de los factores centrales es la corrección de precios regulados, particularmente en servicios públicos como electricidad, gas y transporte, que continúan ajustándose luego de años de atraso tarifario.
A esto se suma la persistencia de aumentos en alimentos, un componente clave dentro del índice de precios al consumidor, especialmente en productos vinculados a la cadena cárnica.
El estudio también menciona la inercia inflacionaria como un elemento estructural de la economía argentina. La dinámica de formación de precios, contratos y salarios tiende a incorporar expectativas inflacionarias que ralentizan los procesos de desaceleración.
Finalmente, el banco señala que el ritmo de desinflación también dependerá de las condiciones financieras externas y del acceso de Argentina a los mercados internacionales de crédito, lo que podría mejorar el perfil financiero del país y reducir presiones macroeconómicas.
El contexto inflacionario actual
Los datos recientes muestran que el proceso de desinflación continúa, aunque todavía en niveles elevados.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, la inflación mensual de febrero fue del 2,9%, el mismo nivel registrado en enero, mientras que la variación interanual se ubicó en 33,1%.
Entre los rubros que registraron mayores aumentos se destacan:
- vivienda y servicios públicos
- alimentos y bebidas
- combustibles y energía.
Diferencias con el diagnóstico oficial
Las proyecciones del banco contrastan parcialmente con la visión del Gobierno nacional.
El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó recientemente que la inflación podría perforar el 1% mensual durante el segundo semestre de 2026.
La diferencia entre ambas perspectivas radica principalmente en el ritmo del proceso de desinflación.
Mientras el Gobierno proyecta una desaceleración más rápida, el informe de JP Morgan plantea un escenario en el que la inflación seguiría bajando, pero a un ritmo más gradual, ubicándose cerca del 1,5% mensual hacia la segunda mitad del año.
Impacto económico de las proyecciones
Las expectativas de inflación juegan un papel clave en la dinámica macroeconómica.
Los informes de bancos internacionales influyen en la percepción de riesgo de inversores y fondos financieros, lo que puede impactar en variables como el financiamiento externo o el costo del crédito.
Si la inflación se mantiene por encima de lo esperado, el Banco Central de la República Argentina podría verse obligado a sostener tasas de interés reales elevadas, lo que limita el crédito y condiciona el proceso de recuperación económica.
Además, una inflación más alta de lo previsto también puede generar presiones sobre el tipo de cambio y sobre las condiciones de financiamiento del país en los mercados internacionales.
Impacto social
En el plano social, una desaceleración inflacionaria más lenta implica que algunos efectos del ajuste económico podrían prolongarse en el tiempo.
Entre los principales impactos se destacan:
- persistencia de la pérdida del poder adquisitivo
- dificultades para recomponer salarios reales
- recuperación más lenta del consumo interno.
En este contexto, el debate económico gira en torno a una cuestión central: si el proceso de estabilización macroeconómica podrá consolidarse sin profundizar los costos sociales derivados del ajuste fiscal y monetario.




