El martes 31 de marzo, el INDEC publicó los datos de pobreza correspondientes al segundo semestre de 2025: 28,2% de la población bajo la línea de pobreza, 9,9 puntos menos que un año atrás. El gobierno nacional celebró el dato como una victoria de su política económica, y el ministro Luis Caputo aseguró que la pobreza se encuentra “en el nivel más bajo de los últimos siete años”.
Pero detrás de los números oficiales se esconde una realidad que los propios especialistas advierten: la mejora estadística no se traduce en bienestar real. El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), Agustín Salvia, fue categórico: “Hay una paradoja entre la estadística de la pobreza y la capacidad de consumo”.
Mientras el INDEC muestra una mejora, el 83,5% de los trabajadores formales enfrenta privaciones alimentarias, el 61,1% se saltea comidas por falta de recursos y el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos. El informe del CEPA, por su parte, cuestiona la metodología oficial: la Canasta Básica Total (CBT) subestima el peso de los gastos no alimentarios, permitiendo que hogares con ingresos estancados aparezcan estadísticamente por encima del umbral de pobreza.
El dato oficial
El martes 31 de marzo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó los resultados de la medición de pobreza correspondiente al segundo semestre de 2025. El dato fue recibido con entusiasmo por el gobierno nacional: la pobreza se ubicó en el 28,2% de la población, lo que representa una caída de 9,9 puntos porcentuales interanuales. La indigencia, por su parte, se redujo al 6,3%, 1,9 puntos menos que un año atrás.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el dato en su presentación en la Bolsa de Comercio de Rosario el miércoles 1 de abril. “La pobreza está en el nivel más bajo de los últimos siete años”, afirmó el funcionario, que también aseguró que “12 de los 16 sectores que integran el PBI muestran crecimiento” y que “el consumo privado, las exportaciones y la cosecha están en niveles récord”.
El presidente Javier Milei, por su parte, utilizó sus redes sociales para celebrar el dato, enmarcándolo en su política de “déficit cero” y ajuste fiscal. La narrativa oficial es clara: el modelo económico está dando resultados, la pobreza cae, y la recuperación está en marcha.
La metodología del INDEC
Pero el dato que el gobierno celebra tiene una letra chica que los especialistas conocen bien. La medición de la pobreza del INDEC se basa en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y compara los ingresos de los hogares con el valor de la Canasta Básica Total (CBT) , que a su vez se construye a partir de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) más un coeficiente que estima los gastos no alimentarios.
El problema, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicado en diciembre de 2025, es que la CBT subestima el peso real de los gastos no alimentarios. “La Canasta Básica Total utilizada para medir la pobreza subestima el peso de los gastos no alimentarios, especialmente servicios y transporte, debido a que se basa en estructuras de gasto desactualizadas”, señala el documento.
El informe del CEPA detalla que la Canasta Básica Alimentaria representa actualmente el 45% de la CBT, un valor “muy superior al observado en encuestas más recientes”. Esto implica que la línea de pobreza queda artificialmente baja, lo que permite que hogares con ingresos estancados aparezcan estadísticamente por encima del umbral, aun cuando enfrentan fuertes aumentos en tarifas y servicios.
El propio director del ODSA-UCA, Agustín Salvia, reconoció esta tensión. “Buena parte del ingreso hoy se destina a pagar tarifas. Son servicios que antes también se tenían, pero ahora se pagan más caros”, explicó. Como consecuencia, el ingreso disponible para otros consumos se reduce, generando una percepción contradictoria: “La gente te dice: ‘Estoy más pobre, no menos pobre que antes’”.
El otro factor
Salvia también mencionó otros dos factores que explican la caída estadística de la pobreza, más allá de una mejora real en el bienestar.
En primer lugar, la caída demográfica. “Los hogares son más chicos, hay menos niños y menos bocas que alimentar dentro de un mismo ingreso”, describió, aclarando que se trata de una tendencia de largo plazo.
En segundo lugar, cambios en la captación de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares. El informe del CEPA es contundente al respecto: “La evolución del salario de los trabajadores no registrados, que según los datos del INDEC mostró un aumento real del 27,2% entre diciembre de 2023 y mayo de 2025, se vincula a modificaciones en la EPH que comenzaron a captar con mayor precisión ingresos no laborales previamente subregistrados, como programas sociales, pensiones no contributivas o transferencias”.
El informe aclara que “esta mejora en la captación estadística no implica necesariamente una mejora real del bienestar, pero sí eleva el ingreso medido, afectando la comparación con series históricas”.
La otra pobreza
Si el INDEC dice que la pobreza bajó, pero la realidad cotidiana de los argentinos parece decir otra cosa, ¿cuál es la verdad? La respuesta está en los datos que el gobierno no menciona.
Según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, publicado en marzo de 2026, solo el 16,5% de los trabajadores formales está libre de privaciones alimentarias. El 83,5% restante enfrenta algún tipo de vulnerabilidad alimentaria: el 61,1% admite haberse saltado alguna comida durante la jornada laboral por falta de recursos; el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos; el 24,6% ha incorporado la elección de alimentos de baja calidad como un hábito.
El informe también reveló que el 46% de la población continúa atravesando condiciones de vulnerabilidad económica y social, lo que implica que “casi una de cada dos personas enfrenta dificultades para sostener niveles estables de ingresos o condiciones adecuadas de vida”.
En términos concretos, esto significa que el 43% de los argentinos considera que su situación económica actual es peor que la de años anteriores. Y el pesimismo es aún mayor en los sectores más vulnerables: en el nivel socioeconómico muy bajo, el 49,1% espera que 2026 sea peor para el país.
El estrés económico
Uno de los conceptos centrales del informe de la UCA es la noción de “estrés económico”, una categoría que busca capturar la experiencia subjetiva y cotidiana de los hogares argentinos. Los resultados son alarmantes: el 46% de la población manifiesta vivir bajo condiciones de estrés económico, lo que significa que, independientemente de si sus ingresos los sitúan técnicamente por encima de la línea de pobreza, perciben una incapacidad real para cubrir sus necesidades básicas.
El documento deja claro que “la estructura social muestra una recuperación estadística de la pobreza, pero sobre una base metodológica frágil y sin mejoras equivalentes en consumo, bienestar ni capital humano”.
Esta situación se traduce en privaciones concretas:
- Salud: el 32,6% de los hogares presenta algún tipo de privación en el acceso a recursos sanitarios, incluyendo la imposibilidad de pagar medicamentos y el colapso en la atención del sistema público.
- Vivienda: el 55,3% de las unidades domésticas manifestó la imposibilidad total de realizar arreglos o mejoras necesarias en su infraestructura.
- Infancia: el 40% de los adolescentes de entre 13 y 17 años vive en hogares con privaciones múltiples que van más allá del dinero: falta de acceso a servicios básicos, hacinamiento y exclusión digital.
La voz de los especialistas
Agustín Salvia, el principal especialista en pobreza del país, no niega que haya habido una mejora. “Hay una mejora en la situación económico-social de la gente” tanto respecto del año pasado como en relación con el peor momento del último semestre de 2023, reconoció. Pero esa mejora tiene límites.
“No hemos llegado a niveles como los de 2015, cuando la pobreza se ubicaba en torno al 28%–29%, ni tampoco a los alcanzados en 2018”, advirtió. Y en términos de capacidad de consumo, la situación es aún más crítica: “Estamos llegando a una situación pospandemia. Es decir, estamos mucho mejor, pero estamos tan mal como cuando salimos de la pandemia, en un momento de recuperación”.
Salvia también advirtió que la tendencia podría estar revirtiéndose. En cuanto a la evolución reciente, señaló que el tercer trimestre mostraba niveles de pobreza de “26% o casi 27%”, mientras que en el cuarto trimestre se elevó a “29,5%”. Para el primer trimestre del año, indicó que la tendencia “es como si se hubiese revertido la caída, se hubiese estabilizado y estuviese aumentando”.
El factor estructural, sin embargo, sigue siendo el mismo. “La pobreza estructural argentina pone un límite porque no hay buenos empleos, porque los empleos están precarizados, porque no se está creando empleo y porque las remuneraciones del sector privado formal no están creciendo significativamente”, concluyó Salvia.
El impacto económico y social
La brecha entre los datos oficiales y la realidad cotidiana tiene consecuencias concretas. La primera es que el descontento social no se disipa con una estadística favorable. El 46% de la población en situación de estrés económico es una bomba de tiempo social.
La segunda es que el consumo no repunta. Si el 83,5% de los trabajadores formales enfrenta privaciones alimentarias, difícilmente puedan destinar recursos a otros rubros. La retracción del consumo masivo, que según los datos del INDEC lleva meses sin recuperarse, es la consecuencia directa de esta situación.
La tercera es que la desigualdad se profundiza. El informe de la UCA describe una pirámide social muy marcada: apenas el 3% de los hogares pertenece al estrato más alto, con ingresos superiores a los 30 millones de pesos mensuales. En el extremo opuesto, alrededor del 10% de la población se ubica en situación de pobreza extrema, con ingresos familiares por debajo de los 800 mil pesos mensuales. Entre ambos extremos se extiende un amplio sector medio fragmentado, con un 20% de hogares clasificados como “medio-bajos vulnerables”, con ingresos entre 2 y 3,5 millones, que enfrentan mayores dificultades para sostener su nivel de consumo.




