En menos de un mes, la nafta súper acumuló un aumento del 16,2% como consecuencia directa del salto del petróleo internacional tras el ataque a Irán. Mientras YPF aplica una estrategia de micropricing para atenuar los picos, la secretaria de Energía descarta intervenir en los precios y advierte que “meterse en los mercados es matar la gallina de los huevos de oro”. Analistas proyectan nuevos aumentos de hasta 10% en las próximas semanas.
El número que golpea el bolsillo
Cuando comenzó la escalada militar en Medio Oriente con el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, el 28 de febrero de 2026, pocos imaginaron que el impacto llegaría tan rápido a los surtidores argentinos. Menos de un mes después, la nafta súper acumula un aumento del 16,2% en lo que va de marzo, mientras que la premium subió 11,7% y el gasoil común trepó 15,6%.
Los números provienen del último informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-CONICET), uno de los relevamientos más confiables del sector energético local . Según ese registro, al 20 de marzo los precios promedio en la Ciudad de Buenos Aires se ubicaban en:
- Nafta súper: $1.857 por litro
- Nafta premium: $2.011 por litro
- Gasoil común: $1.891 por litro
- Gasoil premium: $2.098 por litro
El salto fue abrupto. Hasta finales de febrero, antes del inicio del conflicto, los precios de los combustibles en Argentina mostraban una estabilidad sostenida, con variaciones mínimas cercanas al 0,09% entre diciembre y febrero . El estallido bélico cambió por completo el escenario.
Las causas del incremento
El aumento responde a una combinación de factores, pero el principal es el shock externo derivado de la guerra. El barril de petróleo Brent, referencia para el mercado argentino, cerró el 27 de febrero en 73,20 dólares. Al día siguiente comenzaron los bombardeos y el crudo inició una escalada que lo llevó a superar los 118 dólares en los primeros días de marzo.
Si bien luego retrocedió parcialmente hasta ubicarse en torno a los 100 dólares, el salto acumulado desde el inicio del conflicto ronda el 50% . La causa inmediata de esta disrupción es el bloqueo selectivo del Estrecho de Ormuz, por donde fluye aproximadamente el 20% del petróleo que consume el planeta. Aseguradoras y navieras no están dispuestas a correr el riesgo de navegar en la zona durante el conflicto, lo que generó una contracción de la oferta global.
Pero no solo el crudo internacional explica la suba. El Gobierno nacional, a través del Decreto 116/2026 publicado en el Boletín Oficial, dispuso un aumento limitado de los impuestos a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC) que comenzó a regir el 1 de marzo . Según la normativa, las naftas tuvieron un incremento de $17,385 por litro en el ICL y de $1,065 por litro en el IDC. Para el gasoil, la suba fue de $14,884 por litro en el ICL y $1,696 por litro en el IDC.
El decreto, firmado por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Economía Luis Caputo, postergó parcialmente el aumento total que originalmente estaba previsto, con el objetivo de “evitar un impacto brusco en los precios” . El incremento remanente se trasladará para abril.
La guerra en Medio Oriente como acelerador
El conflicto en el Golfo Pérsico opera como el principal acelerador de este proceso. La consultora EcoGo, que elabora un índice de alta frecuencia sobre precios de combustibles, detectó que el 27 de febrero el indicador se mantenía estable. A partir del 28, con el inicio de los bombardeos, comenzó una escalada que en menos de dos semanas acumuló un 6% de aumento.
Un informe de la misma consultora señala que “el shock externo elevó el precio del petróleo hasta niveles de US$104 por barril, después de haber tocado US$118, acumulando una suba de alrededor del 50% desde el inicio del conflicto, lo que presiona el costo de refinación local y el precio final en surtidor”.
El dato más relevante, sin embargo, es que los aumentos registrados hasta ahora no reflejan completamente el impacto del salto del crudo. Según el IIEP, el margen de refinación (crack spread) cayó desde US$59 por barril en diciembre de 2025 a US$40,5 en la actualidad, una baja cercana al 30% . Esto significa que la industria ha venido absorbiendo parte del shock externo para evitar un traslado pleno a los consumidores.
Pero ese mecanismo tiene un límite. “La industria utilizó el margen de refinación como buffer para contener los precios, pero si el petróleo se mantiene por encima de los US$100, la presión se va a trasladar gradualmente al consumidor”, advierten los analistas del IIEP.
¿Seguirán subiendo?
La proyección de nuevos aumentos es casi unánime entre las consultoras y los especialistas. De acuerdo con el último informe del IIEP, “los precios de los combustibles podrían registrar nuevos incrementos en torno al 10% en las próximas semanas, especialmente si el conflicto internacional se prolonga y sostiene elevados los precios del crudo”.
El propio CEO de YPF, Horacio Marín, anticipó la continuidad de los ajustes, aunque con un tono de cautela. “La nafta va aumentando muy poco, pero va aumentando”, afirmó en declaraciones al programa “Pulso financiero”. Y fue más explícito: “Vamos a ser honestos: si tenés que cargar nafta mañana, cargá hoy. Si vos creés que las cosas van a ir aumentando, cargá antes”.
Marín explicó que YPF aplica una estrategia de micropricing basada en promedios móviles para analizar la evolución de los costos y amortiguar los picos de subas o bajas. “Buscamos dar mayor previsibilidad a los consumidores y mantener precios más estables. Trabajamos con una estrategia de micropricing para ir analizando los precios día a día, semana a semana y mediante el sistema de moving average podremos atenuar picos de aumento y bajas”, precisó.
En la misma línea, desde la compañía afirmaron que “YPF no va a generar cimbronazos en los precios de los combustibles”
El impacto en la inflación
El aumento de los combustibles no se queda en los surtidores. Se traslada a toda la economía. Según datos de la consultora Eco Go, los combustibles tienen una ponderación del 3,8% dentro del índice de precios al consumidor (IPC), por lo que cada aumento del 10% en el ticket suma alrededor de 0,38 puntos porcentuales a la inflación mensual.
Pero el efecto no se limita a ese componente directo. El encarecimiento de los combustibles impacta en los costos de transporte y logística, que a su vez se trasladan a los alimentos y al resto de los bienes de consumo. Los analistas estiman que los combustibles podrían sumar hasta un punto porcentual al índice de precios mensual en marzo y abril.
El dato oficial de inflación de febrero aún no fue publicado. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectó una suba del 2,7% para ese mes . La inflación de enero, en tanto, había sido del 2,9%.
Con los combustibles aumentando más de 16% en marzo, la proyección para el IPC de este mes ya se encuentra bajo fuerte presión al alza. El impacto final se conocerá cuando el INDEC publique el dato oficial.
La respuesta del Gobierno
Frente a este escenario, el Gobierno nacional ha optado por una estrategia de no intervención en los precios. La secretaria de Energía, María Tettamanti, fue categórica al respecto: “Meterse en los mercados a regular precios o prohibir exportaciones es matar la gallina de los huevos de oro y nosotros no lo vamos a hacer. Es un fenómeno transitorio”.
La funcionaria también remarcó que intervenir en los precios o restringir exportaciones podría afectar la producción y desalentar inversiones, en un momento en que el país busca consolidar el crecimiento de Vaca Muerta. “La Argentina tiene que aprovechar su potencial energético. No hay que asustarse por los movimientos del mercado, sino gestionarlos, y eso le corresponde al sector privado”, afirmó.
La apuesta oficial es que el superávit energético, impulsado por la producción no convencional de Vaca Muerta, compense el impacto. Según un especialista consultado por Forbes, “la guerra te va a aumentar el superávit energético a 12.000 millones de dólares, cuando en 2022 por la guerra en Ucrania tuviste déficit por 4.500 millones”.
En la misma línea, la vocera del FMI, Julie Kozack, destacó que la Argentina resistió relativamente bien hasta ahora el shock internacional sobre el precio del petróleo, dado que recientemente se convirtió en un exportador neto de energía. La funcionaria del organismo multilateral subrayó que la posición del país es opuesta a la de 2022, cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania, ya que en aquel momento la Argentina importaba hidrocarburos.
El impacto en las expectativas del Gobierno
El aumento de los combustibles llega en un momento delicado para la estrategia económica oficial. El gobierno de Javier Milei había construido su narrativa en torno a la desinflación como uno de los ejes centrales de su gestión. La inflación de enero (2,9%) y las proyecciones para febrero (2,7%) mostraban una senda descendente que el shock externo amenaza con revertir.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, había celebrado en febrero que “la inflación sigue bajando” y que “la Argentina está en el camino correcto”. La irrupción del conflicto en Medio Oriente puso en jaque ese pronóstico.
Las declaraciones del CEO de YPF, Horacio Marín, también generaron controversia. Su recomendación de cargar nafta “hoy” ante la previsión de nuevos aumentos fue interpretada por algunos sectores como un mensaje que contradice la estrategia oficial de anclaje de expectativas.
En el plano fiscal, el Gobierno también enfrenta una disyuntiva. Por un lado, los mayores precios del petróleo mejoran los ingresos por retenciones a las exportaciones y el superávit energético. Por otro, la no intervención en los precios internos transfiere el costo del ajuste directamente a los consumidores, en un contexto de caída del poder adquisitivo.
Las ventas de combustibles acumulan 14 meses consecutivos de caída, lo que refleja el deterioro del consumo y limita el margen de maniobra de las empresas para aplicar subas bruscas.




