YPF anunció la suspensión de los aumentos en los combustibles por 45 días, tras semanas de subas por la guerra en Medio Oriente. La medida se da en un contexto de caída del Brent por debajo de los US$100. El gobierno desmintió cualquier instrucción y reiteró su postura de no intervenir en los precios.
YPF anunció la suspensión de los aumentos en los combustibles por 45 días, tras semanas de subas por la guerra en Medio Oriente. La medida se da en un contexto de caída del Brent por debajo de los US$100. El gobierno desmintió cualquier instrucción y reiteró su postura de no intervenir en los precios.

La petrolera estatal YPF anunció la suspensión de los incrementos en el precio de los combustibles por un período de 45 días, una decisión que interrumpe la seguidilla de aumentos semanales que se venían registrando desde el inicio de la guerra en Medio Oriente.

La medida, que según fuentes de la compañía responde a una estrategia comercial para “dar previsibilidad” a los consumidores, se produce en un contexto de caída del barril de petróleo Brent por debajo de los US$ 100 por primera vez desde el 28 de febrero. Sin embargo, desde el gobierno nacional desmintieron cualquier instrucción en ese sentido, y el ministro de Economía, Luis Caputo, reiteró su postura de no intervenir en los precios.

La decisión de YPF genera expectativas sobre una posible baja de los combustibles en las próximas semanas, aunque los especialistas advierten que, incluso con el petróleo en descenso, el precio en los surtidores argentinos difícilmente se reducirá debido a la política de “paridad de exportación” y la presión fiscal.

El anuncio

El miércoles 1 de abril, YPF comunicó a sus estaciones de servicio y a los mercados una decisión que interrumpe la dinámica que había caracterizado a las cinco semanas de guerra: la petrolera estatal suspenderá los aumentos en el precio de los combustibles por un período de 45 días.

La medida se produce después de semanas de incrementos sostenidos. Desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero, la nafta súper acumuló un aumento del 30,5% en algunas regiones del país, llegando a superar los $2.000 por litro en provincias como Jujuy. En la Ciudad de Buenos Aires, el precio de la nafta súper trepó de $1.577 a principios de año a niveles que en marzo superaron los $1.900.

La decisión de YPF fue interpretada por el mercado como una señal de que la petrolera busca estabilizar los precios después de un mes de fuertes subas. Según fuentes de la compañía citadas por medios especializados, la estrategia responde a una política de “micropricing” basada en promedios móviles para analizar la evolución de los costos y amortiguar los picos de aumentos o bajas.

El factor externo

El anuncio de YPF no es casual. Se produce en un contexto de caída del precio internacional del petróleo, que el martes 31 de marzo perforó por primera vez desde el inicio de la guerra la barrera de los US$ 100 por barril. El Brent, que había llegado a cotizar por encima de los US$ 120 en los momentos más álgidos del conflicto, se negociaba este miércoles en torno a los US$ 98,65.

La caída del crudo respondió a las expectativas de que la guerra en Medio Oriente podría estar acercándose a su fin, luego de que el presidente Donald Trump anunciara que las fuerzas estadounidenses abandonarán Irán en “dos o tres semanas, con o sin acuerdo”. El mercado energético, que había incorporado un importante premio por riesgo geopolítico, comenzó a descontar una desescalada.

Sin embargo, la baja del petróleo internacional no se traduce automáticamente en una reducción de los precios en los surtidores argentinos. Como explicó el especialista en energía Pedro Cascales, “en Argentina más del 90% del transporte de carga es por camión, y los costos logísticos tienen un componente impositivo que no varía con el precio del crudo”. Además, la política de “paridad de exportación” que aplica el gobierno nacional mantiene los precios internos alineados con los valores internacionales, lo que significa que, mientras el petróleo se exporte a precios internacionales, el mercado interno paga ese mismo valor.

La posición del gobierno

El gobierno nacional fue categórico al ser consultado sobre la medida de YPF. El ministro de Economía, Luis Caputo, reiteró que la administración de Javier Milei no interviene en la fijación de precios de los combustibles.

En declaraciones realizadas esta semana en la Bolsa de Comercio de Rosario, Caputo fue explícito: “Meterse en los mercados a regular precios o prohibir exportaciones es matar la gallina de los huevos de oro”. El ministro reafirmó que la estrategia oficial es la no intervención y que el sector privado debe gestionar sus propias políticas comerciales.

Desde la secretaría de Energía, a cargo de María Tettamanti, también se desmintió cualquier tipo de instrucción a la petrolera estatal. Según fuentes oficiales, la decisión de congelar los precios fue adoptada unilateralmente por la compañía, sin coordinación con el Poder Ejecutivo.

Esta postura contrasta con la de otros países de la región. En Brasil, el gobierno de Lula da Silva lanzó un paquete de R$ 30.000 millones para contener la suba del diésel, con subsidios directos y un impuesto del 12% a las exportaciones de petróleo. En Argentina, en cambio, la apuesta oficial es que el superávit energético compense el impacto social del aumento de los combustibles.

La estrategia de YPF

El presidente de YPF, Horacio Marín, había anticipado semanas atrás que la compañía aplicaría una estrategia de “micropricing” para analizar la evolución de los costos y amortiguar los picos de subas o bajas. “Buscamos dar mayor previsibilidad a los consumidores y mantener precios más estables”, había declarado Marín en una entrevista radial.

La suspensión de los aumentos por 45 días se inscribe en esa estrategia. Según fuentes de la compañía, la decisión busca “generar un respiro” a los consumidores después de un mes de incrementos semanales que llevaron los precios a niveles récord. La petrolera también busca evitar que la volatilidad del mercado internacional se traslade directamente a los surtidores, generando una mayor previsibilidad para los usuarios.

Sin embargo, la medida no implica una reducción de los precios. El congelamiento opera sobre los valores actuales, que ya reflejan los aumentos acumulados desde el inicio de la guerra. En la práctica, la nafta seguirá cotizando en torno a los $1.900 en la Ciudad de Buenos Aires y superando los $2.000 en provincias del norte.

¿Puede bajar el combustible en Argentina?

La caída del petróleo por debajo de los US$ 100 abre la pregunta sobre si los precios de los combustibles podrían reducirse en las próximas semanas. Los especialistas son escépticos.

El principal obstáculo es la paridad de exportación. Argentina, que se convirtió en exportador neto de energía en 2025, vende su crudo a precios internacionales. Si el mercado interno pagara menos que el de exportación, las petroleras preferirían destinar sus barriles al exterior, generando desabastecimiento local. Como explicó el economista Martín Kalos, “mientras Argentina exporte petróleo, el precio interno no puede desacoplarse demasiado del internacional sin generar distorsiones”.

El segundo factor es la presión fiscal. El Decreto 116/2026, publicado en el Boletín Oficial en febrero, dispuso un nuevo aumento de los impuestos a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC). Para las naftas, la suba fue de $17,385 por litro en el ICL y de $1,065 por litro en el IDC. Estos tributos, que se actualizan periódicamente, representan un piso que mantiene elevados los precios incluso cuando el crudo baja.

El tercer factor es la estructura de costos. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), el margen de refinación (crack spread) en Argentina cayó de US$ 59 por barril en diciembre a US$ 40,5 en marzo, una baja del 30%. Esto significa que las petroleras ya están absorbiendo parte del shock para evitar un traslado pleno a los consumidores, pero ese mecanismo tiene un límite.

El riesgo de desabastecimiento

La suspensión de los aumentos por 45 días no genera, en principio, riesgos de desabastecimiento. YPF aseguró que las refinerías operan con normalidad y que los niveles de stock son adecuados para cubrir la demanda.

Sin embargo, los analistas advierten que si el congelamiento se extiende más allá de los 45 días y el precio internacional del petróleo vuelve a subir, podría generarse una situación de desabastecimiento. Como explicó Pedro Cascales, presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado, “si las petroleras venden más barato de lo que pueden exportar, van a preferir destinar su producción al exterior”.

El gobierno nacional ya había advertido en ocasiones anteriores que no intervendrá en los precios para evitar este tipo de distorsiones. La secretaria de Energía, María Tettamanti, fue categórica: “Meterse en los mercados a regular precios o prohibir exportaciones es matar la gallina de los huevos de oro”. En ese marco, la decisión de YPF es una apuesta comercial, no una política de Estado.

El impacto económico y social

La suspensión de los aumentos por 45 días representa un alivio para los consumidores, especialmente para los sectores más vulnerables que destinan una parte creciente de sus ingresos al transporte. Sin embargo, el congelamiento opera sobre precios que ya están en niveles récord, por lo que no revierte la pérdida de poder adquisitivo acumulada en el último mes.

Según datos del INDEC, los combustibles tienen una ponderación del 3,8% dentro del índice de precios al consumidor (IPC). Cada aumento del 10% en el ticket suma alrededor de 0,38 puntos porcentuales a la inflación mensual. La seguidilla de aumentos de marzo podría haber sumado hasta un punto porcentual a la inflación de ese mes, que según las consultoras privadas se ubicará entre el 3% y el 3,5%.

La decisión de YPF de congelar los precios podría contribuir a desacelerar la inflación en abril, aunque el efecto será limitado si otros rubros, como los alimentos, continúan subiendo. La consultora LCG reportó que en la segunda semana de marzo los alimentos subieron 1,1% semanal, con las carnes y los lácteos explicando el 75% de la inflación semanal.

Para las familias argentinas, el congelamiento de las naftas es una buena noticia en medio de un contexto económico que sigue siendo adverso. Pero el alivio es parcial: los precios de los alimentos siguen subiendo, los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo (llevan cinco meses de caída real), y la inflación de marzo ya golpeó con fuerza.

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